Hay personas con talento cuando de innovar y promover ideas se trata, el profesor Stéphane Garelli es una de ellas. Director del Centro de la Competitividad Mundial (IMD) y director gerente del Foro Económico Mundial (WEF) durante 13 años, tiene la capacidad para que el análisis de la competitividad real de los países se convierta en un simple reflejo de las fortalezas nacionales para mirar al futuro.

 

Por Elena Crespo

Puntual al más puro Audemars Piguet, nos encontramos con Stéphane Garelli en el hotel JW Marriot de Santo Domingo. Impecablemente vestido al estilo Savile Row, nos identifica con sus lentes propias de profesor de la Universidad de Lau­sanne y nos da un cordial apretón de manos.

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Nos sentamos mientras habla­mos sobre República Dominicana, país que visita por primera vez. Con acierto, la Cámara de Comer­cio y Turismo Dominico Suiza, en asociación con la Embajada de Suiza en República Dominicana, lo traen como ponente principal de la edición de este año de Think Eco­nomics: Radiografía de la Economía Dominicana y Competitividad Global. Una oportunidad para es­cuchar su opinión sobre las nuevas estrategias de competitividad y cómo reforzar los caminos que se están construyendo en el país para hacerlo cada vez más sólido. En definitiva, un recorrido desde la competitividad individual, hasta la corporativa y nacional, en un con­texto global en constante cambio.

Mientras luce una maravillosa mañana en Santo Domingo, Garelli exhibe su capacidad de vincular las conexiones macro y microeco­nómicas para explicar los ciclos económicos y la competitividad como algo tan sencillo como el pro­pio ciclo de la vida. La clave está, según él, en la relación entre los datos y las opiniones a la hora de abordar un estudio. “El Informe del Foro Económico Mundial se basa en opiniones. Dos terceras partes en los criterios de la encuesta de opinión, llamadas a empresarios y líderes de gobiernos y una tercera parte en los datos estadísticos. En el IMD hicimos lo contrario: tenemos dos terceras partes sobre una base estadística y un tercio solo sobre una encuesta de opinión, por lo que este segundo mide más la competi­tividad. Los datos son muy valiosos. El enfoque WEF da la posibilidad de incluir más países cuando las es­tadísticas no están disponibles. No es el caso de República Dominicana que está incluido en ambos”.

Metódico y sistemático, parte de la base de la necesidad de que los países tengan un buen sistema estadístico a la hora de poder apli­car políticas públicas de cualquier índole. “¿Cómo pueden los líderes del gobierno tomar decisiones si no tienen los números? En mi país, en Suiza, tenemos buenas estadísticas pero en mi opinión, demasiado tarde”.

En el plano nacional, mantie­ne que a la par que las reformas estructurales son inevitables, el crecimiento sigue siendo un requisito para ser competitivo. “Se necesi­tan ambos. Si usted tiene solo el crecimiento y no se hacen informes estructurales, el crecimiento no durará mucho tiempo. Esto es algo que hemos visto en algunos países de África. Es cuestión de equilibrio y creo que la República Dominicana está haciendo bien estas dos cosas. El país tiene la economía de más rá­pido crecimiento en América Latina con 6.7%. Lo que es indiscutible es que la competitividad es diferente que los resultados económicos, por­que con ella se busca la prosperidad a largo plazo para el pais.

Si hablamos de competitividad, la tecnología y las políticas de inves­tigación y desarrollo (I+D+I) son fundamentales para Garelli. Tam­bién la educación. “Todos estamos de acuerdo con que la educación es importante. Probablemente en Dominicana no vamos a ver grandes resultados a corto plazo, pero sigue siendo importante trabajar en ello. También hay que volcarse en las tecnologías, en las infraestructuras y en los profesores. En el país esto es especialmente interesante. Ustedes son una isla y uno de los países, Haití, es de los más pobres del mundo, y el otro es la economía de más rápido crecimiento en la región de América Latina. Así que para mí es un caso interesante. Los dos países deben cooperar porque tienen mucho en común y deben trabajar en lo que son mejor cada uno. Creo que el quid de la cuestión es la forma en que pueden cooperar mejor los dos países”.

