Dawn, el modelo más seductor de Rolls-Royce, ha nacido con el propósito de convertir su manejo en un placer total. Conducirlo es emocionante, y aun más cuando la luz del atardecer de Sudáfrica enmarca sus curvas. Su espíritu retoma la elegancia de un modelo de 1950 del que sólo se fabricaron 28 unidades. Un nuevo clásico.

“El estilo importa casi tanto como el rendimiento”. La frase de un miembro del equipo de Rolls-Royce es como una campana que inicia la jornada de conducción más elegante que varios editores hemos visto en mucho tiempo. La noche anterior, el CEO de la firma, Torsten Müller-Ötvös, adelantaba: “Dawn ofrece una seducción como ningún otro Rolls-Royce producido a la fecha y marca el inicio de una nueva era en los convertibles de lujo. Será el más social de los convertibles de superlujo para aquellos que desean mostrarse ante el Sol en los lugares más exclusivos del mundo… En pocas palabras, es el Rolls-Royce más sexy jamás producido”.

La ruta inició la mañana siguiente, poco después del amanecer, y partimos de la “niña mimada” de Laurence Graff, Chairman de Graff Diamonds Holdings y propietario del oasis de paz, rodeado de vides, llamado Delaire Graff Estate. “Ubicado entre montañas y con vistas a los viñedos de Stellenbosch, visité la finca por primera vez en 2003 y sentí una fuerte conexión. Fue amor a primera vista”, afirmó el magnate en más de una ocasión. La arquitectura holandesa se mezcla con objetos africanos y obras de arte pertenecientes a la colección personal de Laurence. Además, sus bodegas atesoran vinos galardonados, que pocos paladares han catado. No había un punto de salida más bello para el flamante Dawn.

El coche corría de un modo sereno pero apabullante, el motor sonaba sutil pero contundente. Los giros, suaves; y el trabajo de la amortiguación, soberbio. Es una máquina de más de cinco metros y 2,500 kg. En conducción por carretera abierta transmite un tipo de emoción en la conducción donde la deportividad no se echa de menos. Como en todos los coches de Goodwood, el volante es muy grande y su aro es fino. Al rodearlo con las manos se percibe una sugerencia: un Rolls-Royce se conduce con tres dedos, no agarrando el volante con fuerza. Parece que es él quien nos conduce a nosotros y no al revés.

A pesar de tener una longitud muy parecida a la del Wraith y compartir motor y transmisión con el Ghost, el 80% de los paneles de su carrocería es nuevo. Inspirado en el rarísimo Dawn de 1950, del que sólo se construyeron 28 unidades, es un verdadero juguete para los sentidos: la suavidad, sutileza y elegancia tradicionales de la marca, reinterpretadas en un producto seductoramente moderno, cuyo lenguaje visual desbanca la idea tradicional de lo que debe ser un coche de la “doble R”. Dawn refleja el intenso proceso de reinvención al que se enfrenta Rolls-Royce para conquistar el futuro automotriz.

Mientras el fin del mundo (literalmente, porque recorrimos la carretera más al sur de Sudáfrica) se asomaba por nuestra derecha y serpenteábamos sobre el asfalto, repasé con mi interlocutor la historia de la firma británica.

Una mirada al pasado

La combinación del arrojo y el espíritu deportivo de C. S. Rolls con la ingeniería obsesivamente perfeccionista de Henry Royce dio lugar a una firma de coches que, a principios del siglo xx, robaron el protagonismo de toda clase de retos.

Henry Royce era un exitoso ingeniero y Charles Rolls, el propietario de uno de los primeros concesionarios de automóviles del Reino Unido. Henry Edmunds, accionista de la compañía de Royce y amigo de Rolls, se jactaba de su nuevo coche Royce de 10 CV delante de sus conocidos. En ese momento, Rolls se sentía frustrado por solamente ser capaz de vender importaciones extranjeras, por lo que Edmunds organizó una reunión con el hombre detrás de esos 10 CV. No sabía que la reunión que organizó cambiaría el futuro del automovilismo para siempre. Rolls y Royce se conocieron el 4 de mayo de 1904, en Manchester. A los pocos minutos de ver el doble cilindro de Royce de 10 CV, Rolls sabía que había encontrado lo que estaba buscando. Después de conducir el automóvil y dar una vuelta, Rolls acordó vender tantos automóviles como Royce pudiese construir; eso sí, bajo el nombre Rolls-Royce.

