El hombre ingenuo que es engullido por la criminalidad. La mujer fatal que seduce a su víctima hasta arrastrarlo al infierno. Policías persiguen a ladrones. Crímenes sin respuesta y necesitados de soluciones. Ésas son sólo algunas de las viñetas que componen el libro Mex-Noir, donde el crítico Rafael Aviña explora los años más prolíficos del cine negro mexicano.

El tomo lleno de bellos fotogramas explora las razones y los nombres que hicieron de esa época una de las temporadas más interesantes de nuestro cine. Donde la pluma de varios autores dejo un eco que todavía puede rastrearse hasta nuestros días.

Nos sentamos a charlar con su autor para entender las pulsaciones criminales que mueven a estas películas, a continuación, la plática.

Presentaste el libro por primera vez hace unas semanas en la Feria de Minería…

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¡La sala estaba llena! Fue muy divertido. Honestamente lo disfruté mucho y hubo muchas remembranzas de esa época. Se sentía el gusto de la gente por el cine, por la cinefilia, de eso se trata este libro, a pesar de que aborda el tema de la criminalidad, la cuestión policiaca y las películas noir. Es el cine negro mexicano, sin dejar de ser un libro sobre cinefilia.

Cuando hablas de la época del cine negro mexicano, a qué periodo te refieres.

Propiamente el cine negro mexicano es esencialmente en los años 40 y 50. Aunque el cine policiaco mexicano surge desde que llegaron los enviados de los hermanos Lumiere. Ellos tienen por ahí una película que se llama Un duelo a pistola en el Bosque de Chapultepec de 1896.

El automóvil gris, de 1919, es también una película importantísima. Todas las películas que hizo “El Che” Bor, como Luponini de Chicago. En los años 40 y 50, particularmente, aparecen películas extraordinarias, dirigidas por Julio Bracho, Alejandro Galindo, Roberto Gavaldón, Chano Urueta o, incluso, Juan Bustillo Oro, entre muchos otros.

En su momento, eran películas de corte popular y de explotación, aunque ahora son mostradas de otra forma…

En efecto. Todas eran de barriada, salvo algunos contados casos raros, por ejemplo, las de Gavaldón porque siempre se le consideraba un director de primer nivel. Sus cintas En la palma de tu mano, La noche avanza, La otra, tuvieron una corrida en cines importantes. Quizá pasó también con algunas películas de Galindo.

Sin embargo, el 90% eran totalmente de explotación para cines de segunda o tercera corrida, para los de barriada. Eran películas populares que poco a poco, sobre todo con la revalorización que hicieron los franceses del cine negro estadounidense y que también se hizo en México, se empezó a darles importancia. Se dieron cuenta que estas películas de simple explotación, abarcaban temas fundamentales de la visión que tenemos del Alemanismo, entre el 46 y 52. Se le ha dado mucho glamour a esa época y este cine negro se pasa en el MoMa o se exhibe en Francia, aunque no dejan de ser películas de Serie B la gran mayoría. ¡Hasta de Serie Z!

¿Cuál es tu noir mexicano favorito?

A mí me fascina Cuatro contra el mundo, que es una película con muchos tintes documentales. Es la primera mexicana que habla de la labor científica de la Policía Nacional. Ninguna había tocado ese tema hasta entonces. Incluso hay escenas con fotos de la policía, fotografías reales de crímenes. Eso es rarísimo que suceda.

Otra que también me encanta y toca el mismo tema es El desalmado, de Chano Urueta. La noche avanza es una joya, una obra maestra por la violencia y el cinismo del personaje de Pedro Armendáriz; además de que fue escrita por José Revueltas a partir de un relato de Luis Spota.

Asimismo, En la palma de tu mano, con una visión muy melancólica, cercana a las películas noir estadunidenses. Lo fascinante es todo el contexto mexicano que tiene.

Y esas dos tienen unos títulos increíbles, cosa que le falla seguido al cine mexicano. En otro tema, generalmente cuando se habla de noir sólo se habla del americano, bajo esa sombra cómo se distingue la corriente mexicana.

En efecto, las cintas gringas tienen un peso extraordinario porque, finalmente, ellos fueron los primeros que se dieron cuenta que todos estos relatos, donde había mujeres que llevaban a los hombres a la perdición, hombres que llegaban a momentos de criminalidad.

El cine mexicano también lo toca: las mujeres fatales, las traiciones, el hombre ingenuo, las espirales de violencia. Sin embargo, lo que tiene de novedoso, o el sello mexicano, es el contexto aparente de un momento donde la corrupción policiaca empezaba a ser partícipe de la sociedad y la delincuencia empezó a tomar partido en su desarrollo. Lo vemos ahora, el crimen actual comenzó a gestarse precisamente en esos años.

A diferencia de las películas norteamericanas, que tienen un énfasis particular en la fotografía e imagen (algunas notables como El cartero llama dos veces o Casta de malditos), lo que no tienen esas y sí las mexicanas es la capacidad de que la Ciudad de México sea un protagonista importante.

Incluso hay una cinta como Del brazo por la calle que en sus créditos dice “Marga López, Manolo Fábregas y la Ciudad de México”. Eso da un giro notable porque, de pronto, tú ves el Ángel de la Independencia, el Monumento a la Revolución, la Plaza de la Constitución, el Zócalo, el Hemiciclo a Juárez, ciertos cabarets, adquieren un papel protagónico. En las americanas eso no sucede, es muy raro que encontremos locaciones muy definidas o de lugares de ciudades. Las mexicanas se distinguen inmensamente por sus locaciones.

Este cine negro también hacía una crónica de la modernidad que experimentaba el país, ¿no?

Lo que tienen de interesante esas películas es que se comienzan a dejar atrás las historias de provincia. Historias rurales que poco a poco comenzaron a ser transformadas por la ciudad.

En ese sentido, Alejandro Galindo, Ismael Rodríguez y Gilberto Martínez Solares le dieron un énfasis particular a la ciudad que esas películas mexicanas policiacas aprovecharon y llevaron a locaciones para hacer lucir la ciudad. Por ejemplo, Chano Urueta en El desalmado tiene secuencias muy logradas en Avenida Juárez, el cascarón de la Torre Latino, se aprecia el famoso edificio Nieto (que ahora es un Sears), parte del Hemiciclo a Juárez, la ciudad y su noche se volvieron los grandes protagonistas de estas historias.

 

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