Hace unos meses entré a comer al Xacobeo, un espectacular lugar para los que gustan de comida española. El lugar es además de esos “de toda la vida” y la ubicación no podría ser mejor, la sede: una espectacular mansión porfiriana de las que sobreviven para recordarnos la belle epoque mexicana. Los domingos el lugar se ha llenado tradicionalmente de familias que se reúnen a comer. ¿Saben?, la típica escena de una comida familiar digna de novela de Ángeles Mastretta o Laura Esquivel: comida, pláticas, conversaciones, risas…

En esta ocasión al entrar, vi y pensé (de acuerdo a mi educación y la de cualquiera cuya familia tenga una educación más o menos tradicional, creo), es el principio del apocalipsis social. Las mesas divididas en dos: el ala baby boomer-generación X y la postmillenial (todos menos de 15). Mientras la primera conversaba, se reía, discutía, etc., la segunda estaba aislada, ensimismada, absorta e hipnotizada por “el espejo negro”, interacción nula, la vida familiar fragmentada, la convivencia segmentada…. Y entonces pensé: ¿será que esto es el futuro? ¿Nuestra interacción se limitará a hacerlo a través de un device? Escenas de Demolition Man de Sandra Bullock y Sylvester Stallone probando los estimuladores de sexo virtual pasaron por mi cabeza.

Mi segundo pensamiento fue: ¿qué sucederá con el marketing? Una herramienta fundamental de los esfuerzos de hoy en día son los eventos. Es una industria millonaria. En EU anualmente se ejecutan 18 millones de eventos y reuniones. La industria vale casi 67 mil millones de dólares. Todos hemos visto la aparición de Big Data, Social Media, Email Marketing, etc.,  y siempre lo vimos como un complemento a nuestras estrategias. ¿Será que pronto seríamos sustituidos por ferias virtuales e interacción en dos clicks?

La respuesta no tardó en llegar: me tocó ejecutar el evento anual para clientes y prospectos de la compañía. Mis miedos comenzaron a manifestarse; el registro sucedía a cuenta gotas, preguntas como ¿es hasta Santa Fe? y  ¿dura todo el día? empezaron a llegar. Me sudaban las manos y hasta se me iba el sueño, pero seguí adelante. Llegó el tan esperado día. Lluvia, frío, accidente en Constituyentes… Primera llamada y ahí sucedió la magia: 1,200 personas se reunieron durante 12 horas, comieron, charlaron, escucharon, preguntaron, aprendieron, intercambiaron tarjetas, visitaron stands… Claro que tuiteaban, subían fotos a IG y consultaban la agenda en la app del evento. Cuando el show de cierre tocaba los últimos acordes, me di cuenta de lo que será el futuro: un mundo híbrido. Por supuesto lo digital es importante, pero al final lo que comunica: un apretón de manos o corear canciones de Bon Jovi o Juan Gabriel al lado de tus clientes, no lo sustituirá nunca lo digital…

 

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