Empezó como un evento y hoy es un bosque que le da oxígeno a la cultura totonaca, a las culturas originarias, pero también le da esperanza a otras culturas del mundo.

 

Han pasado 15 años desde que se realizó la primera edición de Cumbre Tajín, y el festival cultural se ha ido colando —poco a poco, y paso a paso— como uno de los mejores encuentros en México. Y eso, en un país como el nuestro, no es cualquier cosa. Y sí: lejos ha quedado aquel inicio (casi) desastroso de sus primeros años…

Y mejor aclaro desde un principio: Cumbre Tajín empezó de una forma vacilante y trompicada, con manifestaciones en su contra de por medio. Tampoco era raro: corría el año 2000, y todos querían festejar el equinoccio de primavera del tercer milenio. El motivo estaba dado, sólo faltaba quién cocinara aquello. Empresarios del ramo turístico y del espectáculo —apoyados por el gobierno en turno— vieron en ello una oportunidad para crear un cuidadoso show (en la zona arqueológica de El Tajín); un modelo integral de preservación del patrimonio y de desarrollo que fuera sustentable y exitoso…

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El problema fue que, a primera vista, parecía que actuaban como un puñado de forajidos que buscaban sacar el mejor provecho. Obvio: las denuncias, demandas y críticas se acumularon: que se atentaba contra la tradición del pueblo totonaca; que se comercializaba sin recato con su cultura; incluso, se llegó a alterar la zona arqueológica para colocar las luces y sonido. Y, sobre todo, que se excluía a los habitantes de la región…

Hoy, sin embargo, aquellas prácticas han cedido y todo ha cambiado (para bien).

El propio director del encuentro, Salomón Bazbaz Lapidus, lo sabe. Y lo presume. De hecho, me corrige: “Yo diría que todo ha cambiado exponencialmente.”

Salomón Bazbaz Lapidus (Foto: Josué D. Romero).

Salomón Bazbaz Lapidus (Foto: Josué D. Romero).

Es una templada mañana, y estamos con él para charlar precisamente de Cumbre Tajín, de cómo ha cambiado, de las críticas aún vigentes y del futuro. Sobre todo, tomando en cuenta que este jueves 19 de marzo (de 2015) empieza, ya, una nueva edición del festival cultural: la número 16.

Justamente por ahí empiezo la conversación, por el pasado y aquellos comienzos controvertidos y polémicos, todas esas cosas mal planeadas. Es obvio que mucho de eso se ha corregido con el paso de los años —apresuro a matizar mis palabras, al ver el rostro serio de Salomón—, que ahora sólo ha quedado como anecdotario todo ello. Pero si partimos de ahí, ¿en qué momento está Cumbre Tajín?

La respuesta de Salomón me toma por sorpresa; se oye muy espiritual: “A mí me gustaría utilizar una metáfora que dijo el recién fallecido don Juan Simbrón, jefe del Consejo Supremo Totonaco: sembramos un árbol de buena raíz, el árbol dio frutos, y dio otras semillas que trajeron otros árboles. Así que lo que empezó como un evento se volvió un programa, luego un proyecto, y hoy es un modelo… Siguiendo con la metáfora, es un bosque que le da oxígeno a la cultura totonaca, que le da oxígeno a las culturas originarias, pero también le da esperanza a otras culturas del mundo.”

3Salomón se toma unos segundos para sopesar lo que dice.

Continúa: “Mira, si el festival en sus inicios también fue polémico, se debió a que cambió la forma, el paradigma, de todos los festivales de México… Aquí no había festivales en los que pudieras acampar, no había festivales integrales; todo estaba dedicado sólo a la música. Por ejemplo, los pueblos indígenas no participaban de su expresión cultural, menos en las ciudades sagradas. Cierto: tuvimos un inicio polémico, pero al final funcionó…”

Aquí le interrumpo: “¿En qué sentido lo dice?”

