Por Teresa Guerra*

El cuidado de niñas, niños, jóvenes, personas mayores y personas enfermas o con alguna discapacidad, así como la compra y preparación de los alimentos, la limpieza o el cuidado de la casa, es trabajo que en la mayoría de los casos es realizado por mujeres. Es un trabajo que por años permaneció invisible para el análisis de la economía y que, gracias al avance en la incorporación de la perspectiva de género en la producción estadística, hoy es posible dimensionar y valorar económicamente.

Es así como, de acuerdo con el Inegi, el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, equivaldría a 24.2% del Producto Interno Bruto, prácticamente una cuarta parte de la producción económica nacional. Dimensionar esta contribución de las mujeres a la economía nos permite poner en perspectiva condiciones productivas de nuestro país.

Las mujeres en México se enfrentan a una de las cargas más altas de trabajo doméstico no remunerado de los países de la OCDE, asumiendo casi 77% de todas las tareas domésticas no remuneradas y la atención infantil en sus hogares.

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Además, las mujeres mexicanas dedican más del doble del tiempo que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. Por ejemplo, las mujeres dedican en promedio 28.8 horas a la semana a las tareas de cuidado, mientras que los hombres sólo dedican 12.4 horas.

Esta sobrecarga de trabajo genera profundas desigualdades entre hombres y mujeres en el uso del tiempo, limitando la posibilidad de éstas para incorporarse al mercado laboral, acceder a la educación y participar en la vida pública y política; asimismo, restringe su acceso a la cultura, el arte, el deporte, al ocio. Todo esto constituye una clara limitación a la autonomía de las mujeres y al desarrollo de sus capacidades.

En promedio la brecha salarial en México entre hombres y mujeres por realizar el mismo trabajo es de 16.5%, por lo que, sino comenzamos a trabajar en políticas públicas eficientes, un cambio cultural donde haya una igualitaria distribución de las tareas de cuidados, y exista un reconocimiento del impacto económico que representan, necesitaremos a nivel mundial más de 70 años para colmar totalmente la desigualdad salarial por motivo de género.

Para ONU Mujeres, el cuidado es un derecho humano, un bien público y un pilar de la protección social y el desarrollo. Es un aspecto clave de la agenda para la igualdad de género y para poder garantizar este derecho, es necesario reconocer y valorar este tipo de trabajo a través de la prestación de servicios públicos, infraestructura y políticas de protección social, además del desarrollo de productos de conocimiento basados en evidencias y cuyo análisis buscan incidir en las políticas públicas.

Si la economía trabajara para todas las mujeres, sus opciones en la vida no estarían limitadas por estereotipos de género, estigmas, ni violencia, y podrían disfrutar de una autonomía económica y una vida donde puedan ejercer de manera plena sus derechos y capacidades.

Reconocer y valorar el trabajo de las mujeres no sólo las beneficiará a ellas, sino que de manera directa se lograría un desarrollo y crecimiento económico sustentable para toda la sociedad, creando comunidades más pacíficas, justas e incluyentes, que acabarían con todas las formas de pobreza y garantizarían el bienestar tanto de las mujeres como de los hombres.

La Agenda 2030 de Naciones Unidas busca construir un futuro sostenible para transformar nuestro mundo sin dejar a nadie atrás. Y la única forma de lograrlo es acelerar el ritmo hacia la igualdad sustantiva, en los hechos.

*Especialista en estadísticas con perspectiva de género en ONU Mujeres México.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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