De acuerdo con la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2015, en México sólo 22% de la población de entre 18 y 70 años cuentan con algún tipo de seguro que le de tranquilidad en su día a día. Esta cifra no solo es reflejo de la baja penetración que tienen los seguros en la población, también es muestra de la escasa educación financiera que tenemos de manera general en el país.

En meses pasados, Grupo Zurich, en colaboración con la Universidad de Oxford, presentó el informe “Income Protection Gap 2017” (Brecha de Protección de Ingresos). Entre los resultados se encontró que en México los jóvenes de entre 25 y 35 años, son más conscientes de la importancia de tener un seguro médico, pero el cuidar de su salud depende de sus ahorros y de contar con algún tipo de protección médica. Sólo aquellos de 40 años o más son los que están cubiertos por el gobierno para enfrentar la pérdida de sus ingresos por alguna condición de incapacidad.

Por otro lado, el estudio indicó que México registra 7.5% de incapacidad ante una creciente población de personas mayores a 60 años (51.4%) y adultos de 30-59 años (33.7%), cifra que se incrementará en la próxima década. Lo que significa que en un futuro la responsabilidad para proteger los ingresos y su salud recaerá principalmente en los mismos individuos, las empresas y las aseguradoras.

Ante estos datos, la educación financiera se convierte en un factor clave para incrementar la concientización de la protección de los ingresos y de la importancia de contar con algún seguro que los cubra en caso de enfermedad, accidente, incapacidad, o incluso, de fallecimiento. Aseguradoras, empresas y gobierno tienen un papel importante en dicho cambio.

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Desde el punto de vista de las empresas existe la responsabilidad de generar conciencia en los empleados acerca de las oportunidades que hay, y esto inicia por informar mejor acerca de los beneficios disponibles para ellos, por ejemplo, las opciones de protección empresariales colectivas para proteger los ingresos de los trabajadores como complemento de los regímenes privados de pensión.

Pero también, es importante empezar a generar una cultura financiera que inicie desde la familia, incluyendo transmitir la importancia de prevenir, ahorrar y manejar sus finanzas, sobre todo a las nuevas generaciones. A largo plazo, esto va a generar un mayor conocimiento en la importancia de estar protegido y los hijos verán como algo del día a día contar con protección y, a diferencia de la situación que vemos hoy con los jóvenes, que no sea algo que dependa del ahorro que se tiene.

Si a este esfuerzo de las empresas, sumamos el apoyo del gobierno para el diseño y comercialización de productos de protección transparentes y fáciles, y el trabajo de las aseguradoras para informar mejor a los consumidores sobre los beneficios de contar con un seguro para proteger sus ingresos adaptados a sus necesidades actuales y posteriores a los 75 años, se tendrá una sociedad con mejor cultura financiera.

Actualmente existen soluciones flexibles y personalizadas que pueden cubrir gastos no previstos en ámbitos de la salud, patrimonio e infraestructura. Es indispensable impulsar desde temprana edad la educación financiera como elemento clave para la protección que da la tranquilidad de saber que, en caso de que algo ocurriera, además de estar protegidos evitaríamos pagar sumas que afectarían nuestra economía.

 

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