La gran mayoría de los ciudadanos vive atemorizada, enojada o decepcionada del gobierno y, por ello, se aleja de él. Incluso, sólo una parte muy pequeña de la población participa en temas relacionados con la administración local, estatal o nacional, lo que ha facilitado que pequeños grupos monopolicen el poder y los espacios de decisión.

Esto ha provocado que no haya contrapesos, evaluación, supervisión y riqueza de ideas en el territorio gubernamental. A lo más que llega la población es a participar con su voto, pero hasta ahí avanza la mayoría; después de esto, o se queja o prefiere cerrar los ojos y enfocarse en sus actividades personales para “no estresarse” por lo que sucede en la política y en el sector público.

Hoy, creo que la solución ya no está en las elecciones, que han ocurrido una y otra vez y nada sucede (el monopolio gubernamental sólo se pasa de manos entre cuates y socios), sino en la participación masiva, no únicamente con el voto, también en cada actividad, cada decisión y cada centavo que se ejerce.

Llegó la hora de que todos los ciudadanos tengan un rol en el destino del país. Lo podemos hacer participando en el comité de la escuela de nuestro hijo o hija, revisando el plan de pavimentación de la calle frente a nuestra casa, evaluando los servicios de salud de nuestra ciudad, proponiendo ideas para mantener en buen estado los parques, armando asociaciones civiles que bajen recursos del gobierno para obra social, analizando el gasto que los funcionarios hacen en nuestra ciudad y publicándolo en redes, volviéndonos activistas sociales para cuidar las áreas verdes y hasta lanzándonos por la vida independiente a algún puesto público.

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Estoy seguro de que, entre más mexicanos y mexicanas participen en el gobierno, habrá más competencia, mayor rendición de cuentas, más eficiencia, mejores ideas y menos corrupción.

Si estás cansado(a) de quejarte de la situación escalofriante que prevalece en nuestro hermoso país, de inseguridad, corrupción, ineficiencia e injusticia, llegó la hora de actuar. “Todos al gobierno” es un grito desesperado para que jóvenes y adultos participen, desde la buena voluntad y con toda responsabilidad en las actividades de la administración pública. Entre más ojos observen lo que ahí sucede y más pidamos cuentas, menos espacios oscuros dejaremos para que los funcionarios hagan lo que quieran con el “poder” público.

Nos quejamos, claro, y tenemos derecho, pero cuál fue la última vez que entregamos propuestas claras a los gobernantes. Celebro a las personas y a las organizaciones que sí lo hacen, cada vez hay más de ellas, pero se requiere todavía más.

Los jóvenes han crecido alejados de la política y es necesario que recobren su interés por participar y que no se desesperen o se cansen si a la primera no les hacen caso o no los toman en cuenta. ¡Debemos de perseverar todos!

Es hora de que todos le entremos al gobierno, que los gobernantes sepan que habrá millones de ojos sobre ellos, miles de manos dispuestas a participar y cientos de grandes ideas en sus escritorios.

En Estados Unidos existe una ley que obliga al ciudadano, si resulta elegido al azar, a fungir como miembro de un jurado en alguna corte. A estas alturas del partido, todos los mexicanos y mexicanas en pleno uso de sus facultades estamos obligados a ser votantes, pero más allá, a participar como supervisores, evaluadores, auditores, activistas, colaboradores, voluntarios, generadores de propuestas y hasta como candidatos.

No dejemos que quienes han monopolizado la toma de decisiones en el sector público sigan sintiéndose blindados y lejos del escrutinio. No caigamos en el conformismo de decir: “Pues no me escuchan”, o “No me dejan participar”. No nos dejemos atemorizar, no dejemos que nos aíslen para que sigan haciendo de las suyas con toda libertad. Los miedosos, los flojos y los apáticos son también corresponsables de la grave situación de nuestro país.

México es la nación de todos, pues todos participemos. Ya vimos que “los pocos” no pudieron, ahora nos toca a “los muchos”.

 

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