Por Enrique Hernández y Arturo Solís

La explosión del 20 de abril de este año en la planta Clo­rados III del complejo petroquímico Pajaritos, en Veracruz, representó una caída de 244 millones de dólares (mdd) en el flujo de efectivo de Mexichem.

Pero a pesar de que ya se analiza el futuro de las nuevas instalacio­nes, todavía es necesario deslindar responsabilidades y analizar las repercusiones del incidente, como una posible baja inversión en seguridad, el impacto ambiental generado en la zona y los daños a la cadena productiva.

El accidente –que afectó un área superior a 2,000 m2 y produjo la muerte de 32 trabajadores e hirió a 130– puede ser uno de los siniestros individuales más costosos para la industria de seguros en México. “Estaría entre los 10 más importan­tes que se han pagado de manera individual”, indica Luis Álvarez, director de daños de la Asociación Mexicana de Instituciones de Segu­ros (Amis).

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Pemex, definida por la reforma energética como empresa producti­va del Estado, es socio minoritario en la planta petroquímica y tiene asegurados todos sus activos con una póliza bianual de Mapfre que cuesta 423.3 mdd, pero la respon­sabilidad de la explosión recae en Mexichem, firma que tiene la mayoría accionaria en la empresa que opera la planta, indica informa­ción de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa).

“La empresa que estamos empla­zando es Petroquímica Mexicana de Vinilo (PMV), que es parte del corporativo de Mexichem. Son ellos los responsables”, afirma Arturo Rodríguez Abitia, subprocurador de Inspección Industrial de la Profepa. PMV opera Pajaritos desde septiembre de 2013.

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Mexichem es uno de los princi­pales jugadores en la industria pe­troquímica y de tuberías plásticas, con exportaciones a más de 50 paí­ses y ventas en la primera mitad de este año por 2,689 mdd –una caída de 9% en comparación con los 2,961 mdd del mismo periodo de 2015.

La intención de crear PMV en sociedad con Pemex fue integrar la cadena de PVC, sosa, azufre, etano, etileno, así como los productos intermedios. Era una planta con tecnología madura en procesos industriales muy conocidos, dice Fluvio César Ruiz Alarcón, ex inte­grante del consejo de administra­ción y actual asesor de Pemex.

Mexichem tiene un seguro propio para sus activos, pero no se ha hecho público con quién está contratado en el caso de las instalaciones siniestradas y, por otro lado, el pago está sujeto a que la planta haya recibido el manteni­miento adecuado. La aplicación de la cobertura considera el número de mantenimientos en la planta que realizó Mexichem en un año, señala Ramsés Pech, experto en materia energética y consultor en Caraiva y Asociados.

Forbes México solicitó a Mexi­chem el nombre de las asegurado­ras y el monto de la póliza. Por es­crito respondió que la planta estaba debidamente asegurada, pero que por cuestiones de confidencialidad no podía dar más información. Aña­dió que podrá reclamar la cobertura de las pólizas hasta que concluya el reporte de daños.

Cuando el cliente es un gigante corporativo, el seguro no es parte de un paquete, sino un traje a la me­dida, por lo tanto es fundamental para las aseguradoras conocer cuál es el negocio de la empresa y los riesgos concretos a los que está ex­puesta, afirma Miguel Ángel Peris, director de Desarrollo de Negocio en Mapfre México.

 

Un nuevo vuelo 

El impacto económico de la explo­sión debe ser manejable para el perfil crediticio que tiene Mexi­chem, dada la diversificación de sus operaciones y su amplia flexibilidad financiera, indicó Fitch Ratings, en un reporte difundido el 26 de abril de este año.

A finales de 2015, cuatro meses antes del accidente, Mexichem te­nía reservas de efectivo equivalen­tes a 653 mdd y sus vencimientos de deuda de montos relevantes son hasta 2022, añadió la calificadora.

El grado de daño que sufrieron las instalaciones no ha sido deter­minado, tampoco se ha definido si quedaron total o parcialmente inservibles, para lo cual es preciso establecer el tipo de maquinaria que resultó afectada. Si la pérdida fuera total, reponerla podría costar 2,000 mdd, pues habría que hacer otra planta igual, estima Pech, de Caraiva y Asociados.

