Las barreras entre periodismo, entretenimiento y publicidad se han difuminado con el paso de los años. Actualmente resulta complicado discernir unas de otras por la manera en que los medios de comunicación se han visto obligados a subsistir, arrinconados por la necesidad de clicks, vistas y resultados rápidos sobre cualquier otro parámetro. Además, los nuevos usuarios parecen tener poco tiempo para consumir información dura. Si también tomamos en cuenta los compromisos económicos/políticos de cada medio, no es sorpresa que vivamos en medio de una tormenta perfecta de desinformación porque los antiguos filtros que nos ayudaban a discernir entre el ruido no funcionan como lo hacían antes.

En medio de ese contexto aparece The Post: Los oscuros secretos del Pentágono (The Post, 2017), el trabajo más reciente de Steven Spielberg detrás de la cámara, una oda al periodismo de vieja cepa y a una de las etapas más gloriosas de la profesión en Estados Unidos. La película, ambientada en los años setenta, aborda el momento en que The Washington Post obtiene un dossier clasificado del gobierno sobre el papel de los Estados Unidos en la Guerra de Vietnam, por el que fue censurado el New York Times, y los esfuerzos de su dueña por hacer de la empresa algo rentable.

El escenario da pie a un thriller periodístico en la vena de Todos los hombres del presidente (All the President’s Men, 1976) y ese olvidado melodrama de Sam Fuller titulado Park Row (1952), donde los periodistas son retratados como si fueran héroes de acción, con plumas y documentos en las manos en lugar de lanzallamas mientras investigan hechos o arriesgan la vida para confirmar información.

Spielberg, en plena madurez técnica, aprovecha para jugar con los personajes y crea tensión en las secuencias más insospechadas con una seguridad envidiable dentro de una cinta que básicamente se trata de gente sentada leyendo documentos o platicando al respecto de ellos, como hacía en esa extensa escena del parlamento norteamericano en Lincoln (2012) donde los congresistas buscaban los votos necesarios para pasar la ley de abolición de la esclavitud.

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Asimismo, aprovecha el tiempo para hacer un comentario sobre el empoderamiento femenino gracias a la dueña el diario, el personaje de Meryl Streep, quien aprende a demandar su lugar en un mundo dominado por hombres (no importa que sean abogados o historiadores de lo inmediato). Especialmente en ese fragmento en que ella decide el futuro de su periódico, poniendo la información por encima de cualquier interés comercial.

Resulta bastante transparente la intención del cineasta de hacer un comentario político con la historia que tiene entre las manos, sobre todo pensando en que Donald Trump ocupa la Casa Blanca y las redes sociales se llenan todos los días de fake news. The Post busca retratar la importancia del trabajo periodístico en una sociedad subestimada por sus líderes y mostrar lo necesario de este contrapeso al poder gubernamental.

Una sociedad sin periodismo serio está condenada a vivir en la oscuridad.

 

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