El mundo contemporáneo atraviesa una era en donde la tecnología, la suplantación del efectivo y la diversificación en los métodos de pago son protagonistas de la más reciente revolución financiera, la cual ha cambiado de forma notable la experiencia de compra, prestación de servicios y trámites recurrentes, dotándolos de una eficiencia y practicidad hasta hace poco inimaginable.

La tecnología de pago sin contacto ha llegado a nuestras vidas para lograr lo que en otros tiempos lucía como un lejano imaginario del futuro. Hoy, nuestros gastos diarios se traducen en un ahorro real de tiempo y recursos.

Con un solo toque de nuestra tarjeta hacia la terminal podemos pagar el desayuno, la lavandería, el cine, así como nuestros servicios y esos gastos frecuentes sin sacrificar un ápice de seguridad. Todo en un tiempo record: 13 segundos por transacción; siete veces más rápido que cualquier operación promedio.

Actualmente, el mercado global de pagos sin contacto representa la punta del lanza del nuevo panorama financiero digital, registrando un crecimiento anual de 19.7%, el cual especialistas estiman alcance 33.3 mil millones de dólares (mdd) para 2025.

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La tecnología de pago sin contacto está habilitada en nueve millones de comercios en 114 países del mundo. Hoy en día, uno de cada cinco transacciones presenciales se realizaron por esta vía.

Sin embargo, y pese a que en continentes como el Europeo más del 50% de la población realiza casi la totalidad de sus compras con la tecnología de pago sin contacto, en México aún existe una brecha que conviene cerrar de forma acelerada.

Detrás de una de las experiencias de compra más fácil, segura y práctica del mundo, se encuentra la innovación tecnológica de identificación por radiofrecuencia, mejor conocida como Near Field Communication (NFC), o comunicación de campo cercano. Nuestra tarjeta se queda en todo momento en nuestras manos. Y, en caso de robo o extravío, el acceso a la información requerida para realizar transacciones por parte de un tercero es en extremo complicado, ya que no se puede copiar la tecnología avanzada requerida para generar el número de encriptación dinámica necesaria para duplicar la tarjeta.

Con la llegada de la tecnología de pago sin contacto, no sólo le decimos adiós a esos escenarios recurrentes en donde cargamos demasiadas monedas o no portamos el monto exacto (“me faltan 50 pesos”, “no traigo un billete más chico”), también le damos la bienvenida a un futuro más tranquilo, ágil y práctico, en donde todas las transacciones ocurren de forma cómoda y nuestro día a día es tiempo de calidad, con menos visitas al cajero y más oportunidades de resolver nuestras tareas y pendientes.  

Hoy en día, la personalización y singularidad son valores potenciales que marcan la diferencia de las experiencias de compra, incorporándolos como elementos razonados e integrales de nuestros gustos, intereses y hábitos de nuestro día a día. Con la tecnología de pago sin contacto que brindan actualmente compañías de prestigio global como Mastercard, el paso hacia el futuro sin contacto se encuentra en una brecha ascendente, prometiendo un entorno financiero mucho más ágil.

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