Por Gabriel Meizner*

Emprendedores e inversionistas se acomodan en su sitio, la mesa ya está puesta, cada quien encuentra su lugar y se prepara para lo que será una exquisita merienda; términos y condiciones están por negociarse con expectativas y objetivos que parecieran ser de diferentes planetas, la interacción entre ambas partes dista de ser trivial.

Primero es necesario identificar los tres tipos de capitales que fungen como pilares en cualquier empresa: humano, financiero y social. Aquellos emprendedores que logren alcanzar un adecuado balance entre los tres tendrán mejores probabilidades de alcanzar crecimientos saludables y sostenibles para sus empresas. También, es fundamental la identificación oportuna de aquellas intersecciones en donde la intervención de un tercero (inversionistas, contrataciones claves) puede aportar los recursos para catapultar la creación de valor de la compañía.

  • Capital humano

Al momento de sentarse en la mesa, un emprendedor tiene poco tiempo para transmitir al inversionista su modelo de negocios, sus planes a futuro, y el equipo que se encargará de ejecutarlo. Del otro lado, el inversionista debe tomarse el tiempo de entender de la mejor manera posible, lo que el emprendedor trata de comunicar, así como de entender la motivación y la visión que el equipo tiene.

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Entrevistando a Oscar Robles, CEO y fundador de ePesos, compartió que “una comunicación abierta y humilde” con el inversionista genera una relación de confianza que contribuye a una negociación más fluida y provechosa para ambas partes. La asimetría de información entre emprendedor e inversionista, lleva al segundo a evaluar de manera errónea el riesgo de la inversión y podría buscar términos que lo protegieran contra dichos riesgos mal fundados.

Lo anterior lo confirmó Miguel Duhalt, quien, habiendo estado en ambos lados de la mesa, afirma que “en cuanto el flujo de información es constante y transparente, la evaluación de ambas partes se vuelve más objetiva y atinada”. Concluyó que un emprendedor debe saber resaltar aquellos activos intangibles de la empresa que pueden apoyar a bajar la percepción de riesgo del inversionista.

  • Capital financiero

Toda empresa requiere capital financiero para iniciar y mantener sus operaciones. Según el estudio Rich vs King del Harvard Business Review, cuando un emprendedor tiene invertido capital propio en su empresa, manda una señal de compromiso que motiva a terceros a contribuir capital adicional a la empresa. Valdría la pena detenernos a entender las implicaciones de dichas inversiones de terceros, antes de pedirle al de enfrente que te acerque la sal para condimentar la sopa, no vaya a quedar muy salada.

La tradicional inversión en capital, en la cual un inversionista adquiere cierto porcentaje de la empresa a cambio de su capital financiero, pareciera que no siempre alinea los incentivos de ambos lados de la mesa. En un Start-Up, los fundadores tienden a aferrarse al control de su empresa, mientras el inversionista se planta en su percepción que el tener mayor control sobre la empresa puede minimizar su riesgo de inversión. Sin tomar juicio ante la postura de ambas partes, debemos de ser lo suficientemente creativos para que dicha disyuntiva no se vuelva un freno en las negociaciones.

Amanda Jacobson, gerente regional de Village Capital en Latinoamérica, comentó que en su caso utilizan instrumentos distintos al capital tradicional con los cuales los emprendedores se sienten más cómodos y a la vez les permiten aprovechar oportunidades donde el capital tradicional o equity no es conveniente. Tal es el caso de Adobe Capital, donde instrumentos como la deuda mezzanine han presentado a sus emprendedores con estructuras hechas a la medida que se ajustan a las necesidades de la empresa, evitando de entrada la picosa discusión del control de la misma.

  • Capital social

Inversionistas, emprendedores y demás jugadores forman parte de una red social que juega un rol sumamente importante en el desempeño de las empresas. La creación de lazos duraderos y confiables entre las partes se vuelve esencial para el desarrollo y fortalecimiento del sector, volviéndolo más fértil y próspero.

Alex Sanroman, fundador y CEO de Biorganimex, aconseja que un emprendedor debe buscar un inversionista que traiga más a la mesa que sólo capital financiero, alguien que “te pueda conectar con gente que te pueda aconsejar, con quien se puedan hacer sinergias, que te puedan abrir camino con clientes, distribuidores y socios comerciales” pero, sobre todo, “alguien con quien se compartan valores y se pueda establecer una relación de largo plazo”.

Buen provecho.

*Gabriel Meizner es Investment Manager en Adobe Capital

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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