Cuando nadie imaginaba la debacle de la industria disquera y el surgimiento del streaming, Nortec ya consolidaba un proyecto de música compartida y abierta para todo el público. Ellos llegaron primero a lo que hoy es el futuro del negocio musical. Ésta es su historia.

 

Foto y video: Julio César Hernández y Gretta Hernández

 

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En 2006, Nortec Collective se apropió el escenario del Palacio de Bellas Artes con cajas MPC, proyecciones visuales, luces y una banda con acordeón, trombón, tuba y trompetas. El colectivo de djs demostró que la música electrónica podía convivir de manera armónica con los ritmos tradicionales mexicanos.

“El objetivo de Nortec fue crear una representación audiovisual de lo que Tijuana significa para nosotros. Ese estilo ha ido evolucionando a la par que contamos con más tecnología y la propia ciudad se ha ido transformado”, dice Pepe Mogt en entrevista con Forbes México.

En ese entonces no había muchas personas que pensaran que la fusión se convertiría en una tendencia en materia de ritmos en México, pero tampoco había quien apostara a que las disqueras atravesarían una crisis ante el cambio de formatos. Las dos tendencias se materializaron. La clave para que Nortec transitara con éxito la nueva realidad de la industria musical fue justamente su visión fuera de lo convencional.

Ese concierto en Bellas Artes fue la primera aproximación de muchos capitalinos a un fenómeno de música electrónica fusión del que se conocía poco. Afuera del recinto se instalaron pantallas y bocinas, y muchos transeúntes, que no sabían que aquello era parte de un festival cultural, interrumpieron su camino para escuchar el ritmo que se sentía familiar, pero a la vez fresco y moderno por el toque de los sintetizadores.

Los reflectores apuntaron a un movimiento cultural que se consolidaba en la zona fronteriza e incluye ahora música, danza, teatro y literatura. En ese entonces, los creadores de Nortec apostaron por una reingeniería de la música electrónica, incluso crearon su propio sello discográfico, Mil Records, con el que produjeron sus primeros álbumes, siempre al margen de la industria convencional.

Ahora, a casi 10 años de ese histórico concierto en que el acordeón y la trompeta se mezclaron de manera armoniosa con los sintetizadores, Ramón Amezcua y Pepe Mogt  despiden con un último disco ese sonido, el sonido de Nortec.

El proyecto surgió a finales de los noventa, cuando Pepe y Ramón experimentaron con la mezcla de sonidos de acordeones, piano, tuba, trompetas y panderos con sampleos electrónicos.

El resultado fue un ritmo al que poco a poco empezaron a sumarse otros músicos como Pedro Gabriel Beas, Hiperboreal; Jorge Verdín, Clorofila; Fernando Corona, Terrestre; Ignacio Chávez, Plankton Man, y Roberto Mendoza, Panóptica. Cada uno tenía una visión sobre el sonido de Nortec, pero el eje era el mismo: la mezcla de la música regional mexicana con propuestas de sonidos electrónicos.

Una nueva industria musical

A la par que el colectivo confeccionaba su estilo, la industria musical sufrió una revolución: el desarrollo de plataformas de distribución gratuitas como YouTube implicaron un reto a la venta de discos.

Los programas para compartir y descargar archivos se convirtieron en una pesadilla para las disqueras y la regulación dio pie a la creación de nuevos modelos.

Entre 2010 y 2012, Apple consolidó su servicio de venta de música en respaldo digital para iTunes, posteriormente surgirían SoundCloud y Spotify. Cada plataforma tiene características distintas en operación, pero comparten un objetivo común: permitir que cualquier persona con una conexión de internet tenga acceso a ritmos de todas partes del mundo.

Para la industria disquera, 2010 se convirtió en el año en que la crisis se hizo evidente. La revista Billboard reportaría en mayo la peor semana en venta de discos en la historia, con menos de cinco millones de unidades.

Poco a poco, la proporción de ventas globales de música se han ido inclinando a un porcentaje 50-50 entre respaldos físicos y virtuales, según la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI, por sus siglas en inglés).

Los datos para México arrojan que en 2014 la industria discográfica tuvo ingresos por 130.3 millones de dólares (mdd), que comparan de manera negativa con los 132.1 mdd reportados en 2013.

“La industria musical es ahora más que nunca de los creativos. Hubo un tiempo en que las disqueras eran fundamentales: se requería toda la infraestructura de los estudios para la grabación de álbumes y todo el aparato mercadológico para que un artista se diera a conocer. Ahora, basta un iPad y redes sociales para generar un track que pueda ser escuchado por el mundo entero”, dice Pepe Mogt, Fussible.

Pepe relata que la tecnología ha facilitado las condiciones para crear y distribuir piezas musicales. Al principio, cada tocada implicaba el traslado de las pesadas cajas MPC a cada concierto; con el tiempo, basta una tablet para controlar cada sonido. El disco Bulevar 2000, por ejemplo, se concibió y grabó en primeras versiones durante la gira de promoción de su disco previo, Tijuana Sound Machine.

