Toda gran pasión desemboca en lo infinito.

Michel Houellebecq

La década de los sesenta fue una época muy fructífera para la cultura norteamericana, en especial para la música. Es probable que buena parte de lo que escuchamos en la radio, lo que conocemos como rock contemporáneo y sus vertientes devengan de algo previamente creado en esta época. Más de uno coincide en que los sesenta no sólo fue un manojo de años de cambios sociales, apertura sexual y de enconos ideológicos, sino también de una saturación y sobreexposición de cosas. Fue quizás también a partir de los sesenta, que occidente comienza a demostrar vértigo y desatino.

Justo en la efervescencia de los excesos culturales, la evolución del arte y el progreso de la música durante la década en mención surge el minimalismo dentro de la música, considerada como música experimental que abrevó principalmente de la música clásica indú y que con frecuencia se le suele emparentar con el temperamento y las lindes del rock.

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Como su nombre lo indica, y para aburrimiento de muchos, la música minimalista comenzó en los espacios más inhóspitos de San Francisco y Nueva York, conformado por composiciones prolongadas, muchas veces unitonales y con armonía constante.

En la música minimalista, con el trabajo de músicos de la talla de La Monte Young, Alvo Pärt, Steve Reich y Philip Glass, el minimalismo se colocó de forma definitiva para aportar nuevos elementos que ampliaron el lenguaje musical. Es justo el minimalismo el antecedente directo de lo que nos compete en este texto: el drone.

* La Monte Young proponía entregarse a los sonidos.

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Si no se está acostumbrado a los pasajes largos dentro de la música, donde los movimientos o los cambios están dados de forma mínima es probable que el drone le parezca una cosa muy deslucida y hasta absurda. Sin embargo, piense en esto: un zumbido, dentro de su cabeza, uno inevitable y prolongado, que se presuma como infinito y que tiene la cualidad de no molestarlo sino todo lo contrario. Es algo que rebasa el simple ‘gusto’ musical, y que en sus vibraciones y frecuencias se le puede emparentar con los mantras meditativos de Oriente.

El drone se parece más al sonido del viento gélido o el correr de un río, que a cualquier referente musical culto que conozcamos. De alguna manera se pone énfasis en el detalle, el ruido interminable que siempre ha estado ahí y en la constancia casi invisible.

Nuestra vida moderna nos ha llevado a ser un tanto intolerantes con la ausencia de cambio, con las experimentaciones sonoras, pero sobre todo con las cosas que suceden en nuestro entorno, con los pequeños detalles que ya no percibimos o nos resultan insulsos. Resta decir que detrás de eso se encuentra una filosofía bien específica, desde el minimalismo hasta el drone: hacer de los ciclos sin final todo un acontecimiento.

El drone (que en inglés tiene una doble acepción, funciona como verbo y como sinónimo de ‘zumbido’) hoy en día es concebido más como un estilo que como un género musical en sí. La repetición, los tonos extendidos y la repetición sonora son elementos claves dentro del drone. Pese a que suena a algo que no tiene mucha variación, sí existe una gama extensa de músicos con una voz genuina dentro del drone.

* En ocasiones, el drone puede encontrarse en una dulce melodía folk, casi al final.

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El drone alberga artistas sumamente placenteros y suaves como el legendario Brian Eno, roqueros espesos y rasgadores como The Velvet Underground o buena parte del trabajo del norteamericano Jim O´Rourke, así como otros que se tornan más oscuros y hasta siniestros como Sonic Boom o Sun O))). Todos ellos son sólo una pequeña pero significativa muestra de una música que suele alejarse de los formalismos pero que es compleja, aunque su apreciación es más inmediata y simple de lo que parezca. Música que evade muchas veces los conceptualismos, ya en una ocasión tuvimos la oportunidad de abordar en este espacio el Land Art, un equiparable con el Drone en el plano plástico.

* Brian Eno, conocido principalmente por ser un artista ambient, también puede ser considerado como drone.

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A veces, eliminar el discurso y el contenido nos llevan a ver la forma con mayor claridad, y quizás entonces disfrutemos el paisaje y podremos ver el horizonte y todas esas pequeñas formas que se nos escapan.

Uno puede decantarse a soltar claves, nombres, formas y estructuras para invitar a acercarse al drone, sin embargo es la escucha y sólo la escucha la que acercará al oyente adecuado. En tanto, algunos nombres que no decepcionarán son: Tim Hecker, Earth, Labradford, Tony Conrad, Pauline Oliveros, Eliane Radigue, Merzbow o  Phill Niblock.

* Eliane Radigue, una de las voces femeninas más poderosas dentro del drone.

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