Para que tu empresa se distinga entre el resto, hay una oportunidad escondida en cada persona y lugar que te harán único y buscado: cultura, historia y tradición.

 

Muchos son los factores que pueden destacarte entre tus competidores: calidad, ubicación, popularidad, pero hay una oportunidad escondida en cada persona y lugar que te harán único y buscado: cultura, historia y tradición.

No tienes que pertenecer a una empresa con 200 años de antigüedad: la cultura es lo que haces día a día para mantener el barco a flote, la filosofía con la que quieres llegar a tu cliente y que nadie más tiene porque es el alma de tu marca.

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Recuerda lograr que este éter toque todas tus acciones y que tus empleados y clientes lo conozcan, a través de cosas tan simples como tu papelería impresa, las palabras que usas para saludar, el ambiente que se percibe en tu establecimiento, la comodidad personalizada de tus instalaciones. Algunas empresas tienen muy claro esto, pero ha sido construido. Cualquier momento es perfecto para que tu sientes las bases de lo que te hará ser recordado en el futuro.

La historia comienza en cualquier momento, en el pasado o en el futuro, porque hoy vas a escoger las memorias de tu marca en el mañana. Es fácil recordar cómo decidiste fundar, entrar o cambiar esa compañía: recuerda tus motivos, tu visión anterior y posterior a estar dentro.

La historia es un hecho y tu forma de contarla es tu decisión. Poco a poco estos antecedentes y tu proyección hacia el futuro te ayudarán a tomar decisiones respecto a áreas inimaginables. Proyecta eso que eres, eso que te hace distinto, deseable y, por ende, comprable. Recuerda que no es lo mismo historia que pasado: el pasado puede atarte un poco, la historia lleva mucho de futuro, te impulsa a provocar, a cambiar, a atreverte a dar pasos en direcciones diversas. Trata de tener claras las diferencias y decidir qué contarás a tus clientes y socios.

La tradición viene de la historia, igualmente no estás perdido si no tienes una tradición o crees no tenerla, de hecho es lo mejor que te puede suceder porque puedes crear algo nuevo. Las tradiciones marcarán tu identidad y tu forma de acercarte al mercado. Quizá el gesto más simple y cotidiano es lo que te ha hecho distinto. Trata de analizar esta circunstancia desde afuera.

Por ejemplo, recuerdo una señora en el mercado que regalaba una flor cuando vendía sus quesos, eso es sin duda una tradición que impregnó su servicio y que habría marcado la preferencia de sus clientes.

Puedes aprender mucho de los pequeños empresarios, los mercados de barrio, de la gente que auténticamente tiene y atiende, de los negocios de familia, la mayoría de ellos tienen detalles que lo hacen originales y que son sus tradiciones o “secretos familiares”.

Así que saca provecho de estas oportunidades para destacarte. Toma tu tiempo para decidir y planear cómo llevarlas a cabo: si puedes invertir en una tradición elaborada (no hay límites), si es momento para dar a conocer masivamente tu historia, si es tiempo para un cambio de rumbo. Este ejercicio podrá ayudarte a entender el porqué de tus alcances y, sobre todo, de cómo eres percibido.

 

 

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