La fortuna de ser parte de esta aventura y descubrir con ojos nuevos todo lo que puede ofrecer un mercado del Nuevo Mundo es una experiencia casi religiosa para alguien cuya máxima pasión en la vida es ofrecer sensaciones gastronómicas, únicas al paladar más exigente, y en perfecta armonía con el champán más apreciado del mundo.

Por Marymén de Prado 

Hace ya algunos siglos, el amor por la tierra y por las viejas tradiciones dio lugar al emblema de la Maison, cuyo nombre (un apellido de reconocido prestigio universal) conquistó nuestros paladares con este exquisito oro líquido que es el champán Möet & Chandon.

Fundada por Claude Moët en Epernay, en la región de la Champaña francesa, en 1743, esta casa se convirtió en la proveedora más conocida de vinos entre los nobles y aristócratas de París en los tiempos del reinado de Luis xv (1715-1774). La visionaria estrategia de apostar por la producción de champán en esta época se debió, en gran medida, a la imposibilidad de competir
en el mercado local con los vinos de otras regiones, como Burdeos.

En poco tiempo no había corte europea que no brindara con las burbujas más famosas de Francia. Tanto así que la reina María Antonieta lo decretó como la bebida por excelencia para las celebraciones.

Fue hasta 1832 que se le conocerá como Moët et Chandon, gracias al consorcio formado por el bisnieto de Claude y su cuñado
Pierre Gabriel Chandon de Brialles. Actualmente pertenece al grupo francés LVMH.

Así, en las aproximadamente 1,000 hectáreas de viñedos y bodegas más grandes de la región y con más de dos siglos de antigüedad, se escogen las diferentes variedades de uva para elaborar el champán. Chardonnay, Pinot Noir, Pinot Menieur y
la última incorporación del Malbec. El Möet Imperial mezcla diferentes añadas; el Grand Vintage (10% de la producción) tan sólo lleva una única añada, y es elaborado casi artesanalmente a la manera de antaño.

De la mano del star chef de esta gran casa, Monsieur Bernard Dance, quien gobierna la cocina desde 1984, traspasamos el umbral a un mundo donde el lujo acompaña cada sensación.

El chef tuvo la oportunidad de realizar una visita al mercado de San Juan, en el centro histórico de la Ciudad de México, convirtiéndola en una glamurosa expedición en busca de los ingredientes que logren la fusión de Möet con los sabores mexicanos. Ostras frescas, caviar de beluga, trufas, huitlacoche, chiles, chapulines, mole, pipián…

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Bernard recomienda el preciado líquido espumoso para acompañar la comida mexicana, ya que consigue un equilibrio balanceado en el paladar ante un elevado nivel de especias, junto con el mole, la piña o el foie gras.

El gran chef ya introdujo el mole en sus platos hace 15 años. Acostumbrado a recibir la visita de clientes japoneses difíciles de sorprender, elaboró un platillo de mole con foie gras, frutas y productos de la Champaña francesa. El marisco es uno de los ingredientes más empleados en sus creaciones, pues su sabor auténtico no requiere grandes preparaciones y se complementa con el mejor Möet.

Para sorpreder a los paladares que han viajado por todas partes, ha optado por una especie de regreso a las tradiciones ancestrales, con platos sencillos a simple vista, pero de gran calidad y con ingredientes frescos. Hay que sentir cada elemento
con su propia personalidad y potenciarlo con la bebida. No más de tres elementos sencillos que se reconozcan, de la misma manera que el champán. Así casan plenamente el gusto, el conocimiento y la exigencia de la gente con la esencia de Möet & Chandon.

Con este despliegue de sabiduría culinaria y una lección de “saber hacer”, Monsieur Dance superó cualquier expectativa y nos cautivó una vez más con un arriesgado encargo: la creación de un menú especial para nuestros millonarios Forbes mexicanos.

Aceptando el reto, elaboró una degustación compuesta por sushi de foie gras con trufas blancas de alba, una sopa de nido de golondrina y langostinos reales con caviar Osetra como entrantes, maridados con Moët & Chandon Grand Vintage 2006.

Como plato principal: wagyu y matsutake grillados en sarmientos de vid de Champagne y colchón de papines de Noirmoutier. La elección de los postres consistió de carpaccio de sandía Densuk y crocante con hojas de oro de 24 quilates, maridados a su vez por granita de Moët & Chandon Grand Vintage 2006 y caviar Almas.

Este festín se deberá servir en una magnífica vajilla Baccarat de oro y diamantes. Una vez más, la persona supera su leyenda y nos obliga a dedicarle una rendida admiración ante la simplicidad y elegancia de los ingredientes elegidos.

Möet & Chandon refuerza ese espíritu de fugaz celebración con sus cinco sentidos: se prueba, se ve, se huele, se toca… ¡y se escucha!

Más información:

@MoetUSA

 

 

 

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