Por Enmanuel Román*

A los 20 años, cuando aún estaba en mi primer empleo, el interés de inventar y de generar alternativas de ingresos me hizo comenzar a explorar formas en la que no tuviera que usar mi propio dinero, que de todas formas no tenía. Entonces hice mi primer bootstrapping, término anglosajón que se refiere a emprender una tarea sin contar con muchos recursos y bajo el esfuerzo propio.

Escucho a la gente decir que uno de los principales paradigmas que existen es evitar crear cosas, situaciones o negocios, dado que no poseen capital o no el suficiente para comenzar. Es normal este tipo de pensamiento, ya que el dinero es uno de los principales recursos en los proyectos, pero ¿qué hacer cuando quiero comenzar un pequeño negocio y no poseo capital, o no lo suficiente?

En aquel momento yo usé una alternativa para emprender mi negocio de venta de cámaras digitales, pero existen varias formas, tradicionales y no tan tradicionales, para iniciar o probar tu idea.

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La que ocupé en aquella etapa es una de ellas: las tarjetas de crédito. Este producto te permite, con su buen uso, hacer negocios sin usar capital propio ni pagar interés, siempre y cuando saldes el monto total antes de su fecha de vencimiento. Este vehículo tiene la ventaja de que te permite contar con hasta 52 días libres de intereses, asumiendo que consumas el día después de tu fecha de corte si es el caso, tiempo que tomaba yo para vender mis cámaras digitales, cobrar y pagar la tarjeta, sin financiamiento alguno.

Ahora, éstas son un arma de doble filo, ya que si te atrasas tienes que pagar el interés más caro de todos los productos financieros, que llega a 80% anual o más sobre el saldo insoluto, o saldo adeudado pendiente. En resumidas cuentas, yo usaba el dinero del banco, en tarjetas de crédito, para comercializar un bien, siempre cuidando pagar el balance total antes de la fecha de vencimiento y así evitar altos cargos por financiamiento.

Otro modelo importante es el uso del crédito per se. Solicitar crédito es la forma más común de hacer negocios en el mundo. Para esto sí debes asegurarte de poder pagarlo en el término negociado. Una frase famosa dice “en el pedir está el dar”. Siempre, siempre, solicita crédito: es una de las primeras formas de negociación desde hace siglos.

Lo importante aquí es honrar tus compromisos con tus acreedores tratando de asegurar el pago con tu cliente, es decir, que de alguna manera tengas el dinero antes de que se venza la factura o deuda.

Comprar a 45 o 60 días de crédito y vender a 30 es una de las formas más inteligentes de apalancarte y financiar tu operación sin pagar intereses, pero siempre tratando de asegurar que cumplan del otro lado. Una manera de garantizar que te paguen o que puedas cubrirte es pidiendo una garantía de pago a tu comprador, que muy bien pudiera ser un cheque con la fecha justa en la cual tú estás otorgando crédito, pero es mucho mejor aún si vendes tu producto o servicio de contado.

Otra modalidad para no usar tu capital para emprender un negocio es la “consignación”, que es la forma en la que te ceden un producto para comercializarlo por un periodo definido, pero si no lo logras vender en su totalidad lo puedes devolver a tu acreedor.

Pudiéramos hablar también de otras formas como la de “prestamos blandos”, que son aquellos facilitados por personas cercanas y de confianza, o en inglés FFF (family, friends and fools / familia, amigos y tontos), con 0% de interés o un interés muy bajo y condiciones de tiempo muy flexibles. Los FFF son, por excelencia, los primeros a los que se recurre. Existen otras modalidades menos simples como la de pago por adelantado por parte de tu cliente o comprador, conseguir inversionistas que financien tu idea o proyecto, el Venture Capital (VC) y el crowdfunding, entre otros.

Todo buen negociador tiene que conocer estas modalidades y no debe tener miedo al solicitar cualquier especie de crédito, consignación o préstamo (si es necesario), que le permita emprender sin contar con capital.

*Fundador de Betsy Foods y CEO de Chispa Emprendedora.

 

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