Por Gabriela Rocha*

En 1973 se incorporaron los primeros airbags (o bolsas de aire) a los coches. La innovación fue recibida con ilusión, y representó un avance importante en la mejora de la seguridad automóvil. Sin embargo, los primeros reportes de su funcionamiento indicaban que las mujeres y niños eran tres veces más susceptibles de sufrir algún tipo de accidente que los hombres. Nos adelantamos al 2014 y el corazón artificial más moderno, de última tecnología, funciona en el 80% de los hombres y sólo en el 20% de las mujeres.

La razón de que estas innovaciones tecnológicas no responden a la mitad de la población, reside principalmente, en que existe una falta de diversidad en los equipos de tecnología. Hoy, sólo 10% de los programadores son mujeres, y a pesar de los esfuerzos para disminuirla, la brecha sigue creciendo. Sin ingenieras en los equipos de tecnología para brindar una perspectiva diversa que responde a las necesidades de la otra mitad de la población, los productos seguirán quedándose cortos.

En los últimos años, Laboratoria ha contribuido a brindar talento diverso para cientos de empresas de América Latina, fomentando una economía digital más diversa e incluyente. Aquí exploro algunas formas de cómo podemos alcanzar mayor diversidad en los equipos, asegurando mejores productos para nuestros usuarios.

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1) Redefinir nuestra idea de Talento. En Laboratoria aprendimos temprano que el talento se mide identificando el potencial de aprendizaje y las ganas de superarse de la persona, no necesariamente  por su conocimiento y experiencia previa. Debido a la tremenda desigualdad que existe en el acceso a oportunidades en nuestra sociedad, en México hay más de 15 millones de jóvenes sin empleo y sin estudios. Si buscamos talento únicamente entre aquellas personas que tuvieron acceso a buena educación y a buenas oportunidades de trabajo, estaremos ignorando un porcentaje enorme de personas con potencial.

Además, con la creciente automatización en la economía, los trabajos del futuro nos son desconocidos. Limitarnos al conocimiento y experiencia en las áreas de trabajo que son valoradas hoy, nos cierra la posibilidad de explorar habilidades que harán la diferencia mañana. Con la alta demanda por talento y la necesidad de una mayor diversidad, buscar personal donde nadie más lo está buscando puede ser la clave del éxito.

2) Invertir en una educación alternativa. En México, cerca del 50% de las personas desempleadas tienen estudios superiores. Tenemos que repensar los métodos de aprendizaje de nuestro sistema educativo tradicional. La educación debe ser capaz de reinventarse constantemente, entendiendo que no todos aprendemos de la misma manera, o al mismo ritmo. Necesitamos innovar y crear más oportunidades de acceso a una educación alternativa de alta calidad, orientada a la demanda del mercado, y asequible para todas las personas. Sólo así lograremos formar los jóvenes de hoy para los trabajos del futuro.

3) Pasar de una cultura del diploma a una cultura de la competencia: Redefinir nuestra idea de talento y formar a través de otros modelos de enseñanza va de la mano con quitar ciertas barreras de entrada en el mercado laboral. En vez de requerir CVs y títulos, las empresas pueden reclutar  a sus candidatos de forma diferente, simulando dinámicas de trabajo que les permitan observar en acción, evaluar sus competencias técnicas, culturales y socio-emocionales. Tenemos que pasar de una cultura del diploma a una cultura de la competencia, y los procesos de reclutamiento deben reflejar esa búsqueda por habilidades y perfiles diversos.

4) Cultivar la inclusión. Para lograr productos de calidad que responden a todos los usuarios, debemos generar una cultura de empresa que abraza las diferencias entre las personas, fomentando un ambiente de trabajo seguro para todos, creando espacios de libre expresión, dando voz a aquellas ideas y perspectivas inesperadas. El sector público también tiene que cumplir un rol importante aquí, impulsando políticas públicas que fomentan acceso equitativo a las oportunidades de trabajo, eliminando las barreras que se presentan cuando ciertos beneficios o derechos son dados más a una población que a otra.

Los invito a adoptar estas prácticas en sus equipos, haciendo de la diversidad e inclusión parte del modus operandi de nuestra economía. La diversidad no sólo de género, sino socioeconómica, étnica, cultural, geográfica, etc., es fundamental para el buen desarrollo de productos porque asegura que las necesidades e intereses de todos. Garantiza una diversidad de perspectiva que enriquece el proceso de ideación de un producto, inspirando creatividad, e impulsando mayor innovación. Un equipo diverso es la clave para poder enfrentar una multitud de retos y ya es hora de que se vuelva realidad.

*Socia VP of Growth de Laboratoria.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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