La tecnología está transformando la forma de estudiar los anaqueles de nuestra cultura. La virtualización 3D o los videojuegos nos dan pistas de cómo trataremos nuestro patrimonio.

 

Por Elena Crespo

 

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Imaginarse un recorrido en 3D a través de la arquitectura colonial del Museo de las Casas Reales, en la Zona Colonial, y recrear las fiestas de las principales figuras de la sociedad de la época o personi­ficar en un videojuego a Nicolás de Ovando en los salones de la Real Audiencia, mientras lee una epístola de los Reyes Católicos sobre su deseo de explotar los recursos naturales de la Hispaniola, es algo que, a priori, pudiera ser inimaginable. Sin embargo, el concepto de museo en que el visitante interactúa con el entorno según sean sus preferencias, está más cerca de lo que pensamos.

El objetivo de las humanidades estriba en conformar los anaqueles donde se alberga y se preserva nuestra cultura. Los procesos de digitalización de archivos y colecciones per­miten unificar y publicar en Internet todos los datos, a fin de democratizar el acceso al conocimiento de una forma sin precedentes.

Por eso, las Humanidades Digitales son un campo de convergencia entre las disciplinas humanísticas y los nuevos desarrollos de las ciencias de la computación y el medio digital, para conseguir hitos tan importantes como digitalizar el patrimonio histórico y cultural, ofrecer recursos en línea a la cartografía o redefinir de forma global la dimensión educa­tiva de los museos.

El uso de la informática para el estudio de las humanidades no es algo nuevo, pero sí bastante reciente. A mediados del siglo XX, el sacerdote italiano Roberto Busa convenció a Thomas Watson, fundador de IBM, para llevar a cabo una empresa dantesca: elaborar un índice de concordancias a partir de más de 11 millones de palabras de las obras de Santo Tomás de Aquino. Un trabajo arduo y farragoso que duró casi 25 años para ser culminado.

Hoy pueden analizarse archivos digitales cuyas dimensiones superan a las de la biblio­teca más grande que haya existido. Desde los años noventa, la creación de Internet y de la infor­mática personal han sido dos elementos que han acelerado el proceso, porque la perso­nalización de la tecnología ha transformado nuestro modo de comunicar. Un proyecto como TranscribeBentham, por ejemplo, implica digitalización, transcripción, anota­ción, crowdsourcing, la creación de una red, de páginas web, de un wiki o una estrategia de medios sociales.

Internet y los dispositivos móviles han permeado en todos los poros de la vida social, moldeando categorías sociológicas y psicológicas, para rediseñar la cultura. El cambio más radical se da en el modo de escribir; hemos pasado de un escrito impreso y estanco a una escritura democrática, co-creativa y colaborativa, en la que prima la visualización y la interacción.

El congreso de Digital Humanities 2014 en Lausanne, Suiza, el evento más grande de humanidades digitales en el mundo hasta ahora y el congreso anual de más arraigo en el medio, tuvo 2,056 usuarios usando el hashtag del evento. Con este entorno, cada vez son más los departamentos universita­rios de literatura, filosofía o historia del arte desde los que se investiga de qué manera las estrategias de la cultura digital pueden des­cubrir formas válidas y productivas de produ­cir conocimiento en estos campos.

 

Tsunami de datos

En 2001, el Instituto Reischauer de Estudios Japoneses (RIJS), de la Universidad de Har­vard, ya tenía experiencia en el archivo de contenidos web, pero luego de la crisis del tsunami en 2011, el volumen de información procedente de 10,000 sitios web era dema­siado grande como para que pudiera captu­rarse. Los materiales además de blogs y listas de distribución, incluían documentos guber­namentales, videos de YouTube, grabaciones de sonido, colecciones de fotografías, testi­monios personales, mapas y medios sociales.

Al tiempo que el equipo del RIJS se aso­ciaba con otras instituciones como Internet Archive (institución estadounidense dedi­cada a conservar los archivos de Internet) o la Biblioteca de la Dieta Nacional de Japón, se fue conformando la idea de crear un archivo en red.

Actualmente, Harvard aloja una parte rele­vante de los metadatos suministrados por sus asociados, que ha sido indexada y que per­mite realizar búsquedas. Digital Archive of Japan’s 2011 Disasters, el archivo resultante, engloba mapas con geodatos, entradas de Twitter, 50,000 fotografías, relatos y millares de documentos oficiales.

 

Ventajas

  • Colaboracionismo: su capacidad para hacer investigaciones colaborativas y accesibles.
  • Aperturismo: no plantea el reemplazo de humanistas por autómatas, sino la adopción de nuevas herramientas para hacer otro tipo de investigaciones.
  • Comprensión: no se trata solo de digitalizar, sino de hacerlo para entender mejor. El vínculo entre tecnología y humanidades permite explorar nuevas posibilidades de estudio, colaborar con personas que hablan otros lenguajes y encontrar un idioma común.
  • Multidisciplinariedad: se basa en la combinación de las habilidades de un grupo con diferentes perfiles profesionales. Si no hay expertos, no importan los algoritmos, el resultado no será interesante.
  • Democratización de la Investigación: el uso de herramientas digitales en la investigación de las humanidades no sustituye los métodos tradicionales de estudio, sino que los expande y amplía sus posibilidades de difusión.

 

Desventajas

  • Rechazo: el desarrollo de las humanidades digitales ha despertado críticas de sectores tradicionales que apuntan a los riesgos de la reducción del estudio a la lectura de datos.
  • Novedad: las humanidades digitales son una disciplina relativamente moderna que muchos expertos ven como incierta.
  • Reduccionismo: la identificación de los patrones empleados es solamente un punto de partida. Se necesitan el conocimiento contextual y la interpretación humana porque los algoritmos son buenos para inferir patrones, pero pésimos al descifrar el significado.
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