Al echar un vistazo a la innovación en el sector privado en México, es necesario dedicar un apartado a las Pymes, ya que, según datos oficiales, conforman el 99.8% de las unidades económicas en México, aportan el 42% del PIB nacional y son responsables de generar el 78% de los empleos.

De acuerdo con la OCDE, las Pymes son, en general, menos innovadoras que las grandes empresas, aunque en lo particular, sí podrían ser más innovadoras y productivas que los corporativos, especialmente si usan sus recursos internos —habilidades gerenciales, TICs, investigación y desarrollo— de forma estratégica y colaboran con socios externos muy presentes en ecosistemas de innovación.

Más importante: las Pymes tienen la llave para que el crecimiento a nivel nacional sea más inclusivo, ya que son grandes empleadoras, tienen el potencial de ofrecer mejores salarios y condiciones de trabajo para una comunidad, y pueden impactar con mayor incidencia en la reducción de la desigualdad. Más aún, las tecnologías actuales han disminuido sustancialmente los costos de crear Pymes que en sus respectivos nichos les compitan a las grandes empresas.

¿Innovación en Pymes mexicanas?

Santiago Levy refiere en su más reciente estudio que, en los últimos años, México ha colocado dinero y personas en empresas improductivas. Por ello tenemos un grave problema ‘básico’: el incentivo principal de la estructura económica hace casi imposible encontrar empresas que sean absolutamente formales, legales y productivas, lo cual explica en parte por qué la estabilidad macroeconómica no ha resultado en mejoras a nivel microeconómico.

Dado el grado de mortalidad inherentemente alto entre Pymes, es evidente que la falta de ajuste a las demandas del mercado es un factor a considerar, pero el rubro es dominado por la falta de acceso a financiamiento, generalmente para expansión, y deseablemente, para innovación.

De acuerdo con el Reporte de Crédito de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas en México de Konfío, “cerca de un 50% de las empresas encuestas muestran que su producción o el tamaño de clientes no ha logrado escalar con el paso de los años”. Sobre el segundo rubro, “siete de cada diez empresarios y emprendedores señalan que la falta de acceso a crédito es la principal limitante de su crecimiento; no obstante, el 41.8% de los encuestados cuenta con crédito bancario o préstamos otorgados por instituciones financieras no bancarizadas.”

El mismo reporte señala que las personas eligen su financiamiento prácticamente tomando en cuenta que el proceso sea rápido y sencillo, que la tasa de interés sea accesible y que tengan confianza en la institución.

Lo anterior refleja la falta de mercados de capital de riesgo y de capital semilla que funcionen bien ya sea para expandir un negocio, para realizar actividades de investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) o para mantenerse al tanto de los últimos desarrollos que inciden sobre el sector.

Luego del acceso al financiamiento, los problemas de las empresas de menor tamaño pueden ser de muchos tipos, con una distribución tipo “larga cola”. Sin embargo, entre los que pudieran incidir en la capacidad para innovar se encuentran:

  • Falta de gestión empresarial en el marco de un mundo con mayor relevancia tecnológica
  • Sin cultura de adopción tecnológica, además de funcionamiento con herramientas obsoletas
  • Falta de actualización en procesos de producción y comercialización
  • Falta de presencia en línea, que en México solo asciende al 27%
  • Desconocimiento de las tendencias tecnológicas que impactan al negocio, comenzando por las implicaciones de la Cuarta Revolución Industrial
  • Incapacidad para seguir planes trazados, en caso de que el diagnóstico fuera correcto
  • No implementación de la propiedad intelectual
  • Baja integración a cadenas de valor sofisticadas
  • Integración con la academia prácticamente nula

Atender estas áreas puede traer dos grandes beneficios al país: incrementar la resiliencia de las empresas en medio de un mundo con mayor dependencia tecnológica y ayudarlas a brincar la enorme brecha que existe entre las Pymes y las empresas de mayor tamaño.

En conclusión, la falta de innovación en México tiene tantas aristas que se debe descartar una solución tipo panacea. Además, la cantidad de fuerzas en circulación deja claro que tampoco mejorará la situación rápidamente. Sin embargo, hay que empezar a la brevedad a tomarnos en serio la innovación, antes de que la competencia global nos vuelva irrelevantes.

 

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