Con gran sorpresa y pesar nos enteramos en este fin de año de la decisión del nuevo gobierno de extinguir al Instituto Nacional del Emprendedor (Inadem). Aunque para muchos era algo de esperarse, a mí me extrañó sobremanera porque dos semanas antes de la elección del 1 de julio, durante un encuentro entre representantes de los candidatos presidenciales y emprendedores, Mario Delgado, en ese entonces integrante del equipo de campaña de Andrés Manuel López Obrador y hoy actual coordinador de Morena en el Senado, aseguró que el Inadem no iba a desaparecer.

La pregunta fue directa de mi parte hacia todos los representantes de los candidatos que nos acompañaron en ese evento: “¿Desaparecerá el Inadem?”. La respuesta fue concreta por parte de ellos: “no desaparecerá”; supongo que sus respuestas fueron más pensadas en no quedar mal con los emprendedores o para ganar más votos.

Por sus respuestas creo que poco sabían de la importancia de seguir fortaleciendo el ecosistema emprendedor. Puedo asegurar, incluso, que más de uno de ellos desconocían que había algo que se llamaba Inadem (algo que ya he comprobado con funcionarios de otras dependencias).

La realidad hoy es que tenemos que despedirnos del Inadem sin importar su desempeño, bueno o malo.

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Sería injusto defenderlo a capa y espada, ya que como muchas dependencias de gobierno estuvo plagado de irregularidades, pero también sería injusto no hablar de lo bueno que tuvo durante su existencia.

Desde mi punto de vista, y por sobre la entrega de apoyos financieros, el Inadem tuvo un papel determinante para consolidar al ecosistema emprendedor mexicano como el más robusto y fuerte de América Latina.

Su existencia dio confianza a inversionistas de todo el mundo que empezaron a ver en México un ecosistema emprendedor fuerte y respaldado por el gobierno, con miles de jóvenes llenos de entusiasmo por crear empresas innovadoras y dar soluciones a grandes problemas sociales (a través del emprendimiento social).

El gran aporte del Inadem fue establecer las condiciones mínimas –incluido el financiamiento- para el arranque de miles de ideas emprendedoras y para que éstas fueran escalables, hasta colocarse en un punto donde los fondos de capital de riesgo pudieran tomarlas, financiarlas, acelerarlas y hasta internacionalizarlas.

Eso hizo atractivo a México para los fondos de inversión especializados en este sector. Había un Instituto que incubaba las ideas (con ayuda de cientos de incubadoras y aceleradoras certificadas por él) en etapas tempranas, donde los venture capital no las toman, y las ayudaba crecer hasta fortalecerlas para luego levantar capital.

Ahora, ante la ausencia de un organismo que ayude y financie las ideas desde cero, se vislumbra una disminución en el surgimiento de nuevas startups, principal objetivo de los fondos de capital de riesgo. Gracias al trabajo del Inadem se logró la consolidación de 42 fondos de inversión de capital de riesgo mexicano, pues ahora había oportunidad de invertir en grandes ideas de emprendedores mexicanos.

Los ganadores con el cierre del Inadem serán países como Chile, Colombia y Brasil que aun con cambio de gobierno mantuvieron un respaldo gubernamental a su ecosistema emprendedor, por lo que seguirán siendo atractivos para estos fondos, incluidos los fondos mexicanos.

El Inadem también generó una cohesión muy positiva entre todos los actores del ecosistema: incubadoras, aceleradoras, empresas, emprendedores, etc. Todos participaron activamente promoviendo y colaborando en la creación de empresas y fomentando la innovación.

Contribuyó a generar una efervescencia por el emprendimiento en todos los rincones del país y fue pieza clave para vincular a todos los actores, que esperaban con ansias la Semana Nacional del Emprendedor, algo que nunca logró ninguno de los programas pymes de la Secretaría de Economía.

En su lugar, la Secretaría de Economía anunció la puesta en marcha del Programa de Microcréditos para el Bienestar, con un presupuesto de 3,033 millones de pesos, y que servirá para impulsar a microempresas de base social en zonas de alta y muy alta marginación, algo que es muy loable, pero por el momento no hay reglas claras de su operación. Confiemos en que la entrega de estos microcréditos no sea “clientelistas” como ha pasado durante décadas con este tipo de esquemas.

Creo que lo más conveniente para todos los actores del ecosistema es no desaprovechar el impulso que dio el Inadem a este sector. Dependerá de todos que el cierre del Instituto no afecte la visión que hay en el exterior de un ecosistema emprendedor fuerte, robusto y atractivo.

Ante de finalizar, les informo que el Fondo Nacional Emprendedor seguirá operando en el 2019 con un presupuesto 80% menor (591.2 millones de pesos para subsidios y 68.2 millones para operar) y solo para salir de los compromisos adquiridos previamente con este mecanismo. Así que no habrá subsidio a programas de emprendimiento.

Al igual que se extingue el Inadem, se extingue el año 2018, por ello quiero aprovechar para desearles unas muy felices fiestas y un año nuevo lleno de logros y bendiciones. Confío en que los próximos 12 meses el ecosistema emprendedor logre sobresalir aun con la pérdida de una de sus piezas clave.

 

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