Las protestas en el IPN y la violencia contra jóvenes en Guerrero dejan en evidencia la ineficacia de la política pública en materia de juventud, que mantiene su sello electorero y asistencialista, coinciden expertos.

 

 

El 21 de octubre fue la primera ocasión que un secretario de Estado visitó las instalaciones del Instituto Mexicano de la Juventud (Imjuve). Rosario Robles, hoy colaboradora del presidente Enrique Peña Nieto como titular de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), fue para instalar el Comité de Seguimiento al Programa Nacional de la Juventud (Projuventud) 2014-2018.

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Antes, el Imjuve pertenecía a la Secretaría de Educación y sus asignaciones eran actividades operativas, no estratégicas. Pero en este gobierno se decidió pasarlo a la Sedesol. Este año se destinaron al gasto para la juventud 203,000 millones de pesos (mdp) del presupuesto federal —siete veces el presupuesto de la UNAM—, pero está fragmentado en distintas dependencias educativas.

De origen las políticas públicas en materia de juventud no tienen en México la misma relevancia que en países como Brasil, donde la institución que atiende estos temas depende directamente de la Presidencia.

La inclusión de acciones relacionadas con la juventud en el programa de gobierno respondió al movimiento #YoSoy132 que se gestó para cuestionar las posturas de Peña Nieto durante su campaña en 2012. El nuevo mandato del Imjuve es coordinar, articular y diseñar la política pública de la juventud, dice su director, José Manuel Romero Coello. Para ejercer esa responsabilidad, el Instituto cuenta con un presupuesto de 345 mdp lo que dividido entre los más de 31 millones de jóvenes —y una vez descontado 20% del presupuesto que consume la nómina de la institución— deja 11 pesos para cada joven mexicano de 15 a 29 años.

 

Un cuarto de la población

El 26 de septiembre, Greta Ríos concretó su sueño: la creación de Ollin, Jóvenes en Movimiento, una organización civil que busca posicionar el tema juventud en la agenda nacional. La frustración que sintió en su último empleo, en la Secretaría de Gobernación, acabó por impulsarla y decidir hacer algo para que el punto de vista de los jóvenes fuera escuchado en el gobierno y en las empresas.

Su historia de éxito es un garbanzo de a libra en México. El Inegi contabiliza 31.4 millones de jóvenes en edades de 15 a 29, poco más de un cuarto de la población total, de acuerdo con su último reporte en agosto pasado. También registra que entre los jóvenes de 15 a 19 años el desempleo es de 9.8% y entre quienes tienen de 20 a 24 años es de 9.2% —la tasa general de desempleo en México fue de 4.9% en 2013—.

Mientras que en los países de la OCDE 84 de cada 100 jóvenes cursan educación media superior, en México apenas un poco más de la mitad llegan a ese nivel. Peor aún, tienen condición de ninis (jóvenes que ni estudian ni trabajan) 22% de los 11 millones de mexicanos que tienen entre 15 y 19 años, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Ahora, el activismo juvenil que mostró el movimiento #Yosoy132 se replica con mayor frecuencia. Miles de jóvenes marcharon en varias ocasiones para protestar contra cambios realizados al reglamento del Instituto Politécnico Nacional (IPN), sobre aquellos que determinan que los jóvenes salgan con título técnico en lugar de uno profesional.

Los estudiantes del IPN lograron atraer a otras universidades en torno a sus demandas, y obligaron a que el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, atendiera su pliego petitorio directamente. Han sido los más persistentes en la exigencia generalizada a las autoridades federales para que presenten con vida a los estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa, Guerrero. Universitarios de escuelas públicas y privadas de distintos puntos del país se han solidarizado mediante paros de actividades.

Discordancia

El desempleo es otra mala noticia. Pero aun si hubiera empleos suficientes, la mala noticia sería la falta de egresados con el perfil que demanda el mercado, debido a que no se corresponden del todo las carreras que se ofrecen a los jóvenes con los profesionales que necesitan las empresas.

Se calcula que en 2020 la cifra de profesionistas desempleados podría llegar a tres millones de egresados, según la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES).

Ese dato se explica porque cerca de 38% de los empleadores tiene problemas para cubrir las vacantes se debe a que los candidatos no tienen los perfiles que ellos requieren, según la encuesta de escasez de talento de Manpower 2013. Un ejemplo es Coahuila, donde se requieren 500 técnicos especializados en áreas de la petroquímica para proyectos relacionados con la reforma energética, y no hay disponibles.

El desempleo y la falta de oportunidades de estudio no sólo arruina las perspectivas de los jóvenes, también las de un país. Casi la mitad de la población migrante que sale de México tiene la edad más productiva, entre 24 y 29 años, según el documento de Conapo titulado México ante los recientes desafíos de la migración internacional.

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Foto: Fernando Luna Arce. 

Dictados de la adultocracia

Incluso los jóvenes que tienen un empleo, no la tienen fácil. Hace tres años, en el área de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, Ríos padeció lo que ella califica como “adultocracia”. Es decir, un mundo donde los jóvenes son excluidos de los puesto de liderazgo y, por lo tanto, de la toma de decisiones.

De acuerdo con el Índice Nacional de Participación Juvenil que elabora Ollin, Jóvenes en Movimiento, sólo uno de cada 10 jóvenes que participan en la vida laboral, en el gobierno o en la iniciativa privada, tiene puestos de liderazgo.

