Lo único que se me viene a la mente es pensar algunos consejos para sobrevivir a las campañas electorales que vienen. Más que consejos son las acciones que yo mismo tomaré para no caer en el garlito de los ataques cibernéticos de las huestes digitales de uno o de otro partido, bots, rusos cibernéticos queriendo joder al prójimo que ni conocen, fanáticos partidistas o ilusos que replican notas porque les gana la emoción.

Para empezar, tenemos que entender que las noticias falsas no son nuevas, simple y sencillamente, están generalizadas. Antes, los grandes grupos de poder (políticos o empresarios) usaban a los medios de comunicación para esparcir los rumores, unos en la calle y otros pagando a través de sus medios o de sus periodistas afines; en aquellos tiempos, aún sin redes sociales, esto era un monopolio de los poderosos y los medios. La digitalización democratizó, para bien, esta capacidad, ahora la tienen “los ciudadanos” ya que pueden opinar, generar noticias, criticar o denunciar lo que sea; para mal, porque cualquiera puede destrozar y difamar también a cualquiera.

En esta locura cibernética y digital, los mismos grupos de poder han diversificado su inversión, ya no usan sólo los medios para atacar al gobierno o a sus competidores, ahora tienen expertos, agencias, algoritmos grupos dedicados a generar encuestas y noticias en contra de los enemigos, al fin, cualquiera puede crear un meme, una historia falsa y/o disfrazarse de ciudadano para apoyar a cualquiera, incluso, está demostrado por autoridades europeas, hasta los rusos en su afán, como decía la caricatura de Pinky y Cerebro, de dominar el mundo.

En la historia de la humanidad, los grupos de poder siempre han aprovechado dos situaciones, la falta de interés de la población por los temas gubernamentales y lo poco informados que se encuentran, ya sea por un bajo nivel educativo, falta de entendimiento (hacer la política complicada cuenta) o por flojera de informarse, si a esto le añadimos que las noticias falsas y hasta las encuestas están dirigidas a pegar directamente en el sentido emocional de las audiencias, ahí tenemos la combinación explosiva para que un rumor, una noticia falsa o una encuesta sesgada cumplan su objetivo para lo cual fue creado: cambiar actitudes o simplemente generar incertidumbre.

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La única forma de no caer en este juego, obviamente, es tratar de mantenerse informado, verificar la información en medios formales, uno o dos medios distintos, y hasta habría que leer medios que son ajenos a nuestra ideología o gusto, sólo con el fin de escuchar las diferentes versiones y así tener a la mano lo que dice cada uno de los grupos encontrados, para generar un criterio del tema. Es muy importante dejar la emoción y el apasionamiento fuera, sino la hacemos el ejercicio es inútil. Hoy, el apasionamiento por odios a unos y amor por los otros está cegando la conciencia racional de los ciudadanos.

Hay que entender también que los políticos (todos, no se salva ninguno) son como las encuestas, dicen lo que la gente quiere oír y cuentan sólo una parte de la versión de los temas; en el caso de las encuestas, si alguien va y les pregunta a los amigos del candidato, pues todos van a decir que sí lo conocen y que va ganando, y nosotros los humanos siempre queremos votar por un ganador, por eso movemos nuestras preferencias según reportan las encuestas. Claro, aunque este ganador nunca nos vaya a hacer caso, ahí está el acto emocional.

La única manera de sobrevivir a esto es interesarse por los temas y evitar estar mal informado, sé que cuesta tiempo, pero al final del día es nuestro país, nuestro futuro y no olvidemos que nos pegará directamente en nuestra vida diaria del futuro.

 

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