Para Garelli, la crisis no ha sido el Armagedón sino una especie de Ave Fénix. “Hay muy pocos países que no pasaron por la crisis económica, por ejemplo, en Europa, Polonia, y en Asia, Indonesia. Nunca han tenido una recesión. Lo que realmente cuen­ta es lo resistente que seas y tu reac­ción a ella. Todo el mundo tiene que reaccionar. El gobierno, la empresa y la ciudadanía. Nunca he visto tanto dinero en el mercado como ahora. Pero hay una gran cantidad de países con una política de austeridad. Al­gunos no lo entienden porque dicen “hay mucho dinero, pero no podemos gastarlo”, y ves que el problema es que imprimimos el dinero, se mantie­ne en el sector financiero y no va a la economía real. No va a la gente”.

En República Dominicana el tu­rismo y las remesas son los elementos clave. ”Primero tienes los turistas, ya que gastan dinero en las tiendas. El dinero no se queda en el banco. En segundo lugar, ustedes tienen las re­mesas del exterior. En Suiza, a pesar de que tenemos el dinero, no crece porque este se queda en el banco. La gran interrogante es si la gente entra­rá en deudas para continuar expan­diéndose. Es el mayor handicap de las economías emergentes. Las deudas personales. Es bueno pedir dinero prestado si usted quiere comprar una casa, pero pedirlo para comprar un par de zapatos, no es bueno”.

Garelli opina que desde los últi­mos 20 años se ha manifestado una reducción de la pobreza porque los mercados, salvo excepciones como Corea del Norte, están abiertos, in­cluso Cuba. “Deben tener cuidado de no ir demasiado rápido. Muchas personas sienten que su sistema de valor cambia con demasiada rapidez. No sabemos cómo reaccio­nará su índice que competitividad porque no tenemos estadísticas o pueden estar equivocadas”.

Su reciente libro, ¿Es usted un tigre, un gato o un dinosaurio? es una analogía de los elementos necesarios para que una econo­mía sea competitiva, aunque la razón del título esté dirigido más a las personas. “Al iniciar tu vida, empiezas siendo un tigre porque quieres tener éxito al precio que sea. Cuando te casas, consigues una casa y tienes hijos, aun tienes la mentalidad de triunfar pero no como antes, te conviertes en un gato. Y después de muchos años, en un dinosaurio, porque quieres una conciliación con la vida labo­ral”, explica Garelli, quien también ha trabajado de cerca con varias empresas de escala global.

 

Cooperar para triunfar

La globalización ha transformado el panorama de los negocios interna­cionales en los últimos años, dando protagonismo a los mercados emer­gentes. Uno de estos ejemplos en el país es el Consejo Binacional Econó­mico Quisqueya y su iniciativa para el desarrollo sostenible en la frontera de la República Dominicana y Haití. “Es un proyecto impresionante. De­muestra que las dos naciones deben cooperar. Si usted forma a los países a desarrollar su propia economía, entonces la gente no emigra”.

En este marco de accionar, con­sidera que las alianzas público-pri­vadas son fundamentales. “Hay una gran cantidad de proyectos en que los poderes públicos y privados trabajan juntos. Es algo que va a funcionar muy bien en el futuro y en las economías especiales como República Dominicana, que también trabaja en proyectos de infraestruc­turas. Por ejemplo, con la construc­ción de redes viales”.

El profesor Garelli asegura que no hay una táctica general para comparar las estructuras de mercado con el fin de incrementar la eficiencia económica. ”Cada país tiene su propia receta para elevar su competitividad. Si usted toma la República Dominicana, hay que pensar en buenas infraestructuras, buena educación, pero hay que pensar en su propia cultura y, sobre todo, en sus fortalezas”.

El mundo del mañana es de las ciudades. Alrededor de 60% de la población mundial vive en ciudades. “En 1800 solo era el 5% así que la cuestión estriba en cómo enseñar en universidades, centros de estudios, la forma de administrar estas ciudades de la manera más eficiente. En Santo Domingo viven dos millones de personas, por lo que habrá que enseñar a estos ciu­dadanos la mejor manera de hacer uso de la ciudad y de la forma más eficiente”.

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