Nadie duda de que “TLCAN” y “muro” son palabras que quedarán escritas en la historia de México para entender en qué consistió la política exterior del sexenio Peña Nieto.

Los más críticos con el gobierno saliente la recordarán con resentimiento, en especial, con la invitación al entonces candidato a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump, a Los Pinos durante la memorable campaña del muro de 2016.

Pero los expertos en esta materia consultados por Forbes México coinciden en que, con este gesto, Peña Nieto demostró su capacidad para leer la nueva retórica basada en la doctrina del America First, y de reaccionar y adaptarse a ella.

Ambas lecturas, pero, coinciden en que Estados Unidos ha absorbido la agenda de la diplomacia mexicana, de las primeras y más cercanas víctimas del cambio de actitud de la primera potencia del mundo hacia sus aliados tradicionales.

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Diplomacia dedicada a los Estados Unidos (de Trump)

“Peña Nieto reconoció que las formas diplomáticas tradicionales no funcionarían con Trump. La invitación a Los Pinos fue un acertado primer paso, pero la relación se forjó con los vínculos entre Videgaray y Kushner. Ellos mantuvieron el diálogo a pesar de la retórica de Trump”, considera el director de la iniciativa US-Mexico Futures del  Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos de Washington (CSIS), en Washington, Richard Miles.

La contención dio sus frutos, según expertos, pues sobrevivieron las relaciones bilaterales, selladas este lunes con la presentación de un acuerdo comercial preliminar para sustituir el TLCAN.

Asimismo, se mantuvo la cooperación en materia de seguridad, otra gran área en la que México y su vecino del norte necesitan compartir agenda, diálogo y estrategia.

“Las relaciones entre los servicios militares y de inteligencia se reforzaron con Peña Nieto. La cooperación en este aspecto ha sido patente. No hemos visto el Congreso (de EU) acusando a México de no cooperar en la lucha contra las drogas”, afirma Miles.

El tercer gran bloque que une a México a Estados Unidos es la migración. En este sentido, la analista y consultora en política internacional Arlene Ramírez considera que la política exterior de Peña Nieto pasó de tener una estrategia de planeación, en la era Obama, a una de reacción, a los tuits de Trump.

En particular, la experta destaca el proyecto Plazas Comunitarias de la secretaria de Relaciones Exteriores.

El objetivo de esta iniciativa era dar un servicio de educación básica y secundaria gratuita a los migrantes mexicanos en territorio estadounidense. Esto permitiría a los indocumentados, los dreamers, solicitar la protección del programa migratorio DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia), derogado por Donald Trump en 2017.

“Cuando hablamos de educación, México es el único país del mundo que atiende a sus connacionales en el exterior de forma gratuita”, afirma la también colaboradora de la  Red Forbes México.

Ramírez considera que la política exterior de EPN está llena de claroscuros. Para ella el acuerdo preliminar que sustituirá el NAFTA servirá más a los intereses electorales de Donald Trump que a los de política exterior y comercial de México.

Sin embargo, destaca que el acierto del presidente saliente y su equipo ha sido el trabajo para empezar a reducir la alta dependencia de la economía mexicana de la región norteamericana.

Los expertos en política exterior consultados coinciden en que Jared Kushner, yerno del Presidente Trump y encargado de las relaciones con México, y el canciller Luis Videgaray han salvado las relaciones entre ambos países. Foto: Cortesía Notimex

 

Las semillas de la diversificación

Un ejemplo es la firma del Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP, por sus siglas en inglés) con los once socios restantes del antiguo Tratado de Asociación Transpacífico (TPP, en inglés), luego de que Estados Unidos se retirara en 2017.

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“Tenemos que reconocer que ha habido un auge de los países del Pacífico, y México es uno de ellos. Creo que Peña Nieto y Videgaray pertenecen a una generación más joven que es consciente de que los lazos globales del país van más allá de su región”, afirma el profesor de relaciones internacionales de la Universidad de Boston y exdiplomático Paul Hare.

Los expertos coinciden en que el uso de la política exterior con finalidades comerciales de México entre 2012 y 2018 ha reflejado un cambio de mentalidad del país azteca, que ahora se siente parte de y quiere participar en la economía moderna.

