La estrategia de seguridad ha llegado a su fin. Los delitos de alto impacto han subido en todo el país. La tendencia alcista se inició desde el segundo semestre de 2015, se exacerbó en 2016 y este 2017 será el peor de la administración de Enrique Peña Nieto, muy similar a 2011 con Felipe Calderón.

Los gobernadores exigen la presencia del Ejército, el gobierno federal les exige hagan su parte. Es un reclamo sin salida. Seguimos insistiendo en que el Ejército se convierta en policía y que la Policía le entre a la guerra. Cada vez hay más cárteles de la droga que pelean territorios con “plata y plomo”.  Llevamos 10 años en crisis con una estrategia equivocada y dañina.

La estrategia está mal planteada de origen y debe cambiar. Es la misma que se inició en 2008 con la Iniciativa Mérida: atrapar capos para extraditarlos. Una guerra frontal que ha atomizado cárteles y provocado más violencia. La guerra entre cárteles colapsa a las autoridades locales; la violencia se ejerce contra policías, periodistas, alcaldes y población civil en general. Antes de la Iniciativa Mérida la tasa de homicidio era cercana a siete homicidios por cada 100 mil habitantes, desde entonces, la tasa no ha bajado de 14 y ha llegado hasta 24, este año cerraremos alrededor de 21. Siete de cada diez muertes son ejecuciones de crimen organizado.

¿A quién beneficia la Iniciativa Mérida? A nadie, pues suben los consumos de droga, la violencia y la corrupción de alto impacto. Sólo se beneficia la DEA, pues utiliza a México como chivo expiatorio para justificar el fracaso de su propia política de drogas. Combatir cárteles es una estrategia que ni en Estados Unidos se ejerce, pero la DEA y el gobierno mexicano insisten. Es un planteamiento siniestro y corrupto.

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Pero de nada sirve culpar a Estados Unidos o a la DEA, ellos defienden sus intereses y administran sus mercados de drogas y de armas; el problema es nuestro y eso es bueno, porque la solución también lo es.

No hay más salida que regular las drogas en México para reducir la violencia. El mercado negro es el que colapsa autoridades y le da fuerza económica y bélica a los cárteles. Debemos atrapar ese mercado con la regulación. El año pasado parecía que el presidente lo entendía y se regularía la marihuana recreativa y el cultivo de la amapola con fines médicos, pero algo sucedió y las iniciativas se congelaron.

¿Presiones de Estados Unidos? ¿Temores electorales? No sabemos, lo que sí es que ya no hay justificación para no hacerlo. Es tiempo de que México elija la vida y la prosperidad en lugar de escoger la muerte y la pobreza. Es tiempo de defender los intereses nacionales en lugar de someterse a un vecino hostil y peligroso. Cada día lo entienden más mexicanos y eso es importante porque los congresistas y el presidente siguen evadiendo su responsabilidad y provocando más violencia en el país.

 

 

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