Pero aun cuando la pérdida de la planta sea parcial, el asunto no es menor. Si la avería es de más de 60% de la planta, tomará entre uno y dos años reponerla, pues hay que considerar permisos de construc­ción, reparación de daños materia­les y ambientales, expone Pech.

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“La póliza está configurada con el costo de reposición para una nueva instalación en esa región”, reveló Antonio Carrillo, ceo de Mexichem, durante una conferen­cia telefónica con analistas en julio de este año.

Tampoco estaría limitada a construirla en el mismo lugar, pero sí dependerá del dinero que reciban y de la opinión de su socio minori­tario, Pemex. “Podemos construirla en otro lugar”, comenta el directivo.

Mexichem puntualizó a Forbes México que la decisión de construir o reparar la planta se está evaluan­do junto con Pemex, pero que se to­mará cuando terminen los peritajes.

 

Eslabones sueltos

Más allá de la infraestructura, se tiene que considerar la pérdida de dos años de producción de monó­mero cloruro de vinilo (VCM, por sus siglas en inglés), añade Norma Rocío Nahle García, diputada federal de Morena. Para sus pro­ductos finales, Mexichem usa este compuesto producido en la planta de Pajaritos, aunque también lo importa de Estados Unidos, por lo que en estos meses sus importacio­nes son más altas a las usuales.

Esto generó un alza en el precio del cloruro de vinilo, la cual fue asumida en parte por la empresa, y en menor medida por los clientes, indica Aldamir Torres, presidente de la sección de materias primas de la Asociación Nacional de Indus­trias del Plástico (ANIPAC). “La industria química es altamente deficitaria”, añade.

El monómero cloruro de vinilo es un insumo esencial para fabricar mangueras para conducir sangre, mascarillas de oxígeno, los plásticos de las tarjetas de crédito, pelícu­las transparentes para mantener frescos los alimentos, forros de cuadernos escolares y cortinas de baño, entre muchos artículos.

“El único cliente de PMV para el monómero de cloruro de vinilo era Mexichem y durante 2015 el primero surtió al segundo con apro­ximadamente 175,000 toneladas, es decir, el 13% de sus necesidades anuales en Latinoamérica; el resto históricamente ha provenido de otras fuentes de suministro”, lo que permitió cubrir la demanda de VCM para el resto del año a precios competitivos, cita Mexichem.

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Quebranto ambiental

Pero aún falta mucho por ver. Ade­más de la pérdida de vidas humanas y los daños materiales, es preciso determinar el pasivo ambiental (sitios contaminados que no fueron remediados oportunamente) causa­do por la explosión.

El 2 de septiembre, como máximo, Mexichem debió entre­gar un estudio ambiental que mandó a hacer a un laboratorio especializado a solicitud de la Profepa, el cual dimensionará la magnitud del impacto am­biental, detalla Rodríguez Abitia, de la Profepa.

“De acuerdo con la información con la que contamos hoy, no hubo im­pacto relevante en materia ambiental (…) en caso de que se emitan nuevas reco­mendaciones, llevaremos a cabo las obras de remedia­ción que fuesen necesarias”, asegura Mexichem.

Aunque la Profepa descartó de forma preliminar un impacto en el agua del río Coatzacoalcos, no todos coinciden con ese diagnóstico y están en espera de los resultados de suelo y aire.

La organización no guberna­mental (ONG) Greenpeace presentó resultados de muestras de agua y suelo recolectadas el 23 y 24 de abril de este año, en busca de sustancias químicas peligrosas en la zona afectada tras la explosión ocurrida unos días antes.

Detectó 54 químicos orgánicos de la tubería que descarga el com­plejo Pajaritos.

“Se encontraron etanos, etenos y metanos clorados, así como bence­nos clorados. Además, contiene una amplia gama de químicos orgánicos semivolátiles”, citó el organismo ambiental en su reporte Pajaritos, bomba de tóxicos, presentado el 20 de junio de 2016.

