Por: Melanie Amaya*

 

Cada vez es más común escuchar que “las personas no renuncian a su trabajo, sino que renuncian a sus jefes”, y es verdad.

Según las encuestas de Gallup, el 50% de los empleados que renunciaron, afirmaron que la razón fue su jefe.

Si no quieres que esto te suceda, es importante que conozcas cuáles son algunos de los principales comportamientos que vuelven tóxico tu liderazgo (algunos son evidentes, otros son sutiles) y que evites caer en ellos:

Utilizar una comunicación agresiva:

Los jefes que se comunican agresivamente hieren, no respetan, amenazan, usan el miedo para intimidar o, inclusive, hablan mal de otros a sus espaldas. Se comunican desde la frustración cuando los demás no cumplen sus expectativas, y pueden gritar, maldecir, manotear o criticar destructivamente utilizando adjetivos que descalifican, degradan o ridiculizan. Inclusive pueden caer en la comunicación pasivo-agresiva usando el sarcasmo para expresar su ira. Además, constantemente se enfocan en lo negativo y no agradecen ni felicitan cuando sus colaboradores hacen las cosas bien.

Ser permisivo al querer evitar el conflicto:

Claramente comunicarse agresivamente produce conflicto destructivo. Sin embargo, evitar el conflicto no es la solución. Los jefes que por evitar el conflicto dejan de dar retroalimentación, exigir, pedir, corregir, poner límites y tomar decisiones, muchas veces terminan permitiendo que se perpetúen comportamientos tóxicos dentro del equipo. Un buen líder sabe que cuando da retroalimentación de manera constructiva y pone límites, crea espacios donde se abordan los conflictos, con el fin de realizar transformaciones positivas y crecer.

No escuchar y mantenerse cerrado:

Bien sea porque evitan sentirse vulnerables, o porque tienen miedo de que se dañe su imagen y “perder su autoridad”, algunos jefes se comportan tóxicamente cuando no admiten sus equivocaciones ni piden disculpas, por el contrario, culpan a los demás. Tampoco piden retroalimentación, y si la reciben, se cierran a escuchar y reaccionan a la defensiva, o aparentan estar de acuerdo, pero en realidad no tienen en cuenta lo que se les dice. Es decir, ni están abiertos a escuchar y cambiar, ni permiten que sus colaboradores expresen sus opiniones.

Crear un ambiente laboral estresante:

Es muy común que, por el afán de cumplir con los objetivos a corto plazo, resolver lo urgente y apagar incendios, un jefe empiece a crear un ambiente laboral tóxico en el que sobrecarga de trabajo a su equipo, transmite su estrés a sus colaboradores y contribuye a mantener altos niveles de estrés permanentes. Por lo general, se pierde el balance entre vida personal y laboral, tanto del jefe como de su equipo, lo cual en el largo plazo afecta la motivación, el desempeño, la productividad y el clima laboral.

Microgerenciar:

En vez de empoderar, delegar, cocrear y dar autonomía, un jefe que microgerencia trata de controlar cada detalle del comportamiento de su equipo, desde intentar supervisarlo todo, hasta indicarle a sus colaboradores cómo deberían hacer su trabajo, interviniendo en los detalles más pequeños. Como resultado, sus colaboradores sienten que su jefe no confía en ellos y se desmotivan.

 

Melanie Amaya es Cofundadora y CEO de Amayaco. Coach ejecutiva y consultora en liderazgo.

Contacto:

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Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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