Soy optimista sobre la presencia de productos y canales digitales en la FIL, aunque se sigue sintiendo esa división entre los libros de papel y los digitales.

 

 

México siempre ha sido un país de contradicciones, y en el tema literario no podía ser la excepción: a pesar de que se dice que los mexicanos leemos poco –un promedio de 2.4 libros por persona al año, de acuerdo con cifras oficiales–, también es nuestro país la sede de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, una de las ferias de libros más grandes del mundo y la más grande de hispanoamérica desde 1987.

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El objetivo de la FIL es “lograr que los profesionales del libro y expositores asistentes encuentren un ambiente de negocios óptimo, y a un público lector ávido de conocer a sus autores y adquirir las novedades más recientes del mercado”. Sobra decirlo: la FIL es un evento que gira alrededor del libro impreso y los productos editoriales en su mayoría. Apenas en los últimos años se ha visto como la propuesta del libro electrónico tiene un lugar propio y relevante dentro de esta feria, así como de otras que hay en México a lo largo del año.

Este año la FIL ha salido a los medios digitales de una manera más prominente con un nuevo sitio web, canales en Twitter, Facebook, ISSUU, YouTube e Instagram. Mejor aún, la FIL ha lanzado dos apps móviles para promover las actividades del evento como conferencias, presentaciones de libros o firmas de autógrafos entre otros.

Lo más interesante de la FIL en 2014 es la consolidación del área del libro electrónico, que, según la propia FIL, servirá para “brindar un acercamiento entre los desarrolladores de productos y servicios digitales con sus clientes potenciales, ya sean editoriales, bibliotecas o los propios lectores”. En 2013 esta área tuvo la participación de 20 empresas de diversos perfiles. Este año se han abierto 25 módulos disponibles. No es precisamente un crecimiento espectacular, pero es posible ver algo de crecimiento y permanencia.

La FIL también ha incluido en su programa actividades enfocados a la producción digital, entre ellas charlas sobre contenidos digitales y talleres sobre creación de ebooks. Hay más detalle en el programa completo del evento.

Sería interesante saber si estas enormes ferias de libro han logrado mover los indicadores de lectura en México o si es necesario replantear su función. Así como los libros y sus canales de creación y distribución, las ferias de libros deberían evolucionar hacia modelos de interacción en internet y convertirse en ferias electrónicas, pero ese es un tema para otro día.

Con todo, soy optimista sobre la presencia de productos y canales digitales en la FIL y en otras ferias de libros, aunque aún se sigue sintiendo esa división entre los libros de papel y los digitales. Idealmente, no debería de haber un área dedicada sólo al libro electrónico, sino que éste debería ser una constante en toda la feria, ya que, finalmente, un libro no depende de su soporte o formato.

 

 

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