El químico predominante es el dicloruro de etileno (EDC, por sus siglas en inglés), sustancia catalogada como posible cancerí­geno por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) y los servicios de salud de Estados Unidos. Las concentra­ciones halladas de EDC superan de 10 a 28 veces los límites que establece Estados Unidos respecto de las aguas resi­duales que vierte el sector de los plásticos.

La sola presencia de EDC en esas cantidades constituye una revelación alarmante del estudio, pues su inhalación o ingestión puede afectar el sistema nervioso central, el hígado, los riñones, los pulmones y el sistema cardiovascular en los seres humanos.

“Además, la produc­ción de EDC comúnmente resulta en la generación de residuos de destilación de tóxicos clorados, que son llamados residuos pesados y se encuentran contaminados con policlorados, dioxinas y furanos.

Lo más grave es que ni Pemex ni Mexichem están obligados a medir y reportar la descarga de estas sus­tancias, expuso en un comunicado Miguel Rivas, responsable del área científica en dicha investigación por parte de Greenpeace México.

De confirmarse que los quími­cos provienen de la explosión sería “gravísimo”, pues Pemex y Mexi­chem habrían expuesto a la pobla­ción y al medio ambiente, indicó la organización.

“Si esos químicos hallados son producto de descargas cotidia­nas que realizan estas empresas podríamos decir que están enve­nenando lentamente a la comu­nidad, tal y como lo denunciamos por primera vez hace 15 años, en 2001”, añadió Miguel Soto, coor­dinador de la campaña de Tóxicos de Greenpeace México, en el sitio oficial de la ONG.

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Durante la inauguración de la planta petroquímica Etileno XXI, el 22 de junio de este año, José Antonio González Anaya, director General de Pemex, negó el posible envenenamiento y reviró que la Profepa tiene un reporte en el cual queda claro que la empresa produc­tiva del estado ha estado trabajando con cuidado y no ha habido descargas de EDC.

Un día después, Greenpeace declaró que Anaya se equivoca, pues hay muestras de agua que lo desmienten y reiteró la veraci­dad de sus análisis en la zona tras la explosión en Clorados III:

“Sería bueno que el direc­tor de Pemex nos compartiera ese ‘informe’ de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) para que lo pudiéramos revisar (si es que existe) y poder contrastarlo con el análisis que realizamos en nuestros laboratorios de investigación en la Universidad de Exeter, Inglaterra”, añadió la organización.

 

¿Por baja de costos?

El accidente llegó justo cuando Pajaritos comenzaba a enderezar la ruta. El complejo petroquí­mico acumuló muchos años con pérdidas, pero en 2015 logró revertir esa tenden­cia y generar una pequeña utilidad, afirma Ruiz Alar­cón, asesor de Pemex.

Detrás del accidente podría estar el combate a los costos. Hubo falta de mantenimiento y abandono de las instalaciones, así como incidentes en la seguridad industrial que provocaron los acci­dentes en Pajaritos, afirma Nahle.

Mexichem redujo más de la mitad el personal de seguridad que trabaja en el complejo petroquí­mico, asegura Torres, de la ANIPAC. “Pemex se manejaba con una nómina y Mexichem, en el afán de hacer mucho más rentable y eficiente el negocio, redujo el personal en muchas áreas. La (falta de) seguridad fue la causante de este problema”, asegura.

La empresa productiva del Estado tiene su propio departa­mento de seguridad industrial, pero Pajaritos no estaba en sus manos, además de que, a raíz de la alian­za, el número de trabajadores de Pemex en el complejo petroquímico bajó de 2,200 a 764. “Falló todo”, plantea Nahle, de Morena.

Lo más probable es que se haya tratado de una reacción química mal vigilada, pues el principal problema que tienen las plantas petroquími­cas es la presión y el calor, explica Pech, de Caraiva y Asociados. En su defensa, Mexichem asegura: “son inexactas las versiones que afirman que PMV redujo la inversión en materia de seguridad sino que por el contrario se encontraba en pleno proceso de mejorar las instalacio­nes y sus condiciones de seguri­dad”. Ahonda en que hasta antes de la explosión se habían invertido más de 130 mdd en las plantas pro­piedad de PMV que se encuentran dentro del Complejo Petroquímico Pajaritos y que anteriormente eran propiedad de Pemex con la finali­dad de que sean de clase mundial.

