Por Alfonso Ramírez 

La historia de Don Cleo, un sencillo vendedor de piñatas, quien recibe una amenaza de extorsión en la que sus estafadores le exigían 500 dólares para perdonarle la vida, se convirtió en el 2014 en la primera película de ficción salvadoreña que recibió un reconocimiento internacional.

Este largometraje, titulado Malacrianza, impulsó la carrera de Arturo Menéndez, su director, nacido en San Salvador, El Salvador, en 1978, y quien ahora tiene un reto mayor: lograr que el público de HBO acepte La Palabra de Pablo, un thriller inspirado en Otelo, de William Shakespeare, que tiene lugar en el Lago Coatepeque, ubicado en el país centroamericano.

Los derechos de la historia, producida por Unos cuantos perros, Sivela Pictures, FirePower Entertainment, Meridiano 89 e Ítaca Films, fueron adquiridos por HBO y Sony, y desde el 28 de septiembre de este año comenzó a ser transmitida en Estados Unidos por HBO Go. Este proyecto es considerado la película más cara de El Salvador, aunque a nivel global es una de las más baratas, ya que sólo requirió medio millón de dólares.

Toma 1: el comienzo

Desde muy pequeño, Menéndez tuvo acercamiento al arte, ya que convivía con músicos y actores, quienes eran amigos de su padre, el pintor César Menéndez. Sus primeras influencias en el llamado séptimo arte estuvieron determinadas por películas para adultos como E.T., El Color Púrpura, Tiburón, Star Wars, entre otras, las cuales criticaba y comentaba. En cambio, prescindía de las historias infantiles.

En su adolescencia empezó a desarrollar el gusto por la literatura y la fotografía, disciplinas que lo llevaron a tener una aproximación más íntima con el cine, actividad a la que a los 12 años ya quería dedicarse: “Mis compañeros de colegio me molestaban, me decían Arturo Spielberg”, recuerda.

Al concluir el bachillerato comenzó a practicar aquello que le apasionaba, no salía de casa sin su cámara en mano, porque, como un pasatiempo, le encantaba hacer cortometrajes o documentar acontecimientos: “Grababa con una cámara VHS los eventos de mi escuela de forma empírica, aunque siempre buscaba la manera de aprender algo nuevo sobre las cámaras de video”, explica.

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Años más tarde, con el apoyo económico de sus padres, tuvo la oportunidad de estudiar cine en la New York Film Academy (NYFA), en 1998, y de 2002 a 2005 realizar una carrera de artes visuales en Madrid, en  la Escuela Superior de Artes y Espectáculos TAI, también conocida como Centro Universitario de Artes en Madrid.

Después de esto, durante dos años se dedicó a la publicidad en El Salvador, donde produjo comerciales. Fue tal su talento, que ganó un Clio Award de plata, un premio internacional establecido desde 1959 que reconoce lo mejor en publicidad, el cual obtuvo por producir una campaña para el grupo de rock irlandés U2 llamada U2 Vení: In the name of El Salvador, en 2009, un llamado para conseguir que la banda asistiera al país en ese año, hecho que no ocurrió.

Un verdadero thriller

En El Salvador, Menéndez tuvo que abrirse paso en una industria fílmica que se caracteriza por tener una baja producción y exhibición de películas: “Existe un promedio de una película cada dos años. Es limitada nuestra oferta de cine nacional. El cine que se consume en las salas proviene de Hollywood”, explica Menéndez.

Una de las causas por las que el país centroamericano presenta pocas producciones es que no cuenta con un marco jurídico que regule el cine y el material audiovisual, y cuando se realizan hay más documentales que ficción.

“Muchos artistas que generan estos productos son muy buenos, como Jorge Dalton, Marcela Zamora y Tatiana Huezo, y abordan temas meramente sociales, este género cinematográfico [el documental] ha dejado muy bien posicionados a los salvadoreños”, afirma Menéndez.

Además, existen escuelas que estimulan el crecimiento de este arte, como el Taller de Cine y Televisión, impartido por Andre Guttfreund, el único salvadoreño que ha ganado un Oscar de la Academia ; Comsal Escuela de Artes y Comunicaciones, para un diplomado en cine y la Escuela de Comunicación de Mónica Herrera.

A pesar de los pasos que se están dando, hay poco empleo para los cineastas dentro del país: “La mayoría de nuestros alumnos terminan trabajando en empresas de publicidad locales y en algunos medios de comunicación del país”, explica Oswaldo Ruiz, director de Comsal.

A esto hay que agregar que la industria del cine tiene políticas muy rígidas en la manera de manejar los presupuestos, por lo que pocos proyectos acceden a sus recursos.

El presupuesto que se destina a las películas está dirigido solamente a la etapa de producción, indica Marcos Fustero Serrano, fundador de Play Rec Producciones: “Si no se llega a utilizar completamente el dinero, no se puede utilizar en otras áreas como la postproducción”, agrega.

“La película destapó conflictos internos que estaban escondidos en El Salvador, es una protesta, debido al poco apoyo que se le ha dado al cine en este país”, puntualiza.

