Finalmente, tenemos ya designado al contendiente del PRI para la presidencia, José Antonio Meade. Por lo que se ve, parece y cuentan, es un funcionario que además de experimentado y eficiente es una gente decente y diría un amigo muy querido, “es un funcionario con buenicia”, lo que quiere decir en pocas palabras, que es una persona que actúa de principio con buenas intenciones.

Esto viene a colación, porque cuando Netflix saco su serie de “House of Cards”, me convertí en fan ferviente, pero conforme avanzaban los capítulos -no sé si por tanta malicia- que se mostraba alrededor de la trama, (y que estoy convencido que contra la vida real puede hasta quedarse corta) en lo personal fui perdiendo interés y dejé de seguirla. Sé que también influyó la situación de la llegada al poder de Trump, que, sumada a la realidad de nuestra política nacional, lograban que en momentos determinados se me sobrecargaba el sistema, ja, ja, ja y poco a poco abandoné la serie.

Poco tiempo después, la misma empresa Netflix creó la serie “Designated Survivor”, un programa en donde se muestra como un funcionario del gobierno -que, por cierto, no tenía la menor intención de llegar a la Casa Blanca- es designado presidente de los Estados Unidos, y se enfrenta con un escenario terrible, todos los legisladores muertos y un país en llamas, por lo que tiene que reconstruir al país. Al pobre cuate le llueve por minutos todo tipo de ataques y situaciones extremas y las cuales, seguramente, también se quedan cortas contra la vida real. Lo más curioso es que por ser una buena persona y al no haber tenido la ambición de llegar al poder se la pasa resolviendo todas las situaciones de una buena manera, sin el tradicional uso de todas las herramientas duras y perversas del sistema de poder, además su única gran ambición es la de servir al pueblo americano.

Cada capítulo se presentan retos terribles, en dónde la toma de decisiones puede ser tomadas a la vieja usanza del poder por el poder como en “House of Cards”, o de una manera más humana buscando el bien general. Esto no quiere decir -y así lo plantea la trama de la serie- que sea un pelele, si no que va creando a un personaje humano tratando de conciliar las decisiones, claro siempre hay momentos que lo ponen al límite, pero siempre termina ganando la buenicia.

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Haciendo un parangón entre estas dos series de televisión, nuestra próxima contienda electoral y  viendo a los candidatos designados hasta ahora (falta aún saber los nombres de los candidatos del PAN, PRD, los demás partidos y los independientes que logren el registro), me parece que los electores tendremos que decidir -como en frente a Netflix- que serie queremos ver en el futuro de México, si a  los candidatos que les gusta el control del poder y hacer cualquier artimaña para el logro de objetivos, o a los candidatos que busquen  soluciones de manera firme, pero buscando el beneficio de todos de buena manera.

Ya veremos a principios del año cómo se conforma finalmente la boleta electoral para la presidencia, y de esa manera, si queremos seguir viendo la contienda bajo la misma lógica de decisión de qué programa escogemos en la televisión, ya tendremos tiempo de ir poniendo a los diferentes candidatos del lado de la buenicia o de la malicia -para finalmente el día de la elección- saber qué decidimos los mexicanos para nuestro futuro. ¿Será que podremos tener, como con la televisión, la oportunidad para cambiar la lógica del poder?

 

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