Prueba de ello fue, por ejemplo, la gira que realizó el presidente en funciones por Oriente Medio, en 2016. De ahí salieron, entre otros, un acuerdo con Emiratos Árabes Unidos para la promoción y protección recíproca de las inversiones.

“La Cámara Árabe-Mexicana de la Industria y Comercio realiza una serie de misiones en los países del golfo pérsico porque hay inversores y mercado potencialmente importantes”, afirma el experto en relaciones México-Asia del Colegio de México, Mauricio de María Campos.

También, la apertura de la embajada de México en el Reino Hachemita de Jordania, en 2014, y la jordana en territorio mexicano, en 2015. Arlene Ramírez lo atribuye a la amistad personal entre el presidente Peña Nieto y el rey Abdalá II, y lo considera una decisión acertada.

“Jordania es el único país pacificado de la región, tiene un importante mercado y ayuda a que México mantenga una posición de neutralidad respecto del Estado palestino”, afirma.

Pero más allá de eso, las relaciones con estados del Pacífico, ajenos a Estados Unidos, han sido cuantitativamente poco significativas y, en determinados casos, frustrantes.

Así sucedió con China. La reforma energética de 2013 permitió que en 2016, por primera vez, el capital chino se apoderara de parte del negocio de la exploración y extracción de crudo en el Golfo de México, mediante la empresa estatal China National Offshore Oil Corporation.

Pero otras iniciativas, que se habían presentado como emblemáticas al inicio del sexenio, fracasaron.

El caso más sonado fue la construcción tren de alta velocidad entre el Estado de México y Querétaro, en la que participaba la compañía China Railway Construction Corporation.

El gobierno de Peña Nieto canceló el proyecto porque una de las integrantes del consorcio encargado de la construcción, Constructora Teya, estaba directamente involucrada en escándalo de corrupción de la Casa Blanca.

Visita oficial del Emir de Qatar, Jeque Tamim bin Hamad Al-Thani, en México en 2015. Foto: Cortesía Gustavo Camacho.

 

Incoherencia y mala diplomacia pública

La corrupción, la violencia y el narcotráfico, asuntos principalmente internos de México, han dañado la imagen del país en el exterior, según los entendidos en el tema. Y esto ha impedido que el alejamiento de la doctrina Estrada, de no intervención, que ha seguido la diplomacia EPN haya quedado en entredicho.

“México ocupó por primera vez uno de los asientos no permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, porque su trabajo en la organización ha sido impecable. Pero su lucha por los derechos humanos y democracia en otros países abre una dicotomía: fuera sí, pero dentro no”, explica Ramírez.

Se refiere, por ejemplo, a la decisión de México, bajo el mando de Videgaray, de condenar y confrontar el régimen de Nicolás Maduro.

De hecho, el canciller mexicano fue quien promovió la resolución fallida de la reunión de la Organización de los Estados Americanos en Cancún, la primera en el país, para exigir la liberación de los presos políticos, el cese de la violencia y que no se celebrase la Asamblea Nacional Constituyente.

O bien, la expulsión del embajador de Corea del Norte de México en 2017 para sancionar la sexta detonación nuclear en ese país, en cumplimiento de las prescripciones de las Naciones Unidas.

Tanto el posicionamiento ante el régimen venezolano como el norcoreano se leyeron como un sometimiento de México ante las presiones de Estados Unidos. Sin embargo, Ramírez afirma que la tradición diplomática de México siempre ha sido a favor de temas humanitarios, la paz y el respeto entre naciones.

Por eso, el profesor Hare considera que el gobierno saliente ha fallado en su diplomacia pública, es decir, política de comunicación exterior.

“La imagen de México esta nublada por la guerra contra el narco, Ayotzinapa, y la corrupción. Pero también hay cosas positivas: están teniendo una transición de gobierno pacífica, son un país joven y fuertemente comprometidos con el cambio climático, con el Acuerdo de París. Deberían repensar el mensaje que mandan sobre sí mismos en el exterior”, afirma Hare.

Puede ser que el tiempo y la distancia traigan un poco de luz al papel que México ha tenido de puertas hacia afuera.

Pero por el momento, los temas quedarán en la memoria colectiva son el proceso de negociación del nuevo acuerdo comercial con Estados Unidos y la amenaza de tener que pagar por un muro que no les pertenece.

 

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