En la actualidad, las organizaciones consideran a la administración moderna como un proceso en el cual se diseña un proceso de trabajo, se planea la forma de aterrizarlo y se mantiene un ambiente armónico que nos lleva a trabajar en forma productiva. Para el logro de estos objetivos se necesita la coordinación de varios elementos vitales que se llaman funciones tales como: Previsión, Planeación, Organización, Integración, Evaluación y Control. Sin embargo, no es suficiente. Sabemos que muchos proyectos tienen todo en papel, perfectamente planteado y las cosas no fluyen como se espera. ¿Qué pasa? O, bien. Hay corporaciones que no tienen todo perfecto y que tienen resultados productivos, ¿por? Entre muchas respuestas, puedo afirmar que se debe a la gestión del líder. Un líder tiene que saber que su conducta afecta los resultados de su equipo de trabajo. La persona que dirige tiene un efecto directo en el desempeño de su personal. En psicología y pedagogía hay un concepto que denominan: el efecto Pigmalión, se refiere a la potencial influencia que ejerce la creencia de una persona en el rendimiento de otra. Supone, por tanto, un elemento relevante en el terreno profesional al formar equipos de trabajo productivos.

En el mito griego, Pigmalión, rey de Chipre, se dio a la búsqueda de la mujer ideal con la cual casarse y le dedicó muchísimo tiempo a esta faena. No era que no existieran candidatas, el problema era la condición: debía ser la mujer perfecta. Frustrado en su búsqueda, decidió no casarse y dedicar su tiempo a crear esculturas preciosas para compensar la ausencia. Una de estas, Galatea, era tan bella que Pigmalión se enamoró de la estatua. Mediante la intervención de Afrodita, Pigmalión soñó que Galatea cobraba vida. Al despertar, el rey de Chipre se encontró con Afrodita, quien, conmovida por el deseo del rey, le dijo “mereces la felicidad, una felicidad que tú mismo has plasmado. Aquí tienes a la reina que has buscado. Ámala y defiéndela del mal”. Y así fue como Galatea se convirtió en humana. La sabiduría griega nos permite identificar el efecto Pigmalión cuando: una persona consigue lo que se proponía previamente a causa de la creencia de que puede conseguirlo. Rosenthal y Jacobson sostienen que: “Las expectativas y previsiones de los líderes sobre la forma en que de alguna manera se conducirán los subordinados determinan precisamente las conductas que de ellos esperan.” El efecto Pigmalión es una profecía autocumplida. Dicho de otra forma, es una expectativa que incita a las personas a actuar en formas que hacen que la posibilidad se cumpla. Se trata de tener confianza en nuestra gente y demostrarla.

Es verdad, no podemos ser ingenuos: la gestión de un líder se relaciona con varios recursos de operación, con el manejo del dinero, el aprovechamiento de los materiales. No obstante, el recurso clave de cualquier equipo de trabajo son las personas que realizan las labores para las organizaciones. También, hay que decirlo, es el más ignorado. Nos llenamos la boca con palabras melosas sobre lo relevante que es el talento en la organización y descuidamos las formas en las que nos relacionamos. Es responsabilidad del líder hacerse cargo y tomar acciones, por la sencilla razón de que eso es conveniente para el desempeño y productividad de la empresa.

No es fácil, el tema del manejo de la gente es complejo y no hay fórmulas que tengan palabra de honor. El péndulo del liderazgo a recorrido varias veces el camino, va de un extremo al otro: desde lo autocrático hasta lo participativo, desde la rigidez hasta la laxitud. Y, lo que tenemos que tomar en cuenta cuáles son las habilidades de liderazgo que debemos identificar y jerarquizar para poderlas desarrollar. Las formas en las que un líder puede influir para bien y para mal en el desempeño de su equipo de trabajo son determinantes. Tenemos que poner atención en las forman en que nuestras conductas influyen, positiva o negativamente, en el desempeño del trabajo.

El efecto Pigmalión es el efecto mediante el cual las creencias y expectativas respecto a alguien, afectan su conducta a tal punto que se provoca la confirmación de dichas expectativas. Es decir, el resultado de un subordinado está directamente relacionado con el comportamiento que tenemos hacia esa persona. Si un jefe entra a un área donde están sus obreros y observa a uno de los supervisores, con quien tiene afinidad, le da una sonrisa de lado a lado y además habla con un tono amigable y le ofrece tareas que fomentan el crecimiento intelectual, seguramente influirá en el desempeño de esa jornada.  Podemos creer que, hasta ese momento del día, el supervisor no tenía ningún sentimiento —ni positivo ni negativo—sin embargo, ante estos estímulos es más sencillo que empiece a sentir gratitud por el jefe. Es muy posible que, sin darse cuenta, el jefe propició un resultado en la relación entre él y su colaborador, que impactará en el desempeño y en la productividad, que fue favorecida por acciones propias que no ha observado pero que ha realizado realmente. Una acción positiva generó un círculo virtuoso.

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Por otro lado, también existen el otro lado de la moneda del efecto Pigmalión. El jefe no aprecia a un supervisor por cualquiera que sea la causa: no hay buena comunicación, hubo errores del pasado, se generaron expectativas fallidas, el supervisor no tiene ningún tipo de opinión sobre su superior. Cuando llega el jefe lo hace con cara agria, tono imperativo y le asigna tareas que están muy por debajo de la capacidad de su colaborador. El supervisor tiene más probabilidades de acabar realizando sólo ese trabajo ya que recibe estímulos que le dirigen hacia esa situación. Al final el jefe termina profetizando algo que se va a cumplir por sus propios hechos. Es el típico comentario: “Ya sabía que no iba a dar más” y tal vez, hubiera podido dar mejores resultados.

Por lo tanto, es importante saber que es responsabilidad del líder generar profecías positivas que se cumplan en el futuro, es decir, que se orienten a la tarea y cumplimiento de fecha señalada; que vigilen procesos; que tengan una planificación realista; que abonen a una organización armónica. Necesitamos liderazgos que nutran, animen y proporcionen redes de comunicación, que sean creativos e innovadores, que exista quien sea capaz de identificar los talentos y pueda cumplir con alguno de ellos cuando note su ausencia. Un líder está al pendiente y se da cuenta de que muchos signos que recibe el colaborador son creados por el jefe de forma velada incluso para él mismo. La falta de confianza para que alguien desarrolle su potencial está directamente relacionada con la falta de autoconfianza para contribuir en el desarrollo de ese potencial. Es momento de poner atención y darle la vuelta al círculo. Podemos generar mejores profecías para cumplirlas y tener los resultados que queremos obtener. Así, podemos aspirar a la recompensa de Pigmalión, vale la pena intentarlo.

 

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Blog: Las ventanas de Cecilia Durán Mena

 

La autora es consultora, conferencista, capacitadora y catedrática en temas de Alta Dirección. También es escritora.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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