Salomón responde: “Fácil: que a partir de ello, desde ese primer año, se tuvo un impacto mediático extraordinario. De ahí ha sido un proceso evolutivo… Por un lado, por lo cultura: el festival ha ido creciendo exponencialmente. La verdad es que nunca imaginamos llegar tan lejos, que esté sucediendo lo que pasa ahora… Pero, sobre todo, nosotros tomamos una posición muy importante que también cambió el paradigma de los festivales: tener responsabilidad social. El festival se realiza durante cinco días al año, pero, ¿qué sucede con los restantes 360?”

A partir de esa pregunta, todo cambió, todo creció, todo se modificó. Salomón se emociona al hablar de ello:

“Nos dimos cuenta que estábamos en una región muy rica en cultura, pero, por otro, paupérrima por diversos motivos. Sabíamos que eso tenía que cambiar. No sólo eso: sabíamos que teníamos que crear empleos… ¡Y qué mejor que crearlos a través de la propia tradición! Así nació el Centro de las Artes Indígenas, que recibe más de mil personas a la semana; es una institución educativa conformada por 14 Casas de Tradición que sigue el modelo de enseñanza totonaca… En 2012, la UNESCO lo incluyó en la Lista Mundial de Buenas Prácticas de Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial.”

4.DanzantesSin embargo, ahí no paró todo. “Luego dijimos: de los ingresos de Cumbre Tajín, proporcionemos becas. Hoy —puntualiza Salomón— hemos otorgado más de mil 200 becas a jóvenes universitarios indígenas. Después de esto vino el trabajo con los Voladores: hacer el expediente para que fueran patrimonio de la humanidad. Por fortuna, en septiembre de 2009, la práctica fue reconocida como Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad. Así que las cosas han cambiado mucho…”

 

Crítica, la situación indígena

Le digo a Salomón Bazbaz: De pronto, pareciera ser que el festival ha funcionado como un regenerador de la cultura y la cohesión social…

Él da un imperceptible salto de su silla: “¡Por supuesto!” —exclama.

—Mira —me puntualiza, mientras enfatiza cada palabra—, el festival ha sido un extraordinario detonador de una regeneración cultura en la región. Y no sólo eso: partió de una idea que iba de lo global a lo local, pero hoy toma su fuerza de lo local a lo global. O sea, cuando llegamos a El Tajín, el 95 % éramos los iuwan (es decir, mestizos), y 5 % totonacos. Hoy la ecuación es lo contrario: el 95 % de los que participan son totonacos, y el 5 % somos de otras partes.


—Decía usted que esto también ya es un modelo… —pregunto sin preguntar a Salomón.

—Desde luego que lo es —responde—. Un modelo que han venido a verlo desde varias partes del mundo para replicarlo. Un modelo que ha hecho, por ejemplo, que a través de los impactos mediáticos, la zona arqueológica de El Tajín sea conocida en todo el mundo, al igual que la cultura totonaca. Esto ha provocado que se haya creado infraestructura hotelera, empleos, y muchas cosas más, pero, sobre todo, yo quisiera destacar cómo a través de un evento cultura empieza un desarrollo regional que impacta en la economía, que impacta en el turismo, y que en especial impacta en la cohesión social. Si me preguntas cuál es el mayor logro de Cumbre Tajín, yo diría que hoy un totonaca está mucho más orgulloso de su identidad; también, que El Tajín y la cultura totonaca son más conocidas como una ciudad majestuosa, y como una cultura viva extraordinaria.

5—Si bien es cierto que la comunidad ya asume el festival como suyo, también es verdad que hay un peligro latente… Si usted decide, en un momento dado, ceder la dirección de éste, ¿qué podría suceder con todo lo logrado? ¿El festival pasaría a manos de la sociedad totonaca? ¿Sería capaz de levantarlo como lo es ahora?