A partir de entonces, varios hitos construyeron una reputación que, hoy en día, vende más autos que cualquier campaña publicitaria. En 1907 nació Silver Ghost, el automóvil que fundó el legendario estatus de la marca. Después de completar perfectamente el ensayo alpino de 1913, 14,371 millas a través de algunos de los terrenos más difíciles de montaña, Silver Ghost había demostrado un nivel de confort y fiabilidad insospechado. Los críticos lo llamaron “el mejor coche del mundo”. En 1930, Rolls-Royce rompió récords mundiales. Y esa década vio la llegada de Phantom III, el primer Rolls-Royce que se construyó con un motor V12. Los inicios de 1950 marcaron el comienzo de una relación entre la firma y la Familia Real británica.

Rolls-Royce Motor Cars ha utilizado “EX” para sus coches experimentales desde hace más de 100 años. Debido a que las innovaciones de los automóviles EX se ltran en modelos de producción, todas las nuevas líneas incluyen el conocimiento acumulativo que proviene de explorar el futuro en busca de la perfección. Todos los modelos Rolls-Royce EX modernos llevan la insignia roja especial de RR. Utilizado solamente para estos coches experimentales, la insignia roja representa el máximo en innovación automottriz. Cada modelo EX es un vehículo terminado, manejable. Además de materiales e ideas recién desarrollados (como la fibra de carbono), cada uno utiliza materiales de producción como cuero y madera, en lugar de arcilla y espuma u otros materiales prototípicos.

Un adelanto del futuro

Los modelos EX de la era moderna comenzaron con el 100EX, creado para celebrar, en 2004, el centenario de Rolls-Royce. Este experimento exploró lo que podría ser un Coupé Phantom Drophead y cómo se podría sentir al conducir con un V16 muy especial bajo el capó. El 100EX finalmente evolucionó en el Phantom Drophead Coupé en 2007. Del mismo modo, fue el precursor del Coupé Ghost. Este vehículo experimental fue el hogar de Starlight Headliner y del iluminado Spirit of Ecstasy, ahora un extra opcional a través de la marca. El 102EX ofreció una pintura reflectante utilizando nanopartículas de cerámica, que cambia según las condiciones de la luz.

En 2009 debutó el 200EX. Su estructura monocasco única y su nuevo motor gemelo de turbo V-12 de 6.6 litros fueron afinados para ofrecer un par de torsión más bajo. Este modelo se convirtió en Ghost, llevando nuevas tecnologías a la línea de producción. En junio de 2016 se produjo el lanzamiento del Rolls-Royce 103EX. Siguiendo al 102EX eléctrico, este modelo es el último prototipo para llevar más allá los límites de lo que es un coche de lujo. La búsqueda del coche perfecto no cesa en Goodwood. Y el objetivo de que la “doble R” siga dominando el mundo, tampoco.

Alta costura sobre cuatro ruedas

Los primeros Dawn vieron la luz en abril de 2016 y, a finales de año, la marca Rolls-Royce presentó su colección Couture para primavera/verano 2017, con- virtiendo al Dawn en un modelo Inspired by Fashion. En su proceso de creación, el director creativo de Rolls-Royce, Giles Taylor, ha contado con la colaboración de expertos en moda, cuero y diseño. Cada uno de los materiales ha sido escogido al milímetro. Además, es un auténtico superdeportivo: acelera de 0 a 100 km/h en sólo 4.9 segundos y la velocidad se limita a 250 km/h, aunque puede ir mucho más rápido. Durante la prueba de manejo, la computadora de a bordo ha señalado un consumo medio de 18.2 litros. Hablamos de un motor de 6.6 litros, doble turbo y 12 cilindros. Dawn tiene un precio base de 335,000 dólares; pero, según el fabricante británico, la mayoría de las órdenes rondan los 400,000, una vez que se agregan los detalles de personalización del programa Bespoke, en el que la imaginación de los clientes es el único límite.

 

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