¿Cómo era el mundo en la primavera del año 2000?, ¿lo recuerdas? Era muy distinto a la actualidad. La vida se cocinaba a fuego un poco más lento, el streaming era un concepto que todavía no transformaba las tardes lluviosas frente a la pantalla, los teléfonos celulares eran una caricatura de los que tenemos hoy en día en el bolsillo y los iPods estaban por nacer un año después.

En materia de inversiones mis recuerdos tienen muy claro cómo eran esos años, por ejemplo, la empresa más grande del mundo al iniciar el nuevo siglo era Microsoft, seguida por General Electric y para invertir en ellas se necesitaba literalmente sacar el dinero del país.

Las opciones para invertir desde México en las empresas más grandes del orbe eran casi inexistentes. Pero esto cambió y se ha robustecido muy rápidamente. Diversificarse en un portafolio de activos diferenciados en empresas de múltiples sectores y regiones del mundo cada vez resulta más familiar, pero esto es reciente para el inversionista mexicano.

Iniciaba la primera década de este siglo, para ser precisos en el año 2003, cuando sucedió un evento que desde entonces permite a los mexicanos ampliar su horizonte de inversiones más allá de las fronteras del país. En ese año la Bolsa Mexicana de Valores diseñó una plataforma en la que se pueden inscribir empresas que realizaron su Oferta Pública Inicial (Una OPI es el “nacimiento” en el mercado de valores de una empresa) y en donde los inversionistas pueden acceder para invertir en títulos extranjeros. Y así fue como en un santiamén el inversor mexicano pudo ampliar sus horizontes hacia todo el planeta.

Mis tardes en la biblioteca de la universidad a principios de la primera década de este siglo se diluían mientras buscaba en publicaciones extranjeras las noticias de empresas que se robaban los encabezados financieros, Apple transformaba a las computadoras con diseños en colores audaces y Amazon era una empresa que empezaba a hacer ruido vendiendo libros por Internet.

Mientras los eruditos económicos seguían debatiendo las secuelas de la crisis financiera detonada a mediados de los noventa por la debacle de las compañías “punto com”, en México las autoridades diseñaban un proyecto que permitiría que el mercado de valores diera un salto para el inversionista nacional. Se estaba cocinando la aparición en México del “mercado global”.

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¿Qué opinas de tu teléfono celular o de la marca de tu automóvil?, ¿eres aficionado a esa marca de ropa deportiva o piensas que existe una región del mundo que está creciendo y te gustaría sumarte al desarrollo de esa zona geográfica? El Sistema Internacional de Cotizaciones (SIC) llegó a abrir puertas que habían estado cerradas para ahorradores que deseaban canalizar sus recursos hacía empresas de las que habían estado “enamorados” o hacia regiones del mundo de las que solo eran espectadores.

Al igual que tú, soy un consumidor con inclinación por algunas marcas en particular y eso es normal, en gustos se rompen géneros, no importa de qué hablemos: comida, tecnología, ropa, entretenimiento y un largo etcétera.

Regularmente me pasa por la cabeza que algunas de estas empresas han hecho un excepcional trabajo comercial, se han ganado nuestra preferencia y en ciertos casos nuestra fidelidad. Entonces, ¿por qué no asociarnos con ellas? Imagínate ser socio de la empresa que fabricó el teléfono que tienes o de la compañía que durante este confinamiento te ha hecho llegar a casa los regalos que has comprado en línea. El SIC te permite comprar acciones de esas compañías, es decir, ser socio de ellas.

Muchas de las empresas más grandes del planeta han visto, al igual que tú, cómo el mundo se ha transformado durante este periodo de un año en el que hemos estado confinados. La enorme resiliencia del mercado de valores en todo el mundo es tangible.

A pesar del terrible año en materia económica, todos los índices norteamericanos concluyeron el año 2020 en máximos históricos; la antifragilidad de muchas empresas, como define Nicholas Taleb, ha permitido que varias compañías crezcan y se vean beneficiadas de la incertidumbre y la volatilidad. Ahí podría estar tu dinero invertido.

Las empresas que cotizan en el SIC tienen todas las cartas de presentación que exige la ley. La Comisión Nacional Bancaria y de Valores se encarga de otorgar el reconocimiento a los mercados de valores extranjeros y a las empresas que cumplen con los requisitos que exige la Ley del Mercado de Valores nacional.

Cualquier inversionista mexicano puede comprar títulos inscritos en el SIC. ¿Qué ventajas tiene un inversor que adquiere títulos listados en el Sistema Internacional de Cotizaciones? Tal vez la más importante es diversificar su portafolio de valores en un solo contrato de inversión con algún intermediario como una casa de bolsa o una operadora de fondos de inversión. El inversionista puede acceder a un abanico de cientos de activos de forma transparente y muy flexible, los valores inscritos en el SIC tienen la misma operatividad que cualquier acción mexicana, uno de esos beneficios es que el tiempo de liquidación de compraventa es de 48 horas.

En la actualidad, la cantidad de títulos que existen en el SIC ya sobrepasa los 2,300 y prácticamente todas las semanas se inscriben nuevos valores que van desde equipos de fútbol europeos, hasta títulos que replican un índice accionario extranjero, una región geográfica del mundo o un sector de la economía.

En el SIC existen casi 40 países que son representados por sus títulos listados. La mayor parte de los valores operados en el “mercado global” provienen de Estados Unidos, seguidos por Europa. Además, en el SIC existen bonos (títulos de deuda) emitidos por empresas y bancos centrales de diferentes países que amplían la gama de opciones para invertir. En los últimos meses, más del 50% de todos los títulos que se compran y venden en México están inscritos en el SIC.

Los seres humanos tenemos grabado en nuestro genoma la necesidad de cruzar barreras geográficas, Marco Polo atravesó Europa hacia China de ida y vuelta para trasladar sedas y especias, Colón y Vasco de Gama emprendieron viajes prometeicos trazando nuevas rutas comerciales hacia un nuevo mundo. La humanidad no se ha detenido en la tarea de mover personas; productos; servicios y capitales, todo lo contrario.

En años recientes la globalización se ha introducido en nuestra vida con una enorme velocidad y esto no tiene que ser ajeno a nuestros objetivos como inversores, existen opciones que pueden adaptarse a cada perfil de inversionista. Acercarse a un asesor de inversiones certificado por la Asociación Mexicana de Instituciones Bursátiles es el primer paso para que tu inversión pueda traspasar cualquier frontera.

Contacto:

Edgar Arenas Sánchez es economista, gerente comercial en una casa de bolsa en México, profesor de economía bursátil en la UNAM, blogger de Rankia México y autor del libro “Invirtiendo y entendiendo”, reconocido por la Universidad Anáhuac, universidad de Cantabria y Santander Financial Institute como mejor asesor de inversiones 2020.

Twitter: @garoarenas

LinkedIn: Edgar Arenas

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