Trovadores extraviados

KarenDalton. Allmusic.com

 Llévame a tu más oscura habitación,

cierra todas las ventanas y todas las puertas.

El primer momento que escuche su voz,

me gustaría estar en la oscuridad, no más.

“Take Me”, Karen Dalton.

 

Alguna vez, durante mi adolescencia, una amiga me llevó a un café a ver un trovador. No recuerdo el nombre del artista, pero sí de sus canciones. Y mucho. Aquellas melodías me parecían monotemáticas, limitadas de vocabulario y de analogía fácil, sensibleras, etc.

Sin embargo, esa vez me quedó la inquietud de que pese a toda la simpleza de aquel individuo con aspecto de bohemio francés de Coyoacán, sus canciones se fueron quedando en mi mente irremediablemente. Era curioso, terminé entendiendo que escribir canciones de nuestro puño y letra e interpretarlas con una guitarra ante un grupo de personas era muy difícil realmente. Algo tienen los trovadores que terminan por cautivar, más allá del gusto.

A partir de aquella presentación me di a la tarea de revisar de cerca el trabajo de los cantautores que para ser más concreto tienen una semejanza mayor a Dylan, que a Fernando Delgadillo (con todo respeto para el autor de “Ten Miedo de Mi”). En el camino me encontré con los viejos cantantes de café, con la canción de protesta, la trova latinoamericana, así como la ola cubana y española.

Para mi sorpresa,  la trova me llevó a otras expresiones que a su vez me hicieron llegar de forma natural a los cantantes folk de occidente. Por extraño que suene para algunos, la obra de El Mastuerzo, Jaime López, Cecilia Toussaint o Rodrigo Gonzalez me acercó al mismo Bob Dylan, a Neil Young, Leonard Cohen o a Joni Mitchel.

Los trovadores, que algunos prefieren llamar sólo cantautores, hacen eco en nosotros por lo cercano que nos resultan sus canciones, por lo fiel de su óptica, lo familiares que son sus fotografías, pero sobre todo por la manera en la que sus melodías nos afectan y nos ayudan a no sentirnos solos, darle una forma más clara a nuestras inquietudes o momentos difíciles.

Sin embargo, sucede muy seguido en el mundo de la música, que muchas voces poderosas y sólidas se pierden entre el mar de éxitos y los millones de discos vendidos. Hay artistas que no lograron el reconocimiento comercial, pero que merecen ser descubiertos y apreciados en su justa medida. En esta ocasión nos dimos a la tarea de seleccionar cinco cartas fuertes que no deben dejar de escuchar, y que de alguna u otra manera han quedado en el plano de los músicos de culto.

1.- Nick Drake. La duda se interpone entre los amantes de la música: ¿si el cantautor inglés Nick Drake hubiera superado sus padecimientos, hubiera logrado el reconocimiento masivo? Muchos optan por una respuesta negativa, ya que se dice que su padecimiento (lo que alguna vez se conociera como un trastorno maniaco depresivo) contribuía en buena parte a la sutileza de sus canciones y lo oscuro de sus melodías. Nick grabó sólo tres excelentes discos de estudio, obtuvo una popularidad casi nimia, y fue redescubierto hasta casi veinte años después de su fallecimiento en 1974. Sus canciones han sido aclamadas por más de un artista de renombre, y su legado ha afectado el sonido de grupos como The Flaming Lips, R.E.M. o The Cure. Escuchar sus discos siempre será una sorpresa y una dulzura frágil sin parangón.

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2.- Bern Janscht. El 5 de octubre de 2011, mientras todo el mundo se conmocionaba por la muerte de Steve Jobs, otro gran personaje partía de este mundo, quedando prácticamente en el anonimato, Bern Janscht, cantautor escoces que tuviera un éxito mediano en los sesenta, con una guitarra y un tono de voz especialmente dulce, sin llegar a ser cursi. Yo la Tengo, Sonic Youth y muchos músicos de la camada del britpop noventero supieron ver en la música de Janscht, la sutileza de los cielos grises y la delicadeza de la vida.

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3.- Michael Chapman. Otro inglés en la lista. Michael Chapman aún vive y sigue creando música maravillosa. Muchos dicen que su tono de voz tiene cierto parecido con el primer David Bowie (no por nada el productor de Ziggy Stardust de aquella época, Gus Dudgeon, le produjo un par de discos a Chapman), y otros más afirman que Michael es algo más que un simple cantautor, ya que tiene una técnica especialmente virtuosa sin muchas florituras para la guitarra acústica.

A principios de la década, con el resurgimiento de los acetatos, los discos de Chapman han sido reeditados y su obra redescubierta, dejando en claro la fuerte influencia que ha tenido en grupos de cepa folk y experimental. En fechas recientes, a Michael le ha dado por experimentar con las notas sostenidas y de largo aliento, generando un parangón trovador y melancólico con los buenos vinos.

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4.- Lal Waterson. Una voz poderosa como pocas, cautivadora en extremo y prácticamente desconocida para muchos, Lal Waterson tenía un estilo pastoso y conmovedor en sus melodías. También perteneciente a la camada de los sesenta, la música de Waterson suele tener un dramatismo al borde de la lágrima sin ser cursi ni meloso en absoluto.

Descendiente de raíces gitanas y con reminiscencias a la vieja Inglaterra, Waterson sabía intercalar de forma muy discreta el jazz ragtime de su voz, con algunos tintes ligeramente pop y estructuras líricas influenciadas por la poderosa poesía de Rimbaud. Todo un descubrimiento para quien gusta de los artistas folk y las letras con sustancias.

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5.- Karen Dalton. La historia de Dalton es otra de esas voces desgarradores perdidas en la soledad, el vicio y el anonimato. Poseedora de una emotividad a flor de piel, quizás comparable con el feelling que destilaba Billie Holiday. En esencia, Karen Dalton sólo grabó dos discos entre 1969 y 1971, para después terminar en el alcoholismo y una casi indigencia que la llevaría a su muerte en 1993. Se dice que esta cantautora tenía un sonido realmente cercano a lo que muchos debieron entender por folk, con una voz aguardientosa pero sumamente delicada y triste, inaccesible para las audiencias pop. Dalton es hoy en día aún un gran secreto esperando a ser contado y una leyenda que guarda lugar como pocas cantantes al lado de Fred Neil, otro grande poco reconocido.

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