Por Nuria Marín Raventós*

Con motivo de la evaluación Beijing+20, plataforma de acción en pro de la mujer, se concluyó que, de continuar al ritmo actual, tendrían que pasar al menos 81 años para que las mujeres obtengan la igualdad en el trabajo, 75 años para la paridad salarial y 30 años para ocupar igual número de puestos en juntas directivas. Ante estos resultados ONU Mujeres y otras instituciones han hecho un llamado a la acción para acelerar los procesos y obtener la igualdad en menor tiempo.

Más allá de la búsqueda de la igualdad o de la solidaridad hacia el 50% de la población, se ha entendido el gran potencial que las mujeres podemos significar en términos de generación de riqueza y bienestar.

Para el McKinsey Global Institute, la incorporación de las mujeres al mundo laboral en el año 2025 significaría un incremento en la riqueza mundial de 13,000 millones de dólares y para Latinoamérica de 1,100 millones.

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Se trata de una apuesta inteligente ante el envejecimiento de la población: se aprovecha el talento mayoritariamente femenino que se gradúa de las universidades y se promueve la inversión de la pirámide demográfica. Esto beneficia en temas como las pensiones; de ahí que, insisto, incorporar a las mujeres en la población económicamente activa es una decisión inteligente y ello hace justicia al reconocer el derecho de las mujeres de percibir igual remuneración por la misma labor que los hombres.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), si tomamos el promedio de todos los países que la integran, el porcentaje que las mujeres reciben de menos es de 14.1%, siendo Corea del Sur (36.7%), Estonia (28.3%) y Japón (25.9%) los países que presentan mayor discriminación.

Es bueno recordar que no se discute el derecho a la igualdad de remuneración entre hombres y mujeres por igual labor; como derecho humano está reconocido desde 1919, además es un principio fundacional de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) desde 1944 y fue fortalecido por el Convenio sobre Igualdad de Remuneración, en 1951.

Hay interés en acelerar procesos y ello se muestra en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, 8 y 5, que promueven la creación de empleo pleno y decente, y que además buscan acelerar la igualdad entre géneros para el año 2030.

Es por ello que la Asamblea General de las Naciones Unidas del 2017, liderada por la OIT, ONU Mujeres y la OCDE, lanzaron la Coalición Internacional sobre la Igualdad de Remuneración (EPIC, por sus siglas en inglés).

Afín a este compromiso, en enero de este año se realizó en Panamá la conferencia regional “Igualdad Salarial entre hombres y mujeres” para economías más prósperas e inclusivas. Ahí se planteó la igualdad salarial como un derecho, un deber y una oportunidad para construir sociedades más potentes e inclusivas, y que el fenómeno debe ser abordado no sólo desde las políticas públicas, sino también desde “adentro” de las empresas y organizaciones que deben desarrollar planes y sistemas de gestión para la igualdad.

Se sugirieron “intervenciones” a través de incentivos financieros, fiscales y de contratación administrativa, para favorecer a las empresas que incorporen buenas prácticas en el tema de la igualdad.

Del mismo modo se habló del fomento al uso de tecnologías y mecanismos que transparenten las remuneraciones, la generación de infraestructura (como instalaciones para la salud). También se abordó el cambio de actitudes (como pensar que “el hombre es proveedor” mientras la remuneración de la mujer es “complementaria”) y la promoción de una legislación que facilite la flexibilidad laboral, la evaluación por resultados y que vea a la familia como un tema de corresponsabilidad.

Hay expertas que argumentan que algunas de las diferencias operan desde el inicio de la carrera, porque las mujeres no piden o se quedan cortas al negociar sus condiciones de trabajo y sus ascensos o desaprovechan responsabilidades que les pueden abrir oportunidades.

Para ellas, recomiendo especialmente el libro de Linda Babcock y Sara Laschever: “Ask for it”.

*Empresaria y analista.

 

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Twitter: @nuria_marinr

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