Los programas que hoy opera el Imjuve, junto con otras instituciones púbicas, son apoyos a los institutos de juventud en los estados y municipios del país; a programas para que jóvenes se sumen a dar servicios a la comunidad a cambio de una remuneración o presenten proyectos de carácter productivo o de atención a grupos vulnerables, obtengan becas y participen en los medios de comunicación y en asuntos públicos, emprendan negocios e incluso obtengan su primera casa.

Entre las nuevas acciones, arrancó el programa de apoyo a la vivienda —una de las principales promesas de campaña de Peña Nieto— con la construcción de 400 viviendas en Durango y Gómez Palacio para jóvenes entre 18 y 35 años que ganen menos de 1,600 pesos. La meta es llegar a 2,000 viviendas en el país, con la ayuda de los gobiernos estatales y municipales.

También en coinversión con los estados, se destinarán 4 mdp para que los jóvenes reciban hasta 25,000 pesos si tienen una idea para crear una empresa, hasta 45,000 si su negocio ya funciona y más de 100,000, si lleva dos años en operación.

Pero también en este campo, el trabajo está incompleto. Si se quieren generar emprendedores, todas las universidades deben contemplar al menos una materia dentro del programa de estudios y la SEP fue instruida por Peña Nieto para ello, dice Ignacio González, profesor consultor del Parque Empresarial del ITSEM Santa Fe.

El pasado mes de noviembre, el Imjuve arrancó un programa con el Instituto Nacional de Economía Social (Inaes) y un presupuesto de 20 mdp dirigido a proyectos de jóvenes, con apoyos que van de 400,000 pesos a 1 mdp. Además, trabajarán en colaboración con la Coparmex para despertar el espíritu emprendedor a través de capacitación y talleres.

 

Efervescencia juvenil

De los 140 estudiantes de primer nivel de la Escuela Normal de Ayotzinapa, al cierre de esta edición, 42 seguían en calidad de desaparecidos (el 4 de diciembre se identificó a uno de ellos entre los restos encontrados en la zona) y 67 más desertaron por temor.

Según la Encuesta Nacional de Valores en Juventud 2012, en México, ocho de cada 10 jóvenes piensa que no son respetados sus derechos. Lo atribuyen principalmente a la falta de dinero, apariencia física y edad. Además, 11% de los jóvenes de 12 a 29 años dijo haber sido víctima de algún tipo de delito, y tres de cada diez consideraron que no se respeta su derecho a tener un juicio justo.

En dos levantamientos de la Encuesta Nacional de Juventud (2000 y 2010), se confirmó que el argumento “no me gustaba la escuela” es la segunda causa más importante del abandono escolar.

Pero con relación a su entorno, la actitud de los jóvenes es muy distinta. “Hay una gran efervescencia en la actividad juvenil, lo que no les interesa son los caminos formales de participación, buscan aquéllos más novedosos como las redes sociales”, opina José Antonio Pérez Islas, catedrático del Seminario de Investigación en Juventud de la UNAM.

Jóvenes más informados sin acceso a educación parece una ecuación imposible de resolver. En México sólo dos de cada diez acuden a la universidad. Las armas que tiene el Imjuve son limitadas, y sigue usando la misma: el asistencialismo.

En cuanto a los jóvenes, siguen saliendo del país. Romero Coello presume Rumbo Joven, un programa de 30 mdp para financiar estudios en el extranjero.

The Washington Center acaba de recibir los primeros 100 jóvenes.

Nueve secretarías están involucradas directamente con los programas relacionados con la juventud (Secretarías de Gobernación, Salud, Agricultura, Desarrollo Social, Economía, Comunicaciones y Transporte, Medio Ambiente y del Trabajo).

Sin embargo, el éxito del gobierno con los jóvenes dependerá de que se logre “convertir el tema de juventud en un tema transversal, que todos los programas y políticas pero, sobre todo, los presupuestos, los contemplen”, admite Romero.

Catalina Delgado, consultora del imco, considera que las universidades públicas deben demostrar que son una alternativa óptima de inversión para un joven, presentando los resultados de sus estudiantes en el mercado laboral. En Estados Unidos, para la asignación de fondos, las instituciones educativas presentan el seguimiento que dieron a sus egresados.

A pesar de los esfuerzos, el gobierno aún no tiene una política de empleabilidad integral y transversal para jóvenes, ni de educación, dos de los temas que más inciden en la generación de riqueza de un país; tampoco se arriesgó a elevar el nivel del Imjuve al de una secretaría, como ocurre en otros países.

Desde la perspectiva de Silvia Gómez Tagle, profesora investigadora del Colegio de México, no se atiende a los jóvenes desde el punto de vista del Estado y los partidos, que podrían encaminar modificaciones legislativas, ya que están desprestigiados y ajenos a las demandas juveniles.

Ríos lo resume así: “Seguimos en la tónica de que el joven debe ser educado y empoderado, sin brindarle espacios reales en la toma de decisiones”.

Desde 1998 no se realizaban foros mundiales sobre políticas de juventud. El primero ocurrió a fines de octubre pasado, en Azerbaiyán, donde 50% de la población es joven. Allí, el secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, pareció unirse a esa demanda. “Los jóvenes son los líderes de mañana, pero deben ser escuchados hoy”.

 

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