Asomarse al espejo, o al reflejo del agua, es uno de nuestros grandes retos emocionales como individuos. Una mirada significa aceptarnos, la imagen nos revela y desnuda. Nos enfrenta a nosotros mismos, pone nuestros problemas, complejos y físico en primer plano. Narciso enloqueció al verse, prendado eternamente de su belleza. De la idea que encontró de sí mismo en su rostro refractado.

El nuevo trabajo de Jordan Peele, después del sorpresivo éxito de ¡Huye! (Get Out!, 2017), funciona bajo una línea similar, aunque menos anclada en lo individual. Una familia de clase acomodada se adivina por su casa de verano, se dispone a pasar unas vacaciones junto a un bello lago y la compañía de unos amigos. La visita nocturna de unos desconocidos, ataviados como presos al grito de “We’re America”, despierta un viejo trauma en Adelaide (Lupita Nyong’o), la madre del grupo recién llegado, quienes ahora deberán luchar para sobrevivir.

Peele ha demostrado en los últimos años ser fanático del cine de género y sus derivados, ahí están como muestra su poco visto (porque está en YouTube) remake de La dimensión desconocida –de la que Nosotros bebe más de una copa– junto a su participación en el documental Horror Noire (2019), donde se aborda la historia del cine afroamericano de terror y la manera en que éste ha retratado a la comunidad a través de los años –spoiler: no muy bien–.

La oportuna más que elocuente ¡Huye! fue el primer intento de Peele de llevar a su comunidad al primer plano. No era nada novedosa, pero su intención era otra: la propuesta no era crear una revolución, sino emparejar un poco la balanza histórica y, de paso, pegarle un par de batazos a la nostalgia obamista de Estados Unidos –”si pudiera, votaría una tercera vez por Obama”–.

En Us, Peele procede a armar su relato con la precisión de un escopetazo. Sus intenciones son más abrumadoras que sutiles. La película muestra pronto sus influencias y a dónde va –en una de las primeras tomas se aprecia un VHS de C.H.U.D., por ejemplo, una cinta de bajo presupuesto donde unas criaturas emergen de los túneles del metro neoyorkino para terror de los habitantes de la superficie–. Por eso no es extraño que el cóctel incluya por igual guiños a trabajos como Funny Games (1997), La última casa a la izquierda (The Last House On The Left, 1972) o Breeders (1986), ésta también ambientada en el subterráneo de Nueva York y con unos entes llenos de deseo sexual.

La primera parte de Nosotros apunta de manera más clara a la idea del espejo. En su niñez, Adelaide se asomó a uno y esa experiencia la marcó de por vida, en apariencia. Sin embargo, ese enfrentamiento entre el individuo y lo más profundo de su ser se va desdibujando conforme la película avanza. El fenómeno que acosa a los protagonistas no es exclusivo de su comunidad o idiosincrasia. Esto empantana las aparentes ideas político/raciales en pantalla y las posibles lecturas sobre los barrios pobres afroamericanos reaccionando contra las familias negras asimiladas dentro de los círculos de poder blancos de Estados Unidos.

Como muchos artistas, para su segundo disco Peele imaginó una película ambiciosa y llena de ideas, que no termina de funcionar por la abundancia de éstas y muy a pesar de lo invertido en pos de su éxito.

 

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