Hace unos días, se presentó el Plan de Producción de Hidrocarburos para los próximos seis años. Este proyecto estima aumentar la producción petrolera de barriles por día de un millón 750,000 a 2 millones 400,000 a finales del sexenio además de incrementar la producción de gas en 50%.

Entre las acciones contempladas, se construirán 117 pozos petroleros en dos años, de los cuales 73 serán marítimos y 44 terrestres. De la misma manera, se mejorarán y repararán seis refinerías en el país y se construirá una nueva.

Otros objetivos se enfocan en bajar el costo de las gasolinas, acabar con la corrupción y democratizar el sindicato petrolero, reducir los costos de producción y hacer transparentes los contratos y operaciones de Pemex.

Aunque al parecer no existen argumentos en contra de lo propuesto, desde el punto de vista ecológico, todas estas acciones plantean un reto de dimensiones extraordinarias y desafortunadamente, esto parece omitirse, eludirse o eliminarse de las consideraciones centrales del proyecto.

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La producción de petróleo poluciona el aire, agua y tierra. Por ejemplo, los pozos y refinerías expulsan más de 100 diferentes contaminantes emitidos sin control a la atmósfera; las áreas de depósito de los residuos dañinos prácticamente se convierten en páramos estériles e irrecuperables y en el caso del agua, las consecuencias son todavía peores tanto por el uso irracional de agua y la descarga de sustancias químicas muy peligrosas.

Los efectos negativos se manifiestan adicionalmente en la muerte masiva de especies animales, mamíferos, reptiles, peces, aves, etc. pero los efectos en los seres humanos (documentados por diversas agencias y universidades con investigación sustancial en países desarrollados) han decretado alertas mayores.

Por ejemplo, muchos de las emisiones de las refinerías (amoniaco, metales pesados, sulfuros, fenoles) son dañinos para los humanos y pueden causar problemas respiratorios (como asma, tos, dolor de pecho, asfixia y bronquitis), irritaciones de la piel, náuseas, problemas oculares, dolores de cabeza, defectos de nacimiento, leucemia y diferentes tipos de cáncer.

Por lo tanto, el esfuerzo que debe realizarse para hacer de este un programa innovador, diferente y realmente producto de una transición política exitosa y positiva requiere también de acciones sustanciales en la materia.

El control normativo de la contaminación debe ser estricto, no puede atraerse capital o inversiones a cualquier costo. Al final todas las omisiones se revertirán en contra de la población y los recursos naturales del país.

No fallarle a la gente implica mantener un modelo sustentable de creación de energía con otras fuentes y el control regulativo de los procesos para conservar el medio ambiente. Los costos de producción no pueden reducirse artificialmente permitiendo mayores daños.

Actualmente, existen muchas tecnologías de bajo costo que permiten evitar los efectos negativos de la producción petrolera y que son cruciales para generar incluso mayores recursos, más seguridad y, sobre todo, crear un nuevo modelo de gestión gubernamental y políticas públicas innovador y de primer mundo.

México incluso puede convertirse en un ejemplo en materia de crecimiento petrolero con responsabilidad social y ambiental. Existen muchos procesos de conversión y asimilación de sustancias nocivas, reciclaje, ultrafiltración, remoción y tratamiento que pueden evitar la dispersión de componentes indeseables y contaminantes en la atmosfera, cuerpos de agua y suelos.

Nuestro país cuenta con los científicos, investigadores, emprendedores y empresarios que han puesto su talento al servicio de un desarrollo sustentable y armonioso dispuestos a ser parte del proceso y que fueron segregados por las prácticas corruptas del pasado.

En un esquema de gobierno que privilegia la participación social el llamado es urgente para la sociedad, las organizaciones civiles que tampoco han sido escuchados deben participar, todos los activistas comprometidos, las comunidades y las voluntades por el medio ambiente deben ser también parte.

Nadie se opone al crecimiento e inversión, a los empleos y a la derrama económica, pero es el tiempo de cambiar la cultura y la mentalidad, no se trata de pasarle la factura a otras generaciones, de contaminar, acabar con especies y dejar un mundo inerte, infértil y contaminado.

El futuro quiere aire, agua y tierra limpias; nuevas tecnologías, energía renovable, un crecimiento ordenado, consiente, responsable y sustentable.

 

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