En la naciente etapa del Congreso mexicano, sólo una mujer (Sasil de León del Partido Encuentro Social) ha sido nombrada coordinadora de bancada y, es ella misma, quien propone una modificación el reglamento del Senado de la República a favor de la paridad de género. El nombre de Nestora Salgado, controvertido y polemizado a más no poder durante la época de campañas electorales, hoy representa la única posibilidad para que las mujeres mexicanas tengan la representación de una mujer al frente de la Comisión de Derechos Humanos del Senado (tan paradójico e inexplicable como los tiempos políticos en México y el mundo).

A pesar de que las mujeres tienen desde hace ya varias décadas el derecho al voto, resulta sorprendente que es apenas desde 1995 que se ha ido aumentando la proporción entre mujeres y hombres que ocupan escaños en los congresos locales y nacionales.

En el mundo, sólo el 23% de los legisladores son mujeres y sólo once de los 195 países reconocidos por las Naciones Unidas, tienen el liderazgo de una mujer al frente de su gobierno. Sorprende que haya únicamente 32 países donde las mujeres representan menos del 10% del total del parlamento y siga habiendo tres países en los que los parlamentos no tienen participación femenina.

Ruanda, uno de los países que ha sido azotado por una de las crisis humanitarias más graves de la historia reciente debido a la guerra interétnica (entre Tutsis y Hutus), es el país con mayor número de mujeres parlamentarias con el 61% de los escaños de la cámara baja ocupados por mujeres.

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Tanto en India como en Noruega, ha sido demostrado que la representación de las mujeres locales puede suponer una diferencia significativa a favor de la efectividad en las políticas públicas, estudios de caso en estos dos países han demostrado que en temas como el uso eficiente de recursos y los programas sociales no es casualidad que haya una mayor cobertura y una presencia directa y permanente de las autoridades locales.

Por otro lado, las más de 180 mujeres que contenderán en el proceso electoral de los Estados Unidos en este próximo noviembre, no sólo son parte de un registro histórico y opositor al actual gobierno, sino que además constituyen de alguna manera una nueva forma de empoderamiento de la mujer, dentro y fuera de los Estados Unidos. Representando diferentes grupos sociales y raciales, buscan reivindicar el papel de la mujer dentro de un sistema político de por si conservador.

Teniendo más de 140 candidatas en la contienda, el Partido Demócrata busca hacer frente a las políticas discriminatorias y carentes de equidad que actualmente imperan en los Estados Unidos.

La presencia de las mujeres en el escenario político contemporáneo no sólo reposiciona a la mujer y su liderazgo, sino que ofrece la posibilidad de dar voz a grupos que han sido olvidados, segregados y despreciados en el diseño de políticas públicas y legislaciones, incluso en las últimas décadas.

La participación y empoderamiento de la mujer, se ha convertido en un tema de política pública y agenda internacional, la llegada de las mujeres a los congresos genera un sistema de contrapesos y agendas conjuntas (gobierno-sociedad); siempre y cuando, los escaños no sean una suerte de “premio de consolación” ante la falta de oportunidades de participación para otros puestos de liderazgo en el escenario político.

Es cada vez más frecuente que el liderazgo femenino en los procesos políticos y de toma de decisiones, se perciba como resultado de un trabajo político independiente de las afiliaciones partidistas, de la creación de agendas propias al interior de los diversos grupos parlamentarios, incluso en los escenarios más hostiles y conservadores.

Según el último informe de la Unión Interparlamentaria sobre la participación política de la mujer en la política, las agendas parlamentarias delineadas con la presencia de liderazgos femeninos permiten la inclusión y el énfasis en temas como la lucha contra la violencia de género, los sistemas de pensiones, la legislación para la igualdad de género, las reformas político-electorales y los programas de asistencia social para grupos vulnerables.

Los fenómenos políticos actuales y la intensa demagogia entorno a ellos (o a propósito de ellos), no representan en sí mismos la expresión más pura de la democracia. Sin embargo, presentan la oportunidad para probar la existencia de la democracia, de manera proporcional a la participación de las mujeres en esos procesos.

Conforme la participación de las mujeres se abre paso en la vida política y pública de las agendas nacionales (para votar, presentar una candidatura, aspirar a una posición de liderazgo y toma de decisiones, dirigir un partido político, etc.) se favorecen las condiciones para el ejercicio de una democracia incluyente, el establecimiento de cuotas de participación pareja entre hombres y mujeres en el escenario político ha ganado amplia aceptación entre los miembros de la clase política en diferentes países, como la estrategia ideal para asegurar la participación de la mujer y una respuesta contundente a la demanda de paridad.

 

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