Germinal es un poco más que un festival, que celebra el eclecticismo, el arte, el medio ambiente y la diversidad: un regalo gratuito para esta ciudad. 

 

Hay una afirmación que versa en torno de que cada tanto, cuando la crisis social está en su punto más crítico pueden surgir las piezas de arte más sublimes que expresen el espíritu de una época. La música siempre ha tenido esa función a flor de piel.

En contraste con el estado de las cosas en México, resulta sano e incluso sorprendente que hoy en día exista un abanico vasto de oferta cultural en cuanto a lo sonoro se refiere; como nunca, este 2014 ha estado lleno de conciertos, festivales musicales, intervenciones sonoras o eventos privados en torno de la celebración de la música y sus más diversas vertientes.

Diversidad, palabra que se usa cada tanto para denotar la diferencia y que pocas veces se asocia con el sentido primigenio de su origen, que está enfocado más al vínculo y la identidad que a la evidencia de las particularidades. Los festivales musicales suelen ser un escenario perfecto para ello; sin embargo, la industria mercadotécnica, las activaciones publicitarias y los objetivos meramente monetarios han dado al traste con una proliferación de eventos en los que abunda el mismo esquema de grupos musicales y la cerveza en pos de un abanico de marcas.

Ante este panorama, los esquemas mixtos de coinversión cultural han venido a impulsar en el DF festivales que logran rescatar la diversidad, la diferencia y las propuestas con mayor contexto cultural, que los multitudinarios eventos con marcas de por medio. Sin estar peleados con los patrocinios, en festivales como NRMAL o Bestia, por poner dos grandes ejemplos de este años, los esquemas de colaboración mixta han decantado en una oferta cultural y de espectáculo, si se quiere, de alto calibre y calidad en todos los niveles.

Este año, el músico, artista sonoro y gestor cultural Rogelio Sosa encabeza el Festival del Bosque Germinal, iniciativa apoyada principalmente por Protovecka y Conaculta. Se trata de una celebración de cinco días, en los que el arte y el medio ambiente son los protagonistas, en un festival dentro del Bosque de Chapultepec (en la Casa del Lago Juan José Arreola, principalmente), y abierto al público.

Música, cine, arte sonoro y videoarte son los cuatro ejes en los que Sosa y su equipo se apoyaron para traer en esta edición de Germinal una curaduría que parece el ensueño de buena parte del público especializado de México, que gusta de los artistas que veremos del próximo miércoles 26 al domingo 30 de noviembre. Un cartel que equilibra las propuestas más arriesgadas vistas en iniciativas como Aural o el mismo Bestia, pero que combina el metal y el rock sicodélico, las películas más selectas del catálogo de Mantarraya Films, así como las nuevas propuestas de artistas audiovisuales del país.

En Germinal hay leyendas de peso para los enterados como Arto Lindsay, Eugene Chadburne y Richard Bishop; talento mexicano que se está consolidando, como los tapatíos Lorellee Meets The Obsolete y Terror Cósmico, aunque también hay artistas sonoros que son referencia en nuestro país y fuera de él, como Manuel Rocha o incluso el mismo Rogelio Sosa o el cubano Iván Abreu, e incluyendo nombres de peso dentro de la electrónica y el free jazz, el ruidista Kevin Drumm,  William Basinski y Ken Vandermark.

Un festival de estas características es una suerte de árbol temático, una bocanada de aire fresco para el entorno social que se vive, y un regalo para la ciudad que no busca posicionar una marca, ser la plataforma de ninguna iniciativa partidista (al menos por ahora), o la promoción de una mentalidad en la que todo es gastar-gastar. Germinal es un ejemplo decoroso de que el emprendimiento también tiene que ver con plantar semillas, con compartir las cosas que nos apasionan y con ver futuros y escenarios posibles que salgan, aunque sea un poco, de las directrices empresariales imperantes. Larga vida a Germinal.


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