Por Jacobo Pombo García*

Esta primera colaboración con Forbes supone un gran honor personal y una gran oportunidad de revisar el mundo que nos rodea y las dinámicas que lo moldearán desde el punto de vista político, económico y social.

Si hubiera que buscar una palabra que definiera la principal característica del mundo en esta segunda década del siglo XXI, considero que la más indicada sería cambio. Vivimos momentos complejos donde la incertidumbre y la vertiginosidad del cambio condicionan todos los aspectos de nuestra convivencia política, económica y social.

El siglo XXI vino acompañado de un proceso de globalización que, unido al exponencial desarrollo tecnológico, modificó para siempre las normas que regían nuestra convivencia. El cambio es el factor fundamental que caracteriza nuestra existencia y conlleva una elevada dosis de incertidumbre que nubla aún más nuestras perspectivas de futuro.

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Por ello, considero fundamental que la comunidad internacional comprenda la necesidad de replantear los principales asuntos de convivencia y gobernanza para dar respuesta a las complejas demandas ciudadanas que enfrentamos. Debemos trabajar conjuntamente para implementar un modelo de desarrollo basado en la cooperación internacional y el desarrollo equitativo de nuestras naciones (con las lógicas diferencias y especificidades) si queremos generar el marco de convivencia y desarrollo que nuestra ciudadanía demanda.

Tras el colapso financiero global que sacudió al mundo en el año 2008, y que nos hizo vivir la peor crisis económica desde el crack del 29, todos entendimos que los desafíos a los que nos enfrentaríamos a partir de entonces serían globales y las respuestas tremendamente complejas.

Cuestiones como la expansión del proceso de globalización, los riesgos que afrontan los sistemas democráticos, el cambio climático, el desarrollo tecnológico o el rol de los jóvenes en una sociedad híper-competitiva que muchas veces no es capaz de dar respuesta a sus demandas se han visto cuestionados o amenazados.

Por ello, y ante la convicción de dar respuestas a los complejos desafíos que afrontaremos en los próximos años, creamos el Global Youth Leadership Forum (GYLF), foro de debate y discusión en el que líderes jóvenes, menores de 40 años, con importantes responsabilidades en sus países debatieran con figuras globales de diversos ámbitos sobre los principales retos que afrontará la Comunidad Internacional en los próximos años y traten de consensuar las respuestas.

Asuntos como el impacto exponencial que las nuevas tecnologías tienen en nuestras vidas, la incertidumbre política que rige el mundo, el marco de relaciones económicas entre los estados, el imparable flujo migratorio, la amenaza del calentamiento global o el futuro de una generación (más de 350 millones de jóvenes en todo el mundo) que no tienen empleo condicionarán de manera definitiva el modelo político, económico y social que regirá el mundo en las próximas décadas.

El año 2016 pudo considerarse un claro ejemplo del clima de incertidumbre y polarización política que se respira en el planeta: el resultado electoral en Estados Unidos, los referéndums de Colombia y Reino Unido (Brexit) o el creciente auge de populismos y nacionalismos en la Unión Europea dan buena muestra de ello.

A lo largo de 2017, la UE afrontó varios retos que hoy siguen siendo claves a la hora de reforzar el proyecto comunitario. La respuesta política al Brexit (traumática y aún por definir), el resultado electoral en varios de los Estados Miembros (donde las opciones moderadas se impusieron dando una bocanada de aire al proyecto político europeo), el proceso de reactivación económica, el marco de relaciones con Estados Unidos tras la victoria del candidato republicano Donald Trump, la respuesta ante la amenaza a la seguridad internacional que supone el terrorismo islámico de corte yihadista o la definición de una nueva política de defensa comunitaria (asunto abandonado durante años) fueron claves en la consolidación de la Unión Europea fuerte y cohesionada que todos deseamos.

El año 2018, por su parte, ha venido cargado de una convulsa actividad internacional que está configurando ese nuevo marco de relaciones internacionales que regirán el mundo en los próximos años.

La victoria de Vladimir Putin en las elecciones rusas y la reelección de Xi Jinping con el consiguiente refuerzo de su poder han venido a consolidar el rumbo marcado por dos de las principales potencias mundiales.

Estados Unidos, por su parte, sigue inmerso en un complejo proceso político tras la victoria de Donald Trump y la redefinición de algunos de los principales postulados americanos en política exterior. Su pérdida de presencia global y su estrategia nacional, sumada a la reacción de otros actores, hace suponer que la preeminencia estadounidense en las grandes cuestiones globales puede verse afectada.

La Unión Europea parece encauzar los dos principales asuntos que han sacudido sus cimientos en la última década (crisis política y económica), si bien cuestiones como el Brexit y Cataluña ciernen nubarrones sobre su estabilidad institucional.

América Latina, afronta con incertidumbre un decisivo año en el que siete países (algunos de los más importantes) acuden a su cita con las urnas enfrentando la seria amenaza de candidatos populistas o rupturistas, mientras que Cuba procede al reemplazo de Raúl Castro como máxima autoridad del país.

Oriente Medio vive un momento complicado frente a la ola de tensión experimentada por algunos de sus países y con la siempre presente amenaza del terrorismo yihadista que puede condicionar el escenario de consolidación experimentado por varias de las naciones del Golfo.

Desde el punto de vista de seguridad, el año viene marcado por el acuerdo de paz en la península de Corea (gran éxito diplomático) y por la lucha contra el terrorismo internacional y la ciberdelincuencia, que se han convertido en las grandes amenazas globales.

Cambio climático, desarrollo tecnológico, crecimiento económico sostenido, empleo de calidad, migración… son algunos de los aspectos que pueden condicionar los complejos equilibrios que rigen las relaciones internacionales en nuestros días.

Por esto resulta imprescindible potenciar liderazgos jóvenes, preparados y responsables, concienciados con un desarrollo pacífico y equitativo de nuestro planeta, que entiendan la complejidad del momento histórico que vivimos y busquen la cooperación, el entendimiento y el beneficio mutuo como vía para generar el mejor modelo de desarrollo para nuestras naciones.

Contamos con la mayor y más preparada generación joven de nuestra historia y necesitamos que se conviertan en actores de cambio a nivel global. Sus conocimientos, vivencias y experiencias resultan fundamentales para impulsar de manera efectiva las respuestas a los retos que vive nuestro planeta.

Resultará imprescindible que en esta trascendental tarea cooperen con otros actores más experimentados para cimentar las bases de ese planeta que ansiamos y aprovechar el universo de oportunidades que se abre ante nosotros.

Esta es la filosofía del Global Youth Leadership Forum y estoy convencido que entre todos lo conseguiremos.

*Presidente del Global Youth Leadership Forum.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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