Cada que toco el tema del emprendimiento se me pone la piel de gallina. Por un lado, soy una firme convencida de que ese es un camino emocionante, fértil y benéfico para las personas y para la economía. Por el otro, estoy cierta de que es una alternativa riesgosa que no es conveniente para todo el mundo. Parece que enarbolo posturas contradictorias y no es así. Emprender es algo serio que debe tomarse con responsabilidad. Ha habido tantas voces que se elevan para animar a la gente a tomar esta ruta y hay tantos que han optado por este sendero con mucha alegría y una enorme ilusión y se han topado con la pared. Es por ello que recomiendo prudencia.

La tasa de fracaso de pequeños negocios es muy alta. Los obstáculos que se deben sortear son muchos y lanzarse sin un plan es tan recomendable como el aventurero que se adentra en el Amazonas sin un mapa. Entre muchos de los inconvenientes que se deben esquivar está la realidad económica. Se lucha contra las precarias tasas de crecimiento, la deslealtad del mercado, la debilidad de la confianza del consumidor, la situación inestable del comercio global y tantas otras.  La realidad es que el índice de naufragios de los pequeños negocios se ha incrementado en más de cuarenta por ciento entre los años de 2007 a 2014, según Patricia Schaefer, que participa el blog: business know how.

Los pequeños negocios son el combustible de las economías del mundo. Representan más del 90% de la actividad económica de la mayoría de los países del mundo. Así que, es imperativo ayudar a preservarlos y advertir sobre los tropiezos y sus razones, así como cuidar sus pasos para que lleguen a tener éxito. Evidentemente, no hay negocio que carezca de riesgo, sin embargo, hay que señalar dónde están esos hoyos para no caer en ellos y precipitar el fracaso.

  • Administración deficiente. Muchos emprendedores inician un negocio sin tener habilidades administrativas. Desestiman la necesidad de saber de finanzas, compras, manejo de inventario, ventas, producción, gestión de talento humano. Por esta razón no logran entender si ya lograron el éxito o si el nivel de pérdida que traen les hará imposible recuperar su inversión.
  • Sobre-crecimiento. Todos los emprendedores sueñan con crecer y llegar a niveles de desarrollo exponencial, pero cuando llega, no están preparados para manejarlo. Crecer implica vender más, administrar mejor, manejar bien el flujo de efectivo, tener capacidad de endeudamiento y pago. Muchos emprendedores se ven sobrepasados por una evolución acelerada y al no poderla gestionar, terminan asfixiados.
  • Mal manejo contable. Los estados financieros son las radiografías de los negocios. Contienen información que nos nutre de datos valiosos para tomar decisiones con un mejor grado de certidumbre. Pueden ayudar a diagnosticar en forma temprana, posibles problemas o apuntalar al negocio. Quien no sabe leerlos e interpretarlos va caminando en una cuerda floja con los ojos cerrados.
  • Mediocridad operacional. Los métodos y procesos se hicieron por algo. Ayudan a los pequeños negocios a hacer las cosas como se deben, es decir, bien: sin desperdicios, aprovechando todos los recursos, con las herramientas adecuadas, en el tiempo preciso. Pero, los pequeños negocios tienden a desestimar los procesos y buscan generar atajos. Todo tipo de organización depende de la repetición de negocio: de alcanzar la estandarización del producto o servicio, con buena atención al cliente. Así lograrán crear, conservar clientes y generar recomendaciones. Si entregamos productos y servicios de calidad irregular, dañamos directamente aquello que debemos cuidar.
  • Gestión incorrecta de recursos humanos. Un negocio pequeño tiene las mismas obligaciones con sus empleados que los grandes corporativos. La relevancia que tiene el buen manejo de la gente se tiende a desestimar. No se lleva a cabo un buen proceso de selección de personal, no se capacita, ni se integra un equipo de trabajo, da miedo despedir a la gente. Entonces, se enfrentan las consecuencias: un negocio con un equipo de trabajo irregular, mal comunicado, que no se entera de los objetivos y que no rinde como se debe.

Los obstáculos que tienen que sortear los pequeños negocios son muchos, tantos como los que sortea una gran corporación. Pocos nos advierten que la mayoría de los negocios que naufragan, se hunden no por la competencia o por la falta de gusto de un cliente por lo que se ofrece. La razón del fracaso es que muchos emprendedores no tienen las competencias empresariales necesarias.

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He escuchado a muchos emprendedores decir que ellos no entienden de números, que les aburren los temas contables y que no es de su interés manejar estos temas. Muchos emprendedores son diseñadores, cibernéticos, gastrónomos, ingenieros o gente que no tiene estudios económicos, legales o financieros. Pero, el que tenga un negocio -sea grande o pequeño- tiene que encontrarles el gusto a estos temas.

Una idea, por más ingeniosa que sea; una oportunidad, por más atractiva que resulte; un nicho de mercado, por más lleno de clientes que esté; si no tiene a una persona que cuente con habilidades administrativas se pone en un punto de vulnerabilidad. La tasa de fracaso se puede revertir si empezamos a entender cómo se debe administrar un negocio. Un astronauta, un peluquero, una diseñadora, un ama de casa, un joven, un viejo y cualquiera que quiera que su proyecto llegue a buen puerto deben manejar y cuidar estos temas.

Estos cinco temas tampoco nos dan el salvoconducto al éxito. No obstante, los emprendedores que conocen de estos temas saben interpretar el entorno en el que se encuentran y en esta condición tienen datos que les permiten arropar a su proyecto. Sabrán tomarle la temperatura y medirle el pulso para después tomar decisiones benéficas.

¿Por qué fracasan los pequeños negocios? Por una simple razón: no sabemos interpretar los datos que nosotros mismos estamos generando. La solución es sencilla, podemos darle una vuelta de tuerca y entender las razones de los naufragios. Prepararnos y capacitarnos antes y durante la vida del proyecto para entender y salvar los obstáculos. Animar el emprendimiento implica, necesariamente, alentar a los emprendedores a desarrollar habilidades administrativas.

 

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Blog: Las ventanas de Cecilia Durán Mena

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