Una muestra de la tecnología altamente especializada en finanzas es la plataforma de Algorithmic Trading, a través de la cual se llevan a cabo operaciones de compra y venta de acciones en los mercados de valores a una velocidad y frecuencia inimaginables para la mente humana.

A principios de 1700, tanto el volumen de títulos como el número de traders era muy pequeño. Con el tiempo, el número de traders fue creciendo; sin embargo, continuaron reuniéndose en pisos de negociación abarrotados hasta 1960 a fin de encontrar una contraparte para llevar a cabo una negociación y cerrar una operación manualmente.

Fue a principios de los setenta que el mercado de valores adoptó sistemas de cotización electrónicos y en los ochenta nacieron los programas de negociación, que cuentan con la capacidad de monitorear grandes volúmenes de transacciones en múltiples mercados, y aplicar una gran cantidad de reglas para seleccionar la mejor opción, dejando a un lado la intuición y conflictos emocionales de los humanos.

Recientemente, la firma Charles Schwab, una importante administradora de fondos de inversión, lanzó su plataforma de asesoría robótica conocida como Intelligent Portfolios. Sólo 6 meses después, la plataforma ya administraba 1.5% del total de su portafolio patrimonial a nivel mundial.

Si las administradoras de fondos para el retiro (Afore), que en abril de 2016 administraban un total de 2.6 millones de millones de pesos, hubieran adoptado una plataforma de asesoría robótica a principios de año y asumiendo que el portafolio administrado por esa plataforma ascendiera sólo al 1.5% del total de los activos administrados, al día de hoy estaríamos hablando de 38,000 millones de pesos administrados por una plataforma de asesoría robótica.

Dados los beneficios potenciales de estas plataformas, en cuanto a rendimiento y eliminación del riesgo de violación de límites de inversión, es difícil pensar que las administradoras de fondos, tanto de inversión como para el retiro, puedan ignorar la existencia de estas plataformas por mucho tiempo.

Sin embargo, para que esto se convierta en una realidad en México las administradoras de fondos deberán superar varios retos, tales como obtener la autorización de las autoridades regulatorias correspondientes y decidir el momento adecuado para embarcarse en este tipo de proyectos.

Esta decisión estratégica tiene grandes implicaciones en términos de costos y beneficios, ya que, por un lado, pueden correr el riesgo de comenzar muy temprano y que los competidores aparezcan con plataformas más sofisticadas en el futuro próximo, o bien, quedarse rezagadas y perder mercado.

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