Dicen que para crear un hábito, lo único que necesitamos es fuerza de voluntad. No estoy de acuerdo. Imaginemos por un momento todas las veces que hemos sido perseverantes, que pedimos con todas nuestras fuerzas que las cosas vayan bien y que insistimos e insistimos y le echamos ganas y le invertimos entusiasmo, tiempo y dinero y al final, las cosas no salen como queríamos. ¿Qué pasó? La realidad es cruel, no se trata de perseverancia, se trata de permanecer enfocados en aquello que nos lleva a la meta a partir de hábitos empresariales que sean buenos, tanto para nosotros como individuos como para la empresa o proyecto de emprendimiento.

La sabiduría popular nos dice que somos creaturas de hábitos y en las prisas de la vida, ni cuenta nos damos. Si nos analizamos, nos daremos cuenta de que, por lo general, nos despertamos a la misma hora —hay gente que se despierta segundos antes de que suene la alarma—, nos lavamos los dientes, tomamos café con determinadas características que no variamos en el día a día y al trabajar, seguimos ciertos patrones. Entonces, ¿por qué nos resulta tan complicado transformar esas rutinas en buenos hábitos empresariales?

Es probable que la respuesta no se encuentre en el ámbito de la teoría de gestión de negocios sino en la ciencia del comportamiento. Lo cierto es que, tendemos a crear hábitos en formas inadecuadas. Empezamos con resoluciones extremas como plantearnos ir a hacer ejercicio, bajar de peso, convertirnos en x o y, sin fijar las bases que nos lleven a conseguir lo que queremos con éxito.

Me parece que una buena forma de empezar es haciendo uso de aquello con lo que ya contamos. Es como si nos amarráramos a algo preexistente y lo usáramos para catapultar el resultado que esperamos. ¿Cómo voy a nadar si no tengo alberca?, ¿cómo espero conseguir ciertos resultados específicos si no tengo los elementos necesarios para alcanzarlo? Para muchos de nosotros, la rutina de las mañanas es un patrón muy fuerte de comportamiento. Así que, nos resulta una plataforma magnífica para empezar. Entonces, mientras nos tomamos nuestra primera taza de café del día, podemos empezar a ordenar mentalmente cuáles son los logros que queremos conseguir en el día; mientras nos lavamos los dientes, podemos elevar un pie y practicar equilibrio físico.

Una manera de generar buenos hábitos empresariales es pensar en grande pero dando pasos pequeños. B.J. Fogg, autor del libro “Tiny habits”, sostiene que aquellos que quieren hacer enormes portentos se enfrentan con la necesidad de una gran cantidad de recursos, que generalmente, no se tienen a la mano. Entonces, llega la frustración. En cambio, si empezamos dando pasos pequeñitos, reconociendo y utilizando lo que tenemos a la mano, es más fácil el comienzo. Y, ya encarrilados, podemos ir ganando fuerza y velocidad.

Si bien es cierto que la perseverancia no es lo único que se necesita para generar un hábito saludable —de todo tipo y más en el ámbito de los negocios—, si se trata de un elemento necesario. Hacer nuestras rutinas diarias y completarlas todos los días, contribuye a la construcción de métodos sólidos de gestión y ellos conducen a buenos resultados. Así se cierra un círculo virtuoso, cuando los resultados empiezan a germinar.

Sin embargo, no es ese el final del camino en la formación de buenos hábitos empresariales. Muchas veces, somos nosotros mismos los que nos ponemos obstáculos en el camino. Para ello, las prisas no son buenos compañeros. Tenemos que analizar y llegar a la forma más fácil de hacer las cosas. Debemos ser implacables con aquello que nos estorba para conseguir lo que queremos, por lo tanto, hay que ver qué es aquello que nos estorba, nos ralentiza, nos molesta. Insisto, la sabiduría popular siempre tiene consejos a mano:

  1. Mantén tu área de trabajo limpia.
  2. Deja los materiales que vas a ocupar a la mano.
  3. Ten un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar.
  4. Anota lo que quieres conseguir en el día. Ten claridad en lo que quieres lograr.
  5. Verifica si lo conseguiste o no.
  6. Reflexiona qué fue lo que te llevó a tener los resultados de ese día, sin importar si fueron buenos o malos.
  7. No desestimes las serendipias, más bien úsalas a tu favor.
  8. Corrige lo que no salió bien.
  9. Aplaude los éxitos diarios.

Uno de los escalones más importantes para generar buenos hábitos empresariales es tomarnos el tiempo para evaluar los resultados sin juicios preestablecidos. No podemos dar por hecho las cosas cuando salieron bien. Tendemos a pasar por alto los éxitos y a latiguearnos durísimo para castigarnos cuando las cosas no salieron bien, pero olvidamos las palmadas en la espalda, las frases de motivación, el agradecimiento, hacía los demás y a uno mismo.

Indudablemente, la mejor recompensa y la mayor evidencia de que estamos generando buenos hábitos empresariales se da cuando esto impacta los resultados de la empresa: sea que reducimos los costos, ahorramos en gastos, aumentamos los ingresos, disminuimos los desperdicios, rentabilizamos el tiempo. Al final, como dice Michael Porter, toda actividad empresarial debe impactar y estar focalizada en generar un mayor margen de utilidad.

No está mal generar buenos hábitos empresariales, porque independientemente de lo dicho anteriormente, generarán armonía y un mejor ambiente laboral. Centrar nuestra atención en nosotros mismos y en nuestros equipos de trabajo para analizar nuestras actividades cotidianas y usarlas para generar mejores hábitos empresariales nos traerán métodos de desempeño que nos catapulten a la meta que nos planteamos.

¿Quién diría que los consejos de la abuelita tendrían repercusiones empresariales? Lo mismo aplica para los emprendedores. Cuando buscamos ser un empresario imparables, nos damos cuenta de que no es una tarea fácil. Si así fuera, todo el mundo lo sería. Pero una buena base para empezar son nuestros propios hábitos y los de nuestro equipo de trabajo. Vale la pena reflexionar y, si vamos a pensar en grande, tal vez sea prudente que nuestros pasos sean cortitos y constantes.

 

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