Por Manuel Grajales

Alejandro Irías ya participaba en medios audiovisuales. A finales de los años 70 no había mucha gente que hiciera publicidad en Honduras, por lo que sus padres, quienes se dedicaban a esa actividad, acostumbraban a usarlo como modelo en los comerciales.

Siendo todavía un niño, incluso llegó a estar como presentador en programas televisivos.

Así, el mundo de la publicidad y la televisión parecían ser el camino destinado para él, aun cuando por algún tiempo estudió Cinematografía en México. Pero hace cuatro o cinco años comenzó a darse en Honduras un boom de jóvenes que empezaron a tratar de hacer cosas distintas en el cine, lo que lo impulsó a retomar esta actividad.

“Siempre lo digo cuando puedo en entrevistas: A mí me inspiraron los muchachos que se atrevieron a hacer cine en el país antes que yo”, menciona Irías, quien reconoce que a pesar de que tenía algunos guiones y proyectos guardados, con la intención de algún día realizarlos, no se atrevía a llevarlos a cabo.

“Había un poco de miedo de mi parte a no tener las herramientas necesarias, no sólo en la parte de tecnología, sino también en talento humano, en un país como Honduras que todavía se está desarrollando”, explica.

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Cuando finalmente se decidió a involucrarse en el llamado séptimo arte, los reconocimientos no tardaron en llegar. Cortometrajes en donde ha sido productor o director como Justicia Divina o más recientemente La Pulga le permitieron obtener distintos premios en encuentros como el Manhattan Film Festival, en donde ganó de manera consecutiva en 2017 y 2018,  o en festivales de Londres, Berlín o Madrid.

Irías asegura que el tema de los festivales de cine no es tan complicado porque hay muchos en los cuales puedes participar: “Yo creo que lo que en verdad nos hace falta como industria, no sólo en Honduras, sino en toda Latinoamérica, es un asunto de hacer “mucho lobby” en los grandes mercados, para que el cine de la región tenga mayor proyección”, comenta el cineasta.

Y precisamente eso es lo que está intentando hacer con proyectos como La Pulga, el cual, aunque no estuvo en la competencia oficial, sí se exhibió en la pasada edición del Festival de Cannes.

“Siempre es muy emocionante poder aportar un granito de arena de positivismo a naciones como la nuestra que lo necesitan mucho, sobre todo, por tantos conflictos que tiene la región de Centroamérica”, comenta. Además, explica su sentir al ganar en uno de estos festivales y escuchar el nombre de su país junto al de otras naciones como Estados Unidos, Italia y Alemania: “Cuando dicen ‘Honduras’ y te llaman al pódium la emoción se vuelve una algarabía total”.

 

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