Por Mónica Cordero Sancho

Inpossible Labs es una startup tica. Utiliza los principios de las ingenierías electrónica, eléctrica y el desarrollo de software y hardware para fabricar soluciones que requiere la industria.

Su medidor de agua inteligente, que permite controlar los flujos del líquido desde la nube y así evitar fugas y desperdicios, está en la mesa de negociación de varios inversionistas.

Y una app de pago electrónico que desarrolla para una empresa autobusera de Guanacaste (provincia costera de Costa Rica) pondrá a su cliente a la vanguardia del sector y será la primera en aprovechar los datos encriptados del documento nacional de identidad (cédula) para aplicar descuentos a adultos mayores.

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El ingenio detrás de estos proyectos viene de un colegial, dos estudiantes de ingeniería, un ingeniero mecánico aficionado a la foto y al diseño, un animador digital y un especialista en ciencia empresarial.

Ellos formaron su startup luego de conocerse en la Inventoría, una versión latinoamericana de los makerspaces (espacios para hacer) o fablabs (laboratorios de fabricación) que se encuentran en ciudades estadounidenses como San Francisco y Nueva York.

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Se trata de un laboratorio de fabricación —ubicado al oeste de San José, Costa Rica— que surgió para llenar el vacío de emprendimientos tecnológicos al aprovechar la ebullición del movimiento maker en ese país: una comunidad de unos 1,000 miembros que materializan ideas con la impresión 3D y dispositivos electrónicos como Arduinos (placas electrónicas de código abierto).

El espacio de innovación es parte de los programas de la Fundación Costa Rica para la Innovación, una entidad que se autodefine como pionera en promover y acelerar estrategias de innovación. Para este proyecto cuenta con el apoyo de la Fundación de la Universidad de Costa Rica y las compañías Intel, Cisco y CRCibernética.

Tomás de Camino, director de la Inventoría y uno de sus tres fundadores, explica que la idea es fomentar una comunidad que construya conocimiento común para acelerar el desarrollo tecnológico, más que ofrecer un espacio con herramientas y equipos de última generación.

“El espacio está abierto a toda la ciudadanía y pone herramientas a disposición sin ninguna limitación o supervisión”, dice.

La Inventoría no es el único fablab en Costa Rica, pero se distingue por ser el único que opera de manera independiente y estar abierto al público en general. Los otros dos son parte de la estructura de la Universidad Veritas y de la Universidad Estatal a Distancia.

En Centroamérica, la popularidad de estos espacios de fabricación e innovación también está creciendo. La Universidad Galileo en Guatemala, la Asociación Fab Lab El Salvador y la Asociación EcoStudio en Panamá son parte de los promotores en la región.

El alcance de estos proyectos, según los expertos consultados por Forbes, son incipientes, pero representan una señal de cambio en el mediano plazo.

 

Materializar ideas

Te preguntarás, ¿qué ofrece un laboratorio de fabricación y por qué se vincula con la innovación?

El día de trabajo en la Inventoría inicia a la 1:00 pm y puede extenderse hasta la media noche.

En sus mesas largas de madera ponen sus ideas unas 15 personas diariamente. Ellas las materializan experimentando con la red de impresoras 3D, una cortadora láser y usando los microcontroladores con sensores actuadores y las herramientas de fabricación que guardan los estantes.

Estar allí no tiene ningún costo. Sólo se cobra el servicio de cortado láser e impresión 3D a menos de un dólar el minuto.

Nadie tiene un espacio fijo de trabajo. Cada quien se sienta donde encuentra espacio y comparte con otros por azar del destino. Conversan entre sí para comentar sobre sus proyectos, llenar huecos de conocimiento o porque los tienta la curiosidad por el aparato que emerge a la par.

Así fue como se conocieron los seis chicos de InPossible Labs. “Cada uno trabajaba en su proyecto por aparte, pero al preguntarnos cosas empezamos a conocernos y nos fuimos integrando de manera indirecta”, explica Cristhian Nuñez, uno de los socios de InPossible Labs.

Este joven, que estudió ciencia empresarial, explica que en un ambiente colaborativo no hay temor al robo de ideas, sino que preguntan y comentan para unir y agregar valor a los emprendimientos. “Lo que vale es el proyecto desarrollado, no las ideas”, afirma.

Y es que allí las ideas sobran. Una diseñadora gráfica trabaja con la cortadora láser para desarrollar técnicas de grabado mediante placas.

También un estudiante de computación diseña una estructura para estacionar bicicletas y un grupo de colegiales trabajan en una app que servirá para registrar a las personas que llegan al lugar.

 

Vincular y trascender

Los laboratorios de fabricación de tecnología representan también un paso hacia la meta de un país que busca adentrarse en la economía del conocimiento e integrarse a bloques como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

La inversión que hace este país centroamericano en investigación y desarrollo representa tan sólo0.56% de su producto interno bruto (pib). Una cifra muy pobre para sus objetivos. Y hasta este momento ha estado encapsulada en la academia y las grandes empresas nacionales y extranjeras.

Con espacios abiertos para la innovación, este panorama podría cambiar con experiencias como las de InPossible Labs y otros tantos makers que están sacando la innovación de esa cápsula.

En este sentido, Adrián Catalán, quien dirige el fablab de la Universidad Galileo, en Guatemala, destaca que estos espacios de creación tecnológica impactan en la innovación y el desarrollo si se logran vincular con las necesidades del sector empresarial.

En la actualidad, los proyectos del makerspace guatemalteco surgen de los intereses de estudiantes de ingeniería y Catalán reconoce que aún falta madurez para dar el siguiente paso.

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Por su parte, Ronald Jiménez, presidente honorario de la Unión Costarricense de Cámaras Empresariales, opina que los fablabs se convierten en motores de innovación en tanto faciliten la interacción y la transferencia de conocimiento entre las empresas de base no tecnológica con aquellas que sí lo son.

También bajo la filosofía de apertura al ciudadano y de trabajo colaborativo, se empuja a emprendedores y pequeñas y medianas empresas a experimentar con tecnología de punta y adquirir conocimiento sin hacer una inversión millonaria en compra de equipos y asesorías.

Uno de los casos que registra la Inventoría es el de un joven con problemas de movilidad que diseñó un dispositivo —haciendo un prototipo con impresión 3D— con el fin de colocar su smartphone en su brazo con una posición ideal para manipularlo.

Este es un dispositivo que el mercado no ofrecía y que salió del ingenio de un ciudadano común. Un hecho que justifica por qué empresas como Intel ponen sus ojos en fablabs como éste.

Precisamente, Paul Fervoy, vicepresidente de la Cámara de Tecnologías de la Información y Comunicación (Camtic), considera que la posibilidad de hacer prototipos de ideas es un ventana de oportunidad para la innovación en industrias como la manufacturera y la digital.

Por ejemplo, el uso de prototipos en la industria de software tradicional ha tenido poca demanda, pero eso está cambiando por el internet de las cosas porque se necesita experimentar y probar.

“Ya no son sistemas aislados, sino que unen a la mecánica, la eléctrica y la informática para que las cosas hablen entre sí”, afirma Fervoy. Tomando en cuenta esta necesidad, la Fundación Costa Rica para la Innovación planea expandir el modelo de la Inventoría mediante una alianza con la universidad privada Lead para crear un laboratorio para el desarrollo de prototipos e investigación en impresión 3D.

 

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