Angelina Martínez es la cuarta de una dinastía de parteras y lo mismo está ayudando a dar a luz en México que compartiendo experiencias con parteras locales de Krasnoyarsk, Siberia.

Su viaje para llegar a Siberia empezó en Austria, pasó por Alemania y siguió hacia el este. Tiene 59 años y es una auténtica trotamundos.

Angelina se sorprende que haya sido una niña tartamuda: una parte sustancial de su trabajo es contar historias a las embarazadas durante las semanas —o meses— que las acompaña.

“Conversa con las mujeres y les canta, les dice que los bebés son muy sabios, que harán su trabajo para venir al mundo. Y mientras tanto a los papás les da un consejo discreto: ‘Hagan la tarea’, que en México significa no dejen de practicar sexo, el placer ayuda al nacimiento”, dice una publicación de El País.

Después del parto, Angelina acude todos los días durante una semana a acompañar a la madre y al recién nacido.

La madre de Angelina le hablaba en me’phaa, que ella ya no aprendió: “Los indígenas eran tan mal vistos que mi madre dijo: ‘No más esta lengua”. No se la enseñó a Angelina, pero sí le transmitió el oficio de partería tradicional, estigmatizada en México, donde, por cierto, la mitad de los nacimientos son por cesárea.

Tampoco terminó un año escolar. Su abuela rentaba tierras para sembrar lejos de casa y se llevaba con ella a Angelina, lo que interrumpía su educación.

A los 14 años ayudo por primera vez a traer al mundo a un bebe. Una noche un hombre llegó angustiado a casa de Angelina, preguntó por las parteras, todas estaban fuera, y le pidió a Angelina, de 14 años, que acompañara a su mujer. Angelina estaba apanicada, pero el bebé nació perfecto.

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