 

Tijuana, la musa

Todos los días pasan por la frontera de Tijuana más de 120 millones de dólares en mercancía de exportación, según datos de los organizadores del festival Tijuana Innovadora. La ciudad fronteriza no sólo es un lugar de paso para mercancía; también es el lugar de llegada donde se conjuntan los estilos de música vernácula: la banda sinaloense, el mariachi jalisciense, los corridos norteños de Nuevo León.

Ramón Amezcua, Bostich, afirma que el disco Motel Baja, con el que el dúo decidió cerrar el ciclo del sonido de Nortec, ha sido la culminación de una trilogía con narrativa que describe la atmósfera de la ciudad fronteriza.

Motel Baja es el último disco que sacamos con el sonido de Nortec; es parte de una trilogía que inició con el Tijuana Sound Machine, cuyo emblema era un auto que no sabíamos si caminaba o volaba, pero te llevaba por diferentes lugares y situaciones de nuestra ciudad, y que reflejaba el momento histórico que vivía Tijuana en 2009: violencia, caos, fiesta.”

En 2011 surgió Bulevar 2000, cuyo nombre se inspira en una vía de autos que buscaba facilitar el tráfico en la ciudad, pero que se convirtió en escenario de episodios violentos en tanto las noticias se volvían hostiles en la frontera.

Para Bostich, Motel Baja es un disco muy especial porque refleja sus influencias musicales, que abarcan a grupos e intérpretes como Kraftwerk o Mr. Coconut. Algunos de ellos, incluso, colaboran en algunos de los temas.

“Todas esas colaboraciones y el sonido que logramos con este disco nos llevaron a tomar la decisión de que era el disco y el sonido de Nortec que nosotros buscábamos cuando se conceptualizó este sonido. Hace 15 años soñábamos con un sonido de Nortec como el de Motel Baja; por eso, éste será el último”, dice.

En esta última gira con el sonido de Nortec, Ramón y Pepe han sido protagonistas de festivales en Estados Unidos, Argentina y Europa, algo que antes parecía reservado sólo para artistas respaldados por la industria tradicional.

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El sonido que idearon a finales de los noventa en Tijuana ha llegado hasta ciudades como Venecia, Berlín, Palermo, Londres, Quebec, Medellín, San Francisco… La lista resulta larga y las fechas se siguen pactando con ayuda de las redes sociales, donde sus seguidores comparten las canciones. Eso, dice Pepe Mogt, es uno de los principales factores para pactar fechas para tocadas en el extranjero.

 

¿Adiós a Nortec?

Ramón Amezcua y Pepe Mogt explican que han llegado al sonido final de Nortec, pero éste no es el fin de la experimentación y de su evolución como creativos.

“Se cierra Nortec, pero aún queda por contar en música electrónica. Cada uno tiene sus proyectos de música electrónica. Seguiremos trabajando con los sintetizadores y cajas de ritmos al 100%”, afirma Ramón.

Como parte de los proyectos de cierre, los músicos trabajan con el cineasta Gregory Allen en la realización de una cinta en la frontera del documental sobre la historia del sonido de Nortec.

“Él es un gran director y dijo que quería hacer la película de Bostich y Fussible, de cómo empezamos; le gustó el título de Motel Baja. Quiere hacer una película que tenga que ver con la historia de Baja, todas las cuestiones culturales que existen y se desconocen, porque todavía hay lugares que son totalmente vírgenes. Es una zona muy desolada que falta descubrir. Aunque nosotros somos de allá y conocemos muchas partes, nos falta recorrer y conocer. Se va a tratar de un viaje”, dice Ramón.

En cuanto al futuro de la industria, Pepe Mogt está convencido de que ha llegado un nuevo momento en el que sólo los músicos realmente creativos podrán consolidar sus carreras a través de nuevas plataformas.

Ante el fin del proyecto Nortec, ambos músicos seguirán siendo rebeldes dentro de la industria. Actualmente, Fussible suele producir tracks con su proyecto La4, los cuales se caracterizan por rescatar sonidos de instrumentos representativos de las décadas de los sesenta, setenta, ochenta y noventa. Posteriormente, las canciones se suben a la red para descarga gratuita; el objetivo es que los músicos y productores puedan usar esos sonidos y samplearlos.

“El negocio de la música se está moviendo. Realmente está en una fase de nubosidad. Hubo un colapso de las compañías disqueras que ya pasó. Pese a la música en línea y plataformas como Spotify, aún hay muchos huecos que no se han cubierto. Estamos en un momento muy interesante porque cualquier persona nos puede sorprender con una idea muy novedosa, y esto puede beneficiar a la industria. A nosotros, por ejemplo, nos ha beneficiado la exposición de la música en redes sociales. El contacto con la gente es lo que nos ha mantenido. Ha habido ideas nuevas, pero no ha llegado todavía un modelo sólido para el negocio de la música… Es un negocio para los creativos.”

 

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