Caray, para un no aficionado del fútbol ni de la política, este año pinta para ser una pesadilla. Este blog suele tocar normalmente los temas desde el punto de vista de marketing o tecnología, pero me voy a alejar un poco de eso esta vez, si me lo permiten. Ambas cosas parecen desatar las pasiones más animales y más irracionales. Hoy esto se ha hecho mucho peor: las discusiones no se limitan a los 90 minutos del partido, sino que continúan con memes, posts en FB, Twitter y demás redes sociales. Las opiniones se polarizan, las palabras van subiendo de tono, amistades se rompen, gente es borrada de las listas de amigos o se sale de grupos de WhatsApp.

Aún recuerdo con cierta nostalgia como sólo hace unos meses, desde la barrera criticábamos lo tajantes e intolerantes comentarios de Trump y sus seguidores. Nos sorprendíamos con sus tuits racistas, berrinchudos y hoy los estamos viviendo muy de cerca. Uno no puede exteriorizar una opinión sin que de inmediato sea enjuiciada y se te acuse de chairo, fresa o intolerante. Lo curioso es que todos somos muy sensibles al defender que merecemos tolerancia de parte los demás, pero la ley del embudo aplica, nadie es respetuoso de la opinión del otro. Por ejemplo, algo que ahora casi todos vemos en nuestras redes sociales: el otro día postee un artículo sobre la crisis humanitaria que se vive en Venezuela. La hemos vivido de cerca, pues una de las mejores amigas de mi mamá es venezolana y aún vive allá. Su hermana tiene cáncer y no había quimioterapias. Mamá tomó un avión y llevó los medicamentos. No supe del desabasto en un medio, lo vi en fotos, lo escuché de las víctimas directamente. La madre de un amigo expresó su opinión en mi Facebook y me invitó a no creer lo que dicen los medios. Decía en Venezuela hay servicios médicos de primer nivel y no había hambre. Pensé que ella tenía derecho a opinar lo que fuera y no contesté. Amigos comenzaron a debatirle y su respuesta fue acusarnos de vivir en foxlandia, alimentados por la basura y mentiras gringas en los medios y de fresas. Y es ahí donde decidí poner un límite y la borré. Habrá quien me acuse de ser poco tolerante, ¡pero espero me permitan explicarme!

No borro ni pido me borren las personas que piensan distinto que yo. Si alguien cree que Benito Juárez es lo mejor que le pasó a México, podemos discutir, pero jamás se perdería la amistad (si me reiré cuando digan que son patriotas ¡como él!). Si son seguidores del América o las Chivas, seguramente bromearé con ellos y diré que el Cruz Azul es el bueno. Si alguien cree que la solución a los problemas de México es vender el avión presidencial o no construir el aeropuerto que tanta falta hace, podemos debatirlo, pero jamás dejaremos de ser amigos. Si alguien cree que el modelo de desarrollo del país es construir refinerías cuando el mundo habla de autos eléctricos… ¡adelante! Si para acabar con la pobreza alguien piensa hay que regalar becas -sin méritos- me puede parecer populista y demagógico, pero seremos amigos.

Lo que no voy jamás a tolerar es que alguien crea que los derechos de alguien son cuestionables, que busque polarizar y dividir entre los buenos y los malos, los chairos y los fresas, los gays y los “normales”, indígenas y el resto, ellos y nosotros porque todos somos mexicanos y el que gane tendrá que gobernar para todos.

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