Yan Moulier Boutang es un economista, académico y activista político que plantea una forma de pensamiento contemporáneo diferente a lo que la generalidad de los teóricos ha trazado. Es un hombre que mira fuera de la caja y nos lleva a poner atención en aquello que, por evidente, hemos dejado de lado. La originalidad de su enfoque consiste en reconocer los cambios estructurales en la forma de producción y de organización económica ocurridos en los últimos años. Para comunicar su teoría, comienza con una fábula sobre la relación entre las abejas y la economía agrícola. La ocupa como una referencia al famoso ensayo de Bernard Mandeville, una presentación y defensa satírica de la economía capitalista y del individualismo. Boutnag adopta el mismo estilo literario para ilustrar el concepto de polinización, concepto que constituye desde su punto de vista un aspecto central de la economía post-industrial o cognitiva.

La fábula cuenta es la historia de un agricultor que vive en cerca de un apicultor, y entre ellos se establece una relación de amistad y de intercambio informal de productos y servicios. A la muerte del agricultor, uno de sus hijos se hace cargo de la dirección del negocio agrícola de su padre. El joven heredero viene con muchas ideas innovadoras que quiere poner en práctica y entre otras medidas de modernización, pide al apicultor que pague por el uso que sus abejas hacen de los frutos y las flores en sus predios. A esto el apicultor hace una contraoferta. Por supuesto que estará dispuesto a pagar por el uso que sus abejas hacen de los predios, si el agricultor paga por el fruto de la polinización. Llegados a este punto, ambos deciden volver al régimen anterior.

Con el uso de esta metáfora introductora, Boutang ejemplifica y a la vez critica. Nos deja ver dos visiones económicas del mundo y nos lleva a entender las perspectivas antagónicas con las que se manejan los bienes de producción en Economía. Con la fábula, busca reflejar la dificultad de conciliar dos formas de producción diferentes: a) una economía de producción basada en el modelo de input/output y b) una economía de contribución —o polinización—, que corresponde a las nuevas economías emergentes en los países desarrollados como Estados Unidos, Europa o Japón, a los que Boutang denomina ‘países del centro’.

Boutang está preocupado por el carácter histórico de la acumulación del capital y a partir de su observación y de sus estudios piensa que la historia de las transformaciones del capitalismo sólo es comprensible a través de su articulación obrera, negando toda autonomía, incluso relativa, a la economía del capital, esto es, a un supuesto mecanismo natural de acumulación del beneficio. Para el economista la distribución inequitativa de la riqueza está generando relaciones económicas que dan pie movimientos políticos que tienen consecuencias directas en nuestra cotidianidad. Pero, parece que no nos damos cuenta. Así como el joven agricultor no parecía entender las relaciones virtuosas que existen entre sus plantas y las abejas.

PUBLICIDAD

Hay que comprender al mundo y aprender a ver lo que no es tan evidente. Podemos estar generando relaciones abusivas que nos pueden afectar sin darnos cuenta, creyendo que estamos rentabilizando nuestras actividades. Tal como lo ejemplifica Boutang en la fábula. En la actualidad, los movimientos se están dando desde otras trincheras, ya no son los comunistas o socialistas que se declaran en contra del sistema.  Ahora son “Los indignados” que se levantan desde adentro. Sin embargo, para Boutang, estos movimientos son efímeros. La capitalización del anticapitalismo espontáneo es algo excepcional, un milagro casi tan inusual como efímero. El simulacro que producen estos movimientos cuando duran suelen terminar volviéndose contra ellos. “Más que teorías y ejemplos, necesitamos carabelas y cartas de navegación. En todo caso, esto es a lo que podrían dedicarse aquéllos que se denominan a sí mismos intelectuales si no quieren caer en la pretensión, en otro tiempo insoportable, hoy cómica, de las vanguardias, ni tampoco traicionarse refugiándose en la perpetua coartada de la generación espontánea de movimientos.”

En la actualidad, según Boutang, la fábrica ya no está en la fábrica y el obrero ya no es obrero, sino que está en la sociedad, en el territorio difuso, en los centros sociales, en los comités de los barrios. En el modelo, el trabajador se vuelve un híbrido más cualificado que el obrero de la gran industria. Ya no es la salida fácil de identificarlo con la producción material pesada. Entonces se pregunta cómo refundar una teoría del trabajo productivo de la explotación que sea coherente y adecuada a la era contemporánea.

Para entender las metamorfosis del intercambio dinero/trabajo es preciso poner en el centro del análisis lo que los economistas denominan «externalidades»: esto es, las consecuencias, no incluidas en el intercambio monetario, de las transacciones globales entre agentes económicos. Para esto Boutang recurre a las abejas para demostrar que algunos vicios privados como los egoísmos o los desvíos podían llevar a una armonía pública, fundando así el mito de la «mano invisible» al que Adam Smith dio forma, pero nunca explicó. Boutang se centra en algo completamente distinto. Se pregunta qué valor tiene la abeja desde el punto de vista de la economía real.

El valor económico de las abejas no reside principalmente en la miel y la cera que producen con sus diminutas manos, sino en la polinización que permite la supervivencia de la biosfera del planeta. El valor de esta última no tiene precio directo. Si nuestros principales alimentos vegetales pierden la capacidad de reproducirse, seguidos de nuestros alimentos cárnicos, del conjunto de la fauna y de la flora y, por último, de nosotros mismos, no tendremos planeta de recambio.

Si la actividad humana estuviera gobernada por las mismas leyes, el trabajo productivo es aquel que engrandece la vida, su potencia y su perdurabilidad. El trabajo improductivo, nocivo —aun en el caso de extraer un excedente de miel y de cera— es aquel que destruye la polinización humana. Esto nos lleva inmediatamente a una conclusión: la polinización humana es el único trabajo a la vez sin precio y fundamental que constituye el punto ciego del análisis de la economía política clásica. El reduccionismo europeo que surge con los albores del capitalismo puede ser merecidamente tachado por los aborígenes como una forma de barbarie particularmente primitiva, y no sólo respecto a los seres humanos, sino a todos los seres vivos del planeta. Esta verdad cruel descalifica el humanismo que pretende asentar sus buenas intenciones en una economía estándar —ya sea capitalista o socialista—.

Por lo tanto, la utilidad de las actividades humanas y la producción de riqueza real para la sociedad en su conjunto debe partir de ahí y sólo desde ahí. Entonces comprenderemos que el trabajo invisible de los expulsados de la historia de la acumulación primitiva, de la clase obrera y del trabajo asalariado era el de la indispensable polinización. Comprenderemos el significado de las alianzas. Releeremos una y otra vez las tesis del obrero social desde un horizonte de liberación. Bienes comunes, economía pública, actividad de polinización del vínculo social, cuidado de la vida del conjunto de los seres vivos: Ésta es la fábrica social, el sol alrededor del cual gira la tierra de la política.

 

Contacto:

Correo: [email protected]

Twitter: @CecyDuranMena

Blog: Las ventanas de Cecilia Durán Mena

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

Siguientes artículos

El sentido humano, el desafío de un nuevo líder
Por

El liderazgo en otras décadas se orientaba sólo a la generación de resultados. Hoy, es necesario romper paradigmas e inc...