Como pintura derramada, la Ciudad de México no deja de crecer por las orillas. Ante la saturación, la urbe se ha visto obligada a expandirse hacia la periferia, y como ejemplo está el Estado de México, que de 1996 a la fecha ha sumado 33 municipios a la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), la más grande de las 59 áreas metropolitanas que existen dentro del territorio nacional.

De no abordarse de manera adecuada, este crecimiento podría representar problemas de gobernabilidad en diferentes niveles, además de repercutir de forma muy notoria en la calidad de vida de quienes viven en estas zonas. Asentamientos informales, falta de conectividad y de transporte adecuado, inundaciones, entre otras cuestiones que dejarían en situación de vulnerabilidad a los habitantes.

Por si esto fuera poco, se estima que los costos de introducción de servicios públicos en asentamientos no planeados es 2.7 veces mayor, repercutiendo en la competitividad económica.

Con miras a entender mejor el panorama urbanístico al que nos enfrentaremos los habitantes de la Megalópolis, en Propiedades.com hicimos una proyección del parque habitacional de la ZMVM hasta el 2030. En la Ciudad de México la vivienda crece aproximadamente en 1 millón 166 mil viviendas, alcanzando los 3 millones 561 mil viviendas. Por su parte, el estimado arrojó que en el Estado de México la vivienda crecerá 1 millón 500 mil unidades, con la expectativa de que para el 2030 el número de viviendas en la entidad rebase los 6 millones.

Ante este panorama, la metrópoli debe enfocarse desde un punto de vista integral y con una coordinación entre los gobiernos de las zonas que abarca la ZMVM. Actualmente vemos que en términos de vivienda, al menos en el centro, se está dando un salto a un enfoque de vivienda vertical y vivienda compacta, lo que aumenta la densidad, pero también es muy importante implementar políticas derivadas en materia de transporte y movilidad.

La Ciudad de México es ya una metrópoli altamente congestionada y lleva 25 años expulsando población, con importantes problemas medioambientales, de tráfico y seguridad. Por poner un ejemplo, la velocidad de traslado en la urbe es cada vez más baja y circula en torno de los 16-20 km/h, que es aproximadamente la velocidad a la que nos transportábamos a principios del siglo XX, previo a la entrada del automóvil.

Para evitar repetir esta situación, lo primero que se debe lograr es un diagnóstico coordinado entre los diferentes gobiernos, una claridad y consenso de qué tipo de ciudad queremos.

También es importante orientar estos nuevos proyectos de ciudad hacia el uso de ecotecnologías, incentivando a los beneficiarios de crédito del impacto positivo de estas tecnologías tanto en el medio ambiente como en su costo a largo plazo.

Lo ideal, más allá de planear sólo los aspectos de construcción inmobiliaria, sería una visión que contemple a la gran ciudad como una entidad compuesta por centros económicos en la periferia e implementar así la infraestructura correspondiente. Los beneficios serían reducir la población flotante, fortalecer la competitividad y el empleo, pero sobre todo mejorar la calidad de vida de los nuevos habitantes de la zona metropolitana.

 

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