—Por supuesto que hay un peligro. Fíjate que el festival ha cruzado tres sexenios ya, y lo ha hecho sin problemas muy serios… Cuando acabó el sexenio de Miguel Alemán, sí hubo una incertidumbre de si el festival seguiría o no. Bueno, pues se juntaron las poblaciones indígenas con las asociaciones de hoteleros y otros prestadores de servicios, y fueron a exigir al nuevo gobierno que se siguiera con el festival. Ahora bien, nosotros lo que hemos tratado de hacer es blindar el concepto. De ahí la importancia de los nombramientos de la UNESCO… Si alguien llega mañana y dice: “Bueno, ya no hacemos festival”, éste ya no puede quitar el Centro de las Artes Indígenas, como tampoco el nombramiento de los Voladores. Pero, además, creo que con el festival todos ganan: ganan los totonacas, ganan los prestadores de servicio, gana la región, gana Veracruz, gana México. Y si me apresuras, gana el mundo. ¿Por qué? Porque escucha una voz que no tenía, o que estaba apartada, olvidada.


—Hablaba de un blindaje para el festival.

—Exacto. ¿Cómo blindarlo? Pues no sólo dependiendo del gobierno, sino hacer alianzas con instituciones nacionales e internacionales, que permitan que esto siga. Tenemos los nombramientos de la UNESCO, por un lado; por otro, tenemos un convenio con el Smithsonian Institution, con la Universidad Nacional Autónoma de México, con el Conaculta, y con otras varias instituciones para poder seguir con el encuentro. Obviamente hay un riesgo. Y cada dirección tendrá su forma de hacer las cosas. Pero yo creo que el concepto ha sido tan importante, y tan arraigado, que funciona… Mira, no sabemos qué pasará en el futuro, pero lo que sí es que se ha creado ya una plataforma, un concepto, que esperemos que quien lo tome, lo mantenga.


—Y, sin embargo, las voces críticas todavía continúan…

—A ellos los invito a que lo vean, que lo vivan, y que luego nos sentemos a la mesa. Muchos de quienes nos critican no entran al festival. Y yo les digo: pasen, vamos juntos, y charlamos. Pero si no entran, dónde está el punto de discusión. Debemos construir juntos a partir de la experiencia. Nosotros, gracias a todo lo que hemos vivido, tenemos una conciencia fundamental de cuidado del patrimonio. Es el valor principal. Yo ya no creo (y lo digo con mucho dolor) en los antropólogos de oficina. Me parece que hay que estar adentro, hay que meterse, hay que platicar y dialogar con todos los actores, incluida la propia sociedad…

6—La idea es que esto, al final, siga creciendo y, por supuesto, enmendar errores, ¿no?

—Claro. Como bien dices, hubo críticas, muchas de ellas válidas y ciertas, pero se enderezó el camino. Lo que era sólo un evento cultural se convirtió en un proyecto y modelo de desarrollo social. Estamos dispuestos a escuchar, nunca ha habido cerrazón; al contrario. Hay que entenderlo muy bien: los pueblos indígenas de este país están en una situación crítica. Así es: crítica. Todos. En el Totonacapan hay una luz, gracias a todo esto…


—Y, desde hace unos años, avalado por la UNESCO, que no es cualquier cosa…

—Exacto. Todos los mexicanos deberíamos participar en mejorar las condiciones de vida de nuestras comunidades indígenas. A nosotros nos tocó la cultura, y sí hemos visto una mejora clara. Ahora, no podemos hacernos cargo de todo lo demás, porque no es ni siquiera nuestro papel. Hay gente que tiene que hacer su chamba. Nosotros lo que hacemos, me parece, y está a la luz, ha funcionado hasta ahora.


—¿Su conciencia está tranquila, entonces?

—Sí. Totalmente…

 

Nota bene: Ya está todo listo. Del 19 al 23 de marzo se llevará a cabo una nueva edición de Cumbre Tajín. Para esta ocasión se tiene previsto un gran número de actividades, entre rituales ancestrales, música, danzas, sanaciones y talleres. Para este año cuenta con una programación musical llamativa, frondosa, mejor equilibrada, y que ha creado gran expectativa. Entre otros, estarán The Flaming Lips, Incubus, Empire of the Sun, Macklemore & Ryan Lewis, El Tri, Maldita Vecindad, La Mala Rodríguez y, claro, Santana.

 

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