Eres joven y seguramente no sabes que comprar algo no siempre fue así de fácil: hace muchos años, lograr un crédito era muy complicado ¡En serio! Para lograrlo te pedían un montón de requisitos nada fáciles de cumplir. Actualmente, a veces con una simple credencial de elector puedes obtener el artículo que quieres y pagarlo en muy cómodas mensualidades. Ya ni siquiera le llaman “crédito”, ahora sólo te preguntan: “¿Lo quieres a meses?”

Comprar un teléfono de 5, 10 o 20 mil pesos (que es mucho más que el ingreso mensual promedio de un mexicano) ahora es algo normal porque lo pagas en 24 mensualidades “muy cómodas”; pero la realidad es que este tipo de compras pueden ser muy peligrosas si no aprendes cómo hacerlas correctamente. Yo he visto personas que compran regalos navideños “a 48 meses”, lo que significa que las próximas tres navidades seguirán pagando el regalo que quizá para entonces ya ni siquiera existirá.

Hechas de la forma incorrecta, este tipo de compras producen enfermedades financieras graves y a veces incurables. Se parecen a los alimentos: en ocasiones ni siquiera sabes que son cancerígenos, pero dado que “de poquito en poquito” no se nota que hagan daño, sigues consumiéndolos hasta que se convierten en algo terrible y, a veces, ya es demasiado tarde.

Siendo joven, seguramente estás contaminado con la tremenda publicidad y marketing que han provocado que muchas personas piensen que ser exitoso en la vida significa tener muchos lujos y poder presumirlos. Prefieres el coche más lujoso, la tecnología más moderna, la ropa de mejor marca, los restaurantes más exclusivos, los regalos más finos, la vivienda con mejores acabados, aunque todo esto sirva para casi lo mismo que las versiones menos onerosas, que no causan problemas financieros. Y al final, comprar estas cosas te pone en aprietos y terminas concluyendo que no ganas lo suficiente, que en tu empresa te pagan mal y en muchos casos terminas cambiándote de trabajo por un mejor sueldo, perdiendo tu antigüedad y metiéndote en más problemas a futuro. Sólo estás perpetuando el ciclo destructivo, así como haciéndolo más grave.

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Te ofrezco una disculpa por ser tan honesto y directo, pero alguien te lo tiene que decir claramente y yo te lo estoy diciendo ahora, de una forma que no puedes dejar de entenderla: la forma financieramente adecuada de vivir es sin carencias y sin excesos; cualquier otra forma trae consigo un precio que tendrás que pagar de una u otra manera: ya sea a costa de tu salud, de tu bienestar, de tu patrimonio, de tu familia, de tu tranquilidad, de muchísimas horas de trabajo, de tu futuro o de tus sueños.

Ser exitoso no significa necesariamente vivir en excesos financieros. Vivir con tantos lujos tristemente es la mejor forma en que el fracaso se disfraza de éxito.

Eso no significa que no puedas adquirir un lujo de vez en cuando, pero debes hacerlo inteligentemente, de una forma que no te afecte ni ahora ni a futuro.

La forma correcta es cuando primero logras los recursos para comprar y luego haces la compra. Primero tus ingresos, luego tus gastos. El truco es que tus gastos persigan a tus ingresos y no al revés.

Además, los recursos de los que hablo no son los que compiten con tus necesidades básicas actuales o futuras. No venderías una pared de tu casa para poder comprarte un lujo ¿verdad? Pues tampoco le robes un muro a tu familia, un pilar a tus ahorros o una columna a tu jubilación, para gastar en cosas que se deprecian hasta volverse inservibles.

Finalmente, una compra inteligente es la que siempre cumple dos criterios: estará en tu presupuesto el tiempo suficiente y además corresponde a tu nivel de ingresos y no al de alguien más. Cuando veas que alguien compró algo que no corresponde a su nivel de ingresos, compadécelo, porque está cometiendo un grave error y peor aún: disfruta presumiéndolo. Al no hacer ese tipo de compras, debes felicitarte por ser más inteligente y la prueba será… el tiempo.

 

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