Para Torres, la empresa pro­ductiva del Estado no está libre de responsabilidad, pues participaba con PMV en el manejo de la planta, aún cuando las administraciones estaban separadas. “Ambos son res­ponsables de la planta”, sentencia.

La Profepa adelantó que hasta el momento se han detectado 11 irregularidades a raíz del acci­dente, cada una con una posible sanción de hasta 3 millones de pesos (mdp). El tipo de sanciones dependerá de criterios como la gravedad del impacto ambiental, la capacidad económica de la em­presa o el carácter negligente que pudo conducir al siniestro, por una mala decisión de la empresa o un mantenimiento deficiente, señala Rodríguez, de la Profepa.

La clave estará en los manteni­mientos realizados por PMV a su planta de Veracruz, la frecuencia anual o si fueron certificados por un tercero, concluye Pech.

 

Nota del editor: Tras la publicación de este reportaje, Petroquímica Mexicana de Vinilo (PMV) solicitó derecho de réplica sobre los siguientes puntos. Reproducimos la versión textual de la empresa.

  • La sociedad entre Pemex y Mexichem, denominada Petroquímica Mexicana de Vinilo (PMV), a la cual Pemex aportó la planta de Etileno, de Monómero de Cloruro de Vinilo (VCM-Clorados III) e instalaciones auxiliares que se encuentran dentro del Complejo Petroquímico Pajaritos, y a la cual Mexichem aportó la planta de Cloro-Sosa y 200 millones de dólares para rehabilitar los activos de PMV dentro del Complejo Petroquímico Pajaritos (Etileno, VCM-Clorados III e instalaciones auxiliares), cuenta con sus propias pólizas de seguro, las cuales cubren dichos activos y no son las pólizas de Pemex bajo las cuales están asegurados dichos activos. Asimismo, es preciso señalar que la compañía operadora de las plantas mencionadas anteriormente es Petroquímica Mexicana de Vinilo, por lo que aseverar que la responsabilidad de la explosión recae en uno u otro socio de PMV es impreciso y parcial, más aún cuando las autoridades ministeriales no han concluido sus investigaciones.
  • En relación al tema ambiental, PMV aclara que: de acuerdo con la información con la que cuenta al día de hoy, no hay indicios de impacto en materia ambiental, sin embargo, es importante precisar que derivado de las revisiones iniciales realizadas al Complejo por las autoridades ambientales, posteriores a la explosión, hemos implementado todas las recomendaciones y, en este contexto, en caso de que en los próximos meses se emitan nuevas recomendaciones, llevaremos a cabo las obras de remediación que fueran necesarias.
  • Mexichem aportó a Petroquímica Mexicana de Vinilo, 200 millones de dólares para la rehabilitación y puesta a punto de las instalaciones de su propiedad dentro del Complejo Petroquímico Pajaritos, de los cuales al momento del accidente, se llevaban invertidos más de 150 millones de dólares, representando esta inversión el 60% del valor de la planta VCM-Clorados III al momento de la coinversión, por lo que es impreciso aseverar que había falta de mantenimiento y abandono de las instalaciones.
  • Es importante recalcar, como ya se ha comentado públicamente, que es incorrecto precisar que a mayor número de trabajadores, las instalaciones son más seguras, de hecho, en el mundo existen instalaciones idénticas en capacidad y tecnología que operan con no más de 200 trabajadores. Asimismo, como ya se mencionó, PMV cuenta con un Consejo de Administración y equipo directivo propio, supervisados por Mexichem y Pemex y sus respectivos equipos como socios de dicha empresa.
  • Finalmente, es importante precisar que, tal y como se ha venido informando, PMV y sus accionistas se encuentran en espera de los resultados de las investigaciones practicadas por las autoridades ministeriales.

 

 

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