Por Mario Chao*

La transformación digital es un tema recurrente en los medios generalistas o especializados de todo el mundo, y por supuesto, también ha llegado al sector hospitalario, a veces incluso sin que los propios actores sean muy conscientes del impacto y profundidad de los cambios que vienen. Transformarse digitalmente no es “informatizar el hospital”, ni tampoco “hacer apps”, o “facilitarle al paciente que haga sus citas por Internet”. Si bien estos elementos pueden ser parte en un proceso de transformación, no podemos reducir ésta al uso de unas tecnologías concretas ni confundir las formas con el fondo.

La transformación digital es un proceso continuo y complejo, multidimensional, vinculado a factores sociales, económicos y tecnológicos que trascienden las paredes del hospital. De esta forma, el primer paso real que debe asumir un gestor hospitalario es ganar conciencia que no hablamos de una moda, sino principalmente, implica un cambio de mentalidad de todo el proceso hospitalario para pensar en clave digital. Sin duda, un buen punto de partida parece obvio: colocar al paciente en el centro de esta transformación.

En ese sentido, los hospitales viven actualmente en su propio mundo de dos velocidades: el crecimiento y la tecnificación imparable de procedimientos médicos y de técnicas diagnósticas con avances sorprendentes en los materiales de uso clínico o el uso de medicamentos inteligentes; que contrastan radicalmente con métodos organizativos tradicionales y burocráticos.

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Los hospitales deben empezar entendiendo al paciente en su integralidad, comenzando no sólo por la dolencia que le ha llevado ahí (o mejor aún, evitando llegar ahí), sino también por su contexto, su forma de vida, sus hábitos, su entorno familiar y social. Entender que el paciente es y será cada vez más, un sujeto digital activo con acceso a tecnologías que pueden y deben ser usadas como parte integral y natural de su proceso de atención y seguimiento.

Por supuesto, los pacientes quieren y demandan que su información sea usada integralmente y de manera inteligente. Los datos desintegrados son prácticamente un problema recurrente en toda América Latina, desde la falta de unificación dentro del mismo hospital, o entre el hospital y su área de salud, por no mencionar los niveles administrativos y geográficos superiores (municipal, provincial, nacional, internacional).  Si lográramos conectar la gran cantidad de datos producidos por las organizaciones de salud, y conectarlos inteligentemente con datos que los propios pacientes poseen, o que otras instancias públicas o privadas pueda compartir del entorno social, económico y medioambiental donde el paciente está inmerso, podríamos hacer una gestión extraordinariamente diferente y exponencialmente más efectiva que la que hacemos hoy.

En este aspecto, la capacidad predictiva de algoritmos inteligentes será una fuente de innovación disruptiva para el sector hospitalario, tanto en los procesos clínicos como en los administrativos. Asimismo, la proliferación de herramientas y dispositivos wearables y en general dispositivos conectados, como monitores de fitness, aplicaciones de salud móvil, monitores de glucosa o de presión sanguínea, entre otros, permite a los pacientes un grado de flexibilidad sin precedentes cuando se trata de la gestión y control de su propia salud.

Si aplicáramos la analítica predictiva a todo este inmenso caudal de datos que nos generan y aportan los propios pacientes, con aquellos que ya poseen los registros clínicos electrónicos hospitalarios, así como con otros datos externos generados sobre el entorno; los hospitales podrían hacer verdaderos programas analíticos que les ayuden a fidelizar, retener y gestionar la salud de sus pacientes, al tiempo que analizan el contexto de salud de la población que atienden con una visión más amplia y rica, concepto que cada vez gana mayor peso dentro de las iniciativas estratégicas de los hospitales modernos (population health management).

Sin embargo, es relevante hacer notar que, sin estándares de interoperabilidad, modelos de gobierno de datos, y sobre todo, sin una estrategia digital integral, el inmenso caudal de información generado se torna inmanejable y las inversiones en este ámbito no tendrán el retorno esperado por los gestores.

En resumen, para definir una estrategia digital, los hospitales necesitan enfocar lo digital desde lo estratégico, si quieren que realmente sea una palanca de transformación con cambios reales para ser un líder del presente y del futuro. Finalmente, los hospitales que emerjan como líderes del futuro, no serán aquellos que facturen más o tengan mejores ratios de EBITDA, sino aquellos que sepan interpretar mejor el momento social, económico y tecnológico actual.

*Mario Chao es Vicepresidente Sector Salud everis América.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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