Pero Menéndez es de los que quieren que las cosas cambien, e incluso sus trabajos poco a poco han ayudado a abrir camino a la industria. Por eso, él y varios creadores más están luchando para que se apruebe una ley de cine.

“No te puedo decir que el gobierno nos apoye [a nivel industria], ya que hay muchas trabas burocráticas, como en cualquier país del mundo”, asegura el director.

Sin embargo, sí ha habido ayuda. Por ejemplo, Andre Guttfreund, también productor de Malacrianza, mostró el trabajo a Luz Estrella Rodríguez, viceministra de Economía, quien al ver la historia se dio cuenta que era posible hacer ficción en El Salvador y expandió los premios Pixels a este género, pues hasta ese entonces originalmente reconocían con apoyos a las mejores animaciones digitales y de videojuegos, con el fin de impulsar el desarrollo y la consolidación de las industrias creativas.

A partir de ese momento, el país ha invertido 2 mdd en la generación de películas, gracias al premio Pixels Award, indica Menéndez: “Tal vez para México y otras naciones sea muy poco dinero, pero para nuestro país no lo es, porque nunca hubo un apoyo directo”.

La película Malacrianza también se ganó la confianza del Ministerio de Economía (Minec), el cual invirtió en este proyecto cinematográfico.

En el tema económico, además de los apoyos gubernamentales, para lograr el sueño de ser cineasta Menéndez ha tenido que instrumentar diferentes modelos de negocio con el fin de hacer rentables sus proyectos.

Entre ellos están el financiamiento de productoras canadienses como Sivela Pictures, y las alianzas estratégicas formadas con la productora de cine, televisión, comerciales y videoclips Ítaca Films México, lo que permitió crear sus más recientes largometrajes: Malacrianza (2014) y La Palabra de Pablo (2017).

Antes sólo había podido sacar adelante cortometrajes, como Parávolar (2008), Cinema Libertad (2009) y Nada (2015), los cuales han sido exhibidos en más de 40 festivales de cine de México; Montevideo, Uruguay; Santiago de Chile; Santo Domingo, República Dominicana, y Buenos Aires, Argentina, entre otros.

Ni tantito mala

El largometraje Malacrianza recibió premios a Mejor guión y a Mejor actriz en el Central American International Film Festival 2016. Como anécdota, durante cuatro meses se tuvo que trabajar sin apoyos económicos:

“El mayor problema que tuvimos con Malacrianza fue que no teníamos presupuesto, y eso dificultó sobre todo el transporte y la alimentación. Fue duro filmar bajo esas condiciones”, describe el cineasta centroamericano.

Otro de los problemas fue realizar las grabaciones en una zona que era controlada por una de las pandillas salvadoreñas, un riesgo para todo el equipo, por eso más que pedir permiso al gobierno y a la policía, lo tenían que obtener de los criminales.

El staff de Menéndez también encontró problemas económicos cuando llegó a la parte de postproducción, por lo que tomó la decisión de tocar las puertas de Ítaca Films, la cual invirtió 100,000 dólares, con los que pudo terminar esta etapa.

Una vez terminada, Malacrianza se presentó en el Festival Latinoamericano del American Film Institute (AFI), en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, en el Festival Internacional de Cine de Panamá, en el Chicago Latino Film Festival, en el International Film Festival Innsbruck, y en el Festival de Cine Latinoamericano de Vancouver.

En canales premium

La carrera de Menéndez se ha visto impulsada por La Palabra de Pablo, la cual HBO Go estrenó el 28 de septiembre, luego de que HBO para Latinoamérica y Sony adquirieron la historia cuando ya estaba terminada.

La primera exhibición de la cinta fue en abril de este año en la ciudad de Chicago, Estados Unidos, y narra la vida de Pablo y de su padre, quien sale con una joven chica. Esta relación lleva a Pablo a recurrir a mentiras para separarlos, y convencer a su progenitor de que la mujer le es infiel con el hermanastro de Pablo.

La historia tiene mucha influencia de Otelo, pieza legendaria de William Shakespeare, debido a su carácter trágico y que tiene a los celos como hilo conductor.

“La Palabra de Pablo surge de una época en la que estaba obsesionado con Shakespeare. Pablo está basado en Yago, de Otelo. Me parece un personaje fascinante. El más malo de la literatura”, comparte Menéndez.

“Es una historia honesta que está bien pensada y narrada, con gran autenticidad y un gran corazón, contada por un autor con diversos trabajos en un país donde no hay una industria”, dice Santiago García Galván, ceo de Ítaca Films México.

Otra de las aportaciones de la película es que logró abordar temas distintos a los que se suelen contar en el país, pues están relacionados con la cotidianidad y la guerra, ahonda Ruiz, de Comsal.

Además, el largometraje cambiará el modo en que se realizarán negociaciones con las productoras del país, observa Fustero de Play Rec.

A pesar del éxito, Arturo Menéndez quiere seguir impulsando sus historias en la pantalla grande, pero también desea incursionar en la industria de las series, las cuales considera un gran ejercicio: “Uno filma mucho y es un gran entrenamiento para seguir haciendo películas”.

 

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