Por Liz Pérez*

Todos tenemos una imagen, es inevitable esconderla y fingir que somos alguien más. No muchos son conscientes de la importancia de tener la imagen bajo control y el resultado puede ser catastrófico: que tu público entienda justo lo contrario de lo que querías decir.

Más importante de lo que parece

Al buscar trabajo pensamos que el currículum, la formación profesional y la experiencia laboral son los tres pilares únicos de los que depende que nos den el puesto, pero, sí, claro que son cosas importantísimas e incluso son los primeros filtros para que las personas de recursos humanos nos tomen en cuenta, pero una vez que logramos una entrevista viene la otra mitad del proceso: la de la imagen.

La imagen no sólo se refiere a la manera en la que nos vemos físicamente, sino a cómo nos perciben la o las personas que están frente a nosotros. La coherencia al hablar, la fluidez, los gestos, la dicción y la forma en la que nos desenvolvemos forma parte de la opinión que causamos en un primer encuentro. ¿Y qué tan importante es causar una buena impresión en una entrevista de trabajo? Pues básicamente de eso puede depender ganar o perder el puesto. Entonces regresemos un párrafo atrás, ¿es importante tu CV? ¡Por supuesto! No lo minimicemos, pero de nada sirve tener tres doctorados si a la hora de la entrevista no se es capaz de convencer al otro lo que el papel justifica. El fondo sin forma, pierde sustento. Esta frase es… digamos que la ley de la imagen pública.

Inseguridades, ¿cómo superarlas y lograr tu objetivo?

La buena noticia es que cuando se es consciente de esto, es posible trabajarlo y colocar a la imagen en coherencia con el fondo.

Comienza con tu forma de vestir. Si bien la imagen pública va mucho más allá del tema físico no olvidemos que la primera impresión –válgame la redundancia– siempre será la primera. La ropa que utilizamos a diario y la forma en la que lo hacemos es todo un código de símbolos que envían un mensaje. A esto se le conoce como semiótica del vestuario. El color, el corte, las texturas, los accesorios, el peinado, el maquillaje… envían un mensaje de nosotros y causan un impacto en quien nos percibe. En segundos la mente decodifica los mensajes que enviamos por medio de nuestra imagen física y emite una opinión. Me gusta, no me gusta; lo compro, no lo compro; voto, no voto; te contrato o mejor le doy el trabajo a alguien más.

Aunque no suene bonito cosificar a las personas, a veces es importante pensar que nosotros, hagamos lo que hagamos, léase despachador de una tienda o director general de una empresa trasnacional, somos un producto cuya envoltura puede (o no) parecer más atractiva que la que trae el producto de la competencia. Los reclutadores –como haríamos cualquiera de nosotros– cuando están frente a tres cajitas cuyo interior desconocen, elegirán a la que mejor pinta tiene. Ahora, si el dueño de cada cajita tiene cinco minutos para explicar por qué el contenido de su caja es el más atractivo, está recibiendo una segunda oportunidad para convencer al reclutador de que su producto es el más conveniente, es decir, hay que saberse vender. Ese es el segundo filtro cuando nos encontramos en una entrevista cara a cara: lenguaje corporal y la forma de hablar.

Estoy perdido ¿quién me ayuda?

Conocer los colores que mejor te quedan, así como los accesorios y la ropa que mejor se ajustan a las formas de tu cara y de tu cuerpo son dos cosas básicas que te harán lucir tus mayores atributos y hacer que los reclutadores volteen a ver tu cajita gracias a la atractiva envoltura que elegiste. Comunicar con claridad tus ideas hará que se interesen en el interior.

¿Cómo hacerlo? ¡Buenas noticias! Para eso existen los consultores de imagen pública. Al contrario de lo que se piensa, no necesitas ser un político, un artista o el CEO de una corporación para requerir sus servicios. Los consultores de imagen pública pueden asesorar a cualquiera que deseé comunicar algo que por alguna razón no está logrando.

Algunos tips

El objetivo de lograr una imagen personal adecuada –al contrario de lo que comúnmente se piensa– no es lucir más guapo, sino transmitir sin palabras quién eres.

Antes de comunicar hacia fuera haz el ejercicio de tú entender con claridad qué es lo que quieres decir. Entiende tu esencia, plantéate un objetivo y ten claro cuál es la audiencia a la que te quieres dirigir.

De ahora en adelante no sólo le prestes atención a cómo te ves, piensa qué mensaje estás enviando.

Recuerda siempre que a mejor imagen mayor poder de influencia.

 *Consultora en Imagen Pública y Directora de Vireka Consultoría

 

Contacto:

Instagram: @VirekaConsultoria

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

Siguientes artículos

El poder de la reciprocidad en las negociaciones
Por

Hay quienes dicen que la “generosidad” es la regla dorada de la negociación. Sin embargo, más que